LO QUE ES EL SOCIALISMO DE MARX
„Los filósofos sólo interpretaron el mundo
de
distintas maneras, el asunto es cambiarlo“.
Caros Marx.
„Yo
no soy marxista“.(Marx)
Esta
afirmación hecha por Marx en París, significaba una seria advertencia contra
toda personificación y representación de los procesos históricos objetivo‑reales,
que existen independientemente del conocimiento y la voluntad de los individuos
sociales. Sabemos claramente que hay diferencias fundamentales entre
„Socialismo“, la „contribución científica de Marx al Socialismo“, „Marxismo“,
„Marxismo‑Leninismo“ y „Materialismo Histórico Dialéctico“. Estos tienen
factores unidos comunes y sus procesos históricos están concatenados, e
interrelacionados, pero no son necesariamente idénticos. Unidad Dialéctica no
es Identidad lógico‑formal. Si detallamos, por ejemplo, su contenido
filosófico, nos damos cuenta que el materialismo dialéctico, como proceso
histórico-intelectual, tuvo sus raíces genéticas en el concepto materialista de
prakrti, hindú, en el cripto‑materialismo egipcio y en el antiguo
hilozoísmo de la Grecia milésica. Como se ha explicado anteriormente, cualquier
concepto expresa un todo menos‑desarrollado en permanente evolución hacia
una totalidad más‑desarrollada, cuya relación esencia‑apariencia
cambia siempre, lo que significa, además, que su esencia o apariencia está
constantemente en flujo.
De
manera similar, el socialismo tiene sus raíces científico‑filosóficas en
el modo de producción del comunismo primitivo de hace un millón de años y
podemos descubrir su epigénesis en la filosofía, tanto platónica como epicúrea
y lucreciana; atravesando el cristianismo primitivo; en los heréticos
monasterios medievales; en los movimientos revolucionarios campesinos; hacia el
socialismo utópico. Además de esto, la contribución de Marx al socialismo es
muy sencilla: lo convirtió en un asunto científico histórico‑social de
teoría y práxis. Pero esto pudo ocurrir únicamente alrededor de 1848, por lo
tanto se trata de un proceso particular, una síntesis específica, un cambio
dialéctico cualitativo dentro de un espacio‑tiempo histórico universal.
Sin
embargo, el „leninismo“ sólo pudo desarrollarse después del nacimiento y la
teoría‑práxis de Lenin. En consecuencia, se trata lógicamente de una
subsecuente totalidad más‑desarrollada. Lo que constituye el „marxismo“
dentro de la unidad y contradicción del „marxismo‑leninismo“, no es sólo
la contribución de Marx, sino también su enriquecimiento teórico‑práxico
desde la muerte de Marx. El hecho de que todo fluya constantemente, implica que
todo contiene una afirmación‑negación, en consecuencia, dentro del
„marxismo“ hay una contradicción. Allí fluyen el „leninismo“, el „trotskismo“,
el „stalinismo“, el „maoismo“ hasta el „burnhamismo“, el „senghorismo“, etc.
Criticar una negación en cualquier cosa, significa, en .primer lugar, el
reconocimiento de la existencia de su negación y de qué es un proceso. La
crítica es el más sano motor para el progreso y conscientización humana, siempre
y cuando sea científica, teórico‑práxica y revolucionario‑emancipatoria.
El
materialismo no es un descubrimiento „marxista“ o „socialista“. El materialismo
es la Afirmación dentro de la filosofía humana desde el período inicial del
homo sapiens, pero solamente en el siglo VI a. C., en el hilozoísmo milésico
adquirió cientificidad; y fue después de 1848 que se volvió histórico y
dialéctico. Por supuesto, no debemos olvidar que lo „científico“, lo
„histórico“ y lo „dialéctico“ son procesos en sí. Un idealismo sabio y
científico es, lógicamente, la Negación dentro de la Unidad y Contradicción de
Opuestos de la Filosofía. El materialismo es, en consecuencia, a partir del
siglo VI a. de C., la Afirmación dentro de la filosofía; y siendo la filosofía
un proceso, es histórica, por lo tanto, su afirmación, el materialismo, también
es histórica. Además, lo „Afirmativo“ (evolucionario) y lo „Negativo“
(involucionario) no son categorías morales, sino procesales. El materialismo y
el idealismo dentro de la filosofía tienen una Relación, que es lo mismo que
una Contradicción, por lo tanto ambos determinan (que es otro término para
„relacionar“ y „contradecir“) el flujo de la filosofía. En este sentido el
materialismo siempre ha sido un materialismo histórico‑dialéctico, pero
no necesariamente científico siempre. A pesar de que Marx nunca escribió
utilizando el concepto „materialismo histórico‑dialéctico“, fue él y
Engels, precisamente, quienes convirtieron al materialismo en una Filosofía
teórico y una Ciencia práxica. Como el Sujeto de la Historia es la Sociedad, y
como la sociedad de los siglos XIX y XX es una sociedad clasista capitalista,
el materialismo dialéctico, como la Afirmación revolucionario-emancipatoria, se
convirtió en la Filosofía de la Revolución‑Emancipación en la sociedad
moderna, esto es, de las clases trabajadoras a escala mundial, del
proletariado, utilizando una categoría abstracta. Su Negación es obviamente la
burguesía (también como categoría abstracta) reaccionaria y violenta, cuya
filosofía es lógicamente la Negación dentro de la filosofía, es decir, el
idealismo vulgarizado, que la convierte en religión e ideología. Por lo tanto,
el Materialismo Dialéctico es la Filosofía del Proletariado, es Teoría‑Práxis
Revolucionario‑Emancipatoria. Esta es la contribución de Marx a la
Consciencia Social, en los siglos XIX y XX, y más adelante.
Precisamente
porque la contribución de Marx es social, científica, real y viva, es teórico‑práxica
y revolucionario‑emancipatoria. Como hemos expuesto anteriormente, las
Weltanschauungen (cosmovisiones) marxistas y las Weltveränderungen (cambios del
mundo), lógicamente deben continuar pasando de lo concreto a lo abstracto y de
lo abstracto nuevamente a lo concreto, alcanzando niveles de aproximación
teórico‑práxicos superiores. Sin embargo, dentro de este proceso de
teoría‑práxis marxista, el „marxismo“ reveló afirmaciones y
contradicciones, las cuales tienen sus propias negaciones específicas. Pero no
debemos confundir los dos diferentes procesos, quiere decir, la contribución de
Marx y el „marxismo“. Cada uno debe ser criticado y relacionado con su propia
época y realidad. Además, una „profecía“ científica es una posibilidad, no una
realidad. Lo que pasará en el futuro es, parcialmente determinado, está por
verse, por lo tanto, una „profecía de Marx sólo puede ser una aproximación y no
una realidad que debe cumplirse como una revelación divina. Además, un proceso
realizado es algo terminado, que cambia cualitativamente en otro proceso o
procesos. La realización de un huevo es el fin del huevo; igualmente, la
materialización de la emancipación o del amor, son al mismo tiempo sus fines
reales. La materialización de la Vida es la Muerte y la realización de la
Muerte es la Vida.
El
aporte de Lenin a la contribución de Marx, es la continuación del proceso
afirmativo dentro del socialismo y del materialismo dialéctico, y este no es
necesariamente idéntico a „leninismo“. De manera similar, ambas contribuciones
individual‑sociales, no son necesariamente idénticas a „marxismo‑leninismo“,
que en sí mismo podría (después de 1924), revelarse como la Negación dentro del
materialismo dialéctico o socialismo, es decir, como „stalinismo“. La obra de
Marx, no fue descubrir „‑ismos“ sino adelantar, desarrollar y enriquecer
al materialismo, la filosofía, la ciencia y al socialismo. De manera similar,
Lev Davidovich Trotsky, Rosa Luxemburgo, Antonio Gramsci, etc., hicieron sus
contribuciones específicas. De aquí que el materialismo dialéctico es
filosofía, es la filosofía teórico‑práxica del proletariado.
LA DIALECTICA, EL METODO DIALECTICO Y LA LUCHA DE CLASES
Como
es sabido, la relación‑contradicción Sociedad‑Naturaleza, esencial
dentro de la historia, del proceso de producción y reproducción humano‑social,
es dialéctica. En otras palabras, la propia génesis del homo sapiens, como un
proceso material particular‑universal es, en sí mismo, un acto dialéctico
cualitativo que duró 25 millones de años, de Procónsul a Homo Sapiens. De ahí
que la dialéctica es inherente a la esencia humano‑social de la historia.
Lógica, objetiva, subconsciente e inconscientemente, el hombre siempre ha
utilizado la dialéctica y la sigue utilizando dentro de las relaciones
productivas y reproductivas. Si no fuera así, el Zinjanthropus hubiera
desaparecido en las cavernas prehistóricas de hace dos millones de años.
Sin
embargo, sólo á partir de Sócrates y Aristóteles, se conoció la dialéctica como
Lógica, como posible ciencia del movimiento, que es una función universal de la
materia. Pero la dialéctica tiene su propia dialéctica, ella misma es un
proceso dialéctico. En su origen sólo fue aplicada a ideas, conceptos y
categorías. Fueron Marx y Engels quienes convirtieron a la subjetiva y objetiva
dialéctica en teoría‑práxis lógica; en fin, en una ciencia emancipatorio‑revolucionaria.
Transformaron la Lógica en Dialéctica y la Dialéctica en Lógica, creando la
ciencia del movimiento, el más formidable e invencible instrumento de la Teoría‑Práxis
Humana.
Las
relaciones dialécticas dentro de la misma sociedad, dentro de la sociedad de
clases, por supuesto, no fueron una creación de Marx. Asimismo, las luchas de
clases han existido mucho antes del nacimiento de Marx; ya en el Viejo
Testamento están descritas vívidamente. Lo que Marx logró, fue determinar las
relaciones dialécticas en la sociedad moderna, plantearlas como un proceso
revolucionario‑emancipatorio de teoría‑práxis concreto-abstracta,
como lucha de clases. Aplicó la dialéctica, el método dialéctico y sus leyes a
las realidades históricas y por tanto dio a la producción y reproducción
humana, un objetivo revolucionario‑emancipatorio definitivamente. En
otras palabras, Marx ha provisto al proletariado mundial de una epistemología
(teoría del conocimiento) que está concreta y dialécticamente relacionada con
los procesos históricos y sociales (práxis del conocimiento). En este sentido,
elevó todas las relaciones humanas a relaciones sociales, convirtiéndolas en
una totalidad dinámica dialéctica de la cual se forma la esencia de la
sociedad, el factor subjetivo revolucionario‑emancipatorio de la
historia.
Siendo
así, el método dialéctico, incluyendo sus tres leyes básicas, fue aplicado
donde tiene validez histórica, y por lo tanto, donde es científico. Esto no
quiere decir que no existan además otras leyes básicas históricas o universales
de la dialéctica; ni siquiera implica que la dialéctica no pueda desarrollarse
hacia totalidades más‑desarrolladas, es decir, a Trialéctica,
Tetraléctica y aun a Multi‑Polialéctica. Marx relacionó la dialéctica con
el hombre, con el pensamiento, con la sociedad, con la historia, con el
universo, en suma, con la materia viviente siempre cambiante y dinámica.
Además, relacionó la epistemología con el método y el método con la verdadera,
real, concreta y total Teoría‑Práxis.
LA INTERPRETACION MATERIALISTA DE LA HISTORIA
En
el sentido filosófico, Marx y Engels interpretaron la historia dentro del
contexto de su sustrato potencial (natural), pasivo y objetivo, por un lado, y
por otro, de su sustrato potente (social), activo y subjetivo. Esto es lo que
se entiende por interpretación materialista, que no tiene nada que ver con la
vulgar, subjetiva Weltanschauung idealista. Siendo el análisis marxista una
interpretación científico‑filosófica, contiene lógicamente, tanto sabios
elementos idealistas, como materialistas; de acuerdo con la famosa frase de
Lenin, según la cual: un idealismo sabio está más cerca de un materialismo
sabio que de un vulgar, dogmático y osificado materialismo, que es la negación
dentro del materialismo dialéctico, cuyo mejor ejemplo es el „marxismo‑leninismo“
stalinista. En consecuencia, si es científicamente válido decir que Marx es
„marxista“, entonces un „marxista“ y un filósofo son histórico‑social y
teórico‑práxicamente unidos, y si no, al menos gemelos idénticos. Pero,
dentro del contexto del „marxismo“ burgués moderno, Marx tenía razón cuando
postuló: „yo no soy marxista“.
Ahora,
¿Cual es la esencia de la interpretación materialista de la historia?
La
real, verdadera y concreta base material de la vida social es el histórico modo
de producción. Por eso, Marx había aplicado la filosofía del materialismo
dialéctico, es decir, la Afirmación de la Filosofía en general, al estudio,
investigación y análisis de la evolución‑involución de la sociedad e
historia humana. Pero no únicamente como una interpretación, sino también como
una interpenetración de las condiciones y relaciones humanas histórico‑sociales
cambiantes, revolucionarias y emancipatorias. En este sentido, el modo de
producción es una categoría lógico‑dialéctica, universal-histórica y
abstracto‑científica. De la misma manera como hay leyes naturales
objetivas externas, éstas existen lógicamente en la contradicción histórica y,
en consecuencia, en la sociedad misma. Este hecho hace posible una ciencia de
la historia, lo que significa que estas leyes pueden ser descubiertas y que
podemos aplicar su dialéctica, sus procesos materiales, concretamente, a la
teoría‑práxis humana. De esta manera, el socialismo y el materialismo
recibieron históricamente un verdadero y real sustrato científico‑filosófico,
y los trabajadores del mundo (proletariado) obtuvieron su estrategia, táctica
y política revolucionario‑emancipatoria.
En
1859, en la Crítica de la Economía Política, (1) Marx elaboró este sustrato
material concreto de la vida social. Dentro de este contexto explica que el
Ser Social (existencia social) determina la Consciencia Social (filosofía).
Además, afirmó que los problemas sociales no pueden ser generados, si antes no
existen las condiciones materiales para su posible solución teórico‑práxica.
Al mismo tiempo, definió lo que él entendió por modo de producción dentro del
proceso histórico, además que el cambio de uno al otro necesita lógica y
necesariamente una „época de revolución social“ (Marx), un cambio cualitativo
material histórico‑social.
En
sus Tesis, Marx ya había elaborado la relación dialéctica, la teoría‑práxis.
Dos años más tarde, en 1847, en La Miseria de la Filosofía, demostró cómo las
ideas, pensamientos, conceptos y categorías humanos corresponden a sus
relaciones sociales concretas. Hizo hincapié en que todas las categorías, y
específicamente las categorías económicas, son expresiones teorético‑abstractas
de las relaciones sociales de producción. Subrayó:
„Los mismos hombres que establecen sus relaciones sociales en
conformidad con su productividad material, producen también principios, ideas
y categorías en conformidad con sus relaciones sociales“ (2).
Por
lo tanto, las ideas, los conceptos, las categorías y las leyes no son „verdades
absolutas“, eternas; ellos reflejan verdades relativas o históricas. Como dice
Marx, son „productos transitorios e históricos“. En consecuencia, teoría y práxis,
dentro de un contexto histórico-social, es una aproximación permanentemente
cambiante, tal como las leyes, categorías, etc. Así, lo que fue „verdadero“
ayer, no será necesariamente „verdadero“ mañana, y, por supuesto, no es
necesariamente „falso“ hoy. La Totalidad de la Verdad es el Todo, sólo el Todo
es verdadero; por lo tanto, la Verdad particular, como por ejemplo, la Verdad
Histórica, la Verdad Social y la Verdad Humana, es siempre una Verdad Relativo‑Absoluta.
La Verdad Humana siempre es absoluta a la Verdad Histórica con la máxima
aproximación, en el sentido de Teoría‑Práxis. Planteado así, se entiende
fácilmente porque la Verdad es una Falsedad Absoluta y porque una Falsedad es
una Verdad Absoluta.
En
términos sencillos, tal como explicó Engels en su „Discurso en la tumba de
Carlos Marx“ (1883), la interpretación materialista de la historia, la esencia
de la Teoría‑Práxis histórica, consiste simplemente en el hecho que „la
humanidad, ante todo, tiene que comer y beber, tener vivienda y ropa antes de
dedicarse a la política, ciencia, revolución, arte, etc.“(3). No
obstante, dialécticamente, la economía determina la política y viceversa; que
no tiene nada que ver con el vulgar economicismo, ni con el determinismo
económico.
Marx
es uno de los padres más importantes de la sociología moderna, si es que
definimos la sociología como una ciencia social teórico‑práxica. Una
Filosofía‑Ciencia Política para el Mundo, para Africa, Asia o América,
como una Sociología Política, tiene que ser un asunto teórico‑práxico, es
decir, revolucionario‑emancipatorio. Su opuesto es la Ideología‑Práctica
pequeño‑burguesa parroquial. El criterio para una Sociología científica,
tal como lo desarrolló Marx, fue explicado claramente por Lenin en su artículo
¿Quiénes son los „amigos del pueblo“?, en 1894. Citaremos detalladamente
algunos pasajes de esta obra:
„La idea básica de Marx de que el desarrollo de la formación
económica de la sociedad es un proceso de la historia natural, le quita el piso
a esta moralidad infantil que reclama el título de sociología (una polémica
contra el sociólogo ruso N. Mikhailovsky). (...) Esta idea del materialismo en
sociología fue en sí misma una parte genial. (...) De aquí que los sociólogos
han tenido dificultades en diferenciar, en la compleja red de los fenómenos
sociales, cuáles eran los fenómenos importantes y cuáles carecían de
importancia (esta es la raíz del subjetivismo en sociología) y han sido
incapaces de descubrir cualesquiera criterios objetivos para tal distinción. El
materialismo suministró un criterio absolutamente objetivo al señalar a las
‘relaciones de producción’ como la estructura de la sociedad, y haciendo
posible aplicar a estas relaciones este .criterio científico general de
repetición cuya aplicabilidad a la sociología era negado por los subjetivistas.
Mientras se confinaron a sí mismos a las relaciones sociales ideológicas (...),
eran incapaces de observar la repetición y el orden en el fenómeno social de
los diferentes países, y su ciencia era, en el mejor de los casos, sólo una
descripción de estos fenómenos, una colección de materia bruta (...)
Además, (...) la reducción de las relaciones sociales a las
relaciones de producción, y este último hasta el nivel de las fuerzas de
producción, suministró una base firme para concebir que el desarrollo de las
formaciones sociales es un proceso de la historia natural.
Sin decir que, sin tal enfoque no puede haber una ciencia
social. (...) Marx puso fin a la consideración de la sociedad como un agregado
mecánico de individuos que toleran cualquier modificación impuesta por el poder
existente (...) y que surgen y cambian de manera fortuita, y era el primero en
dar un fundamento científico a la sociología, formulando el concepto de la
formación económica de la sociedad como la suma total de las relaciones de
producción dadas, y estableciendo el hecho que el desarrollo de esta formación
es un proceso de la historia natural (...) El materialismo no es
‘primordialmente una concepción científica de la historia’, tal como piensa el
Sr. Mikhailovsky, sino la única concepción científica de la historia“ (4).
En
la Sociología moderna, la generalización acientífica de conceptos como
„marxismo“ y „marxista“ ha producido la degeneración de su esencia teórico‑práxica;
pero es importante enfatizar que las reflexiones de Marx (marxianas), se
refieren a Marx, las „marxistas“ a los Marxistas; por lo tanto, a nosotros nos
conciernen las marxianas, como productos intelectuales de un tiempo histórico
específico. Siendo Marx un producto de su época, sus reflexiones no son
universales, pero sí una expresión de las relaciones de producción del s. XIX.
Para
concluir, dejemos a los padres del Socialismo introducir algunos conceptos
sociológicos fundamentales:
„Las ideas de la clase dominante son en todas las épocas las
ideas dominantes; o dicho de otra manera, la clase que es el poder material
gobernante de la sociedad, es, al mismo tiempo su poder intelectual gobernante.
La clase que tiene los medios de producción material a su disposición, tiene
también el control sobre los medios de producción intelectual, de manera que,
generalmente hablando, las ideas de aquellos que carecen de los medios de
producción intelectual, están sujetos a ellos. Las ideas dominantes no son más
que la expresión ideal de las relaciones materiales dominantes, es decir, las
mismas relaciones materiales dominantes concebidas como ideas; por tanto, las
relaciones que hacen de una determinada clase, la clase dominante, son también
las que confieren el papel dominante a sus ideas“ (5).
¡Pero
el elemento económico no es el único elemento dominante!
El
elemento determinante en la historia es ultimadamente la producción y
reproducción en la vida real. Ni Marx ni Engels han afirmado otra cosa sino
esto. Convertir el elemento económico en el único determinante, demuestra
ignorancia acerca de la sociología marxiana, acerca del socialismo y del
materialismo dialéctico, significa reducir la economía a una abstracción, a un
absurdo. Engels explicó este problema con detalles en una carta a Joseph Bloch
en 1890. Citaremos su opinión sobre los „marxistas“, „marxólogos“ y
„neomarxistas“ obsoletos de su tiempo:
„Lamentablemente pasa demasiado a menudo que las gentes creen
haber comprendido perfectamente una teoría y que pueden aplicarla, sin más,
muchas veces incorrectamente. De esta falta no están exentos muchos de los
‘marxistas’ más recientes, ya que precisamente en éste han sido producidas las
más grandes tonterías“ (6).
Ideología:
En una carta a Franz Mehring (1893), Engels explicó lo que él entendía por el
concepto „ideología“. Entre otras cosas escribió:
„La ideología es un proceso llevado a cabo conscientemente por
el denominado pensador, pero eso sí, con una falsa consciencia. Ignora los
verdaderos motivos que lo impulsan, de otra manera no sería un proceso
ideológico. Por tanto, él imagina motivos falsos o aparentes. Como se trata de
un proceso de pensamiento, él deriva tanto su forma como su contenido del
pensamiento puro, ya sea del suyo propio o de su predecesor. Trabaja con el
mero material pensado, lo cual acepta, sin examen, como un productor del
pensamiento, no investiga en virtud de descubrir un proceso más remoto,
independiente del pensamiento; su origen le parece obvio, porque como toda
acción es producida mediante el pensamiento, también se le aparece
ultimadamente, como basada en el pensamiento“ (7).
Aquí
la relación Ideología‑Práctica es evidente.
El
Estado: En 1884, un año después de la muerte de Marx, Engels elaboró lo que los
fundadores del socialismo entendieron por Estado:
„El Estado es (...) un producto de la sociedad cuando ésta llega
a un grado de desarrollo determinado; es la confesión de que esa sociedad se
pone en una irremediable contradicción consigo misma, y está dividida por
antagonismos irreconciliables, que es impotente para conjurar. (...) Así pues,
el Estado no existe desde toda la eternidad. Hubo sociedades que se pasaron
sin él, que no tuvieron ninguna noción de Estado y de la autoridad del
Estado. En cierto grado del desarrollo económico, necesariamente unido a la
escisión de la sociedad en clases, esta escisión hizo del Estado una
necesidad. (...) La fuerza cohesionadora de la sociedad civilizada es el
Estado, que en todos los períodos típicos es exclusivamente el Estado de la
clase dominante, y en todos los casos, esencialmente un instrumento para mantener
subyugada a la clase oprimida y explotada“ (8).
Obviamente,
Marx y Engels no necesitaban una „Teoría del Estado“ sino una Teoría‑Práxis
para realizar el Estado, es decir, liquidarlo.
Concluyamos
esta exposición sinóptica con una cita relevante de Engels sobre el socialismo
proletario teórico-práxico, revolucionario‑emancipatorio y la
aniquilación del Estado explotador:
„Llevar a cabo este acto emancipatorio del mundo es la misión
histórica del proletariado moderno. Y es la tarea del socialismo científico,
la expresión teorética del movimiento , proletario, establecer las condiciones
históricas y, con éstas, la naturaleza de este acto, y de este modo llevar al
conocimiento o consciencia de la clase ahora oprimida, las condiciones y la
naturaleza del acto de cuyo. cumplimiento es ella la destinada a encargarse“ (9).
NOTAS
(1)
El
título completo de esta obra es: „Contribución a la Crítica de la Economía
Política“.
(4)
LENIN, V. I.; „What the ‘Friends of the People’ are?“
(1894), En: Selected Works. Vol. XI, Nueva York: International Publishers,
1943, p.p. 417‑422. Traducción nuestra. Subrayado
nuestro.
(6)
ENGELS, Friedrich; „Letter to Joseph Bloch (1890)“. En
Marx/Engels; Selected Correspondence, 1846 ‑ 1895. Nueva York:
International Publishers, 1942, p. 477. Traducción nuestra.
(9)
ENGELS, Friedrich; Anti‑Dühring (1878). Nueva
York: International Publishers, 1939, p. 310. Traducción nuestra.