CAPITULO SEGUNDO

 

DIALECTICA: CIENCIA Y TEORIA-PRAXIS REVOLUCIONARIA

 

Suppressio veri suggestio falsi.

 

LA DIALECTICA: DEFINICION

 

Por razones científicas y prácticas, utilizando la lógica formal, muchas veces es necesario categorizar y determinar un proceso, fenómeno o totalidad. En otras palabras, por razones de comunicación e intercomunicación, es imprescindible definir nuestras ideas, conceptos, categorías y demás herramientas de investigación y de análisis científico. Sin embargo, y como el filósofo alemán Spinoza advirtió, „cada determinación es una negación“, entonces, cuando estamos definiendo, estamos separando una cosa de sus relaciones con otras cosas; de esta forma, estamos limitando un fenómeno a una existencia estática específica. Para escapar de este dilema científico, es preciso redefinir, redeterminar y reevaluar un fenómeno dentro del contexto de una consciencia individual y social siempre cambiante.

 

Por supuesto, podemos argumentar que esencialmente nada cambia, que un árbol es un árbol y siempre va a ser un árbol; es más, que la democracia, el socialismo, el marxismo y la dialéctica han sido siempre lo mismo y que no han tenido relación el uno con el otro. Esto es precisamente lo que la lógica formal está afirmando constantemente; no obstante, los simples hechos cotidianos refutan estos supuestos no científicos, por ejemplo, el huevo puede llegar a ser pollo, y el pollo puede convertirse en gallina y ésta llegar a reproducir docenas de huevos. El agua puede transformarse en hielo, pero también en hidrógeno y oxígeno. No obstante, éstos tienen muy poco en común.

 

Quiere decir, que la lógica formal y las „definiciones“, son científicamente útiles, pero, hay que tener en cuenca sus limitaciones para explicar la realidad subjetiva y objetiva. Como hemos dicho anteriormente, la ciencia nace, precisamente, porque una definición y su objeto no coinciden eternamente. Es decir, la ciencia llegó a ser una necesidad porque la apariencia y la esencia no coinciden para siempre. Este hecho no impide que se crea que existen verdades absolutas, eternas, y que el famoso filósofo griego Heráclito era loco cuando postuló pánta rhei (todo cambia) (1).

 

Tomemos algunas definiciones del diccionario inglés „Chambers Twentienth Century Dictionary“, para demostrar el problema de definir fenómenos o cosas:

 

„Lógica: Ciencia y arte del razonamiento; ciencia de las leyes necesarias del pensamiento; principios de una rama del conocimiento; razonamiento coherente; método individual de razonamiento...“

 

„Dialéctica: Arte de discutir; parte de la lógica que enseña las reglas y modos de razonamiento...“

 

„Ciencia: conocimiento acertado de la observación y el experimento, verificado críticamente, sistematizado bajo principios generales; una rama o parte de este conocimiento o estudio...“

 

„Movimiento: acto, estado, manera de cambiar de lugar; un movimiento singular; cambio de posición, poder de mover o ser movido; agitación; impulso natural; algo que ocurre en la mente; sentimiento, emoción...” (2)

 

En sentido positivo, lo señalado nos muestra la dificultad de definir algunos fenómenos, para hacerlos operacionales dentro del contexto específico del análisis y de la investigación científica. Dentro de otro contexto puede ser científicamente inválido,. sin importar cuál sea nuestro enfoque epistemológico, metodológico o ideológico. Científicamente, no podemos negar que las cosas están cambiando, están en movimiento, y las ciencias nos muestran que el movimiento es polimórfico, multidimensional, multiveloz, y transuniversal. En otras palabras, el movimiento o el cambio pueden referirse a posición, lugar, tiempo, contenido, cantidad, calidad, fin, interés, etc. Aristóteles ya había definido seis formas de cambio (3) . Por lo tanto, es también una cuestión del modo de cambio, si es un cambio de la esencia o apariencia, forma o contenido, cantidad o calidad.

 

El cambio en sí, es el objeto de la ciencia, pero, lo que tiene mayor relevancia es lo que cambia, puede ser el universo, la Tierra, la historia, la sociedad, el hombre, las ideas, cuasi cosas, o cuasi entidades, por ejemplo, fantasmas o ángeles. Lo que se mueve puede ser abstracto o concreto, intelectual o físico, o híbridos de éstos. Además, el cambio mismo tiene sus peculiaridades que pueden afectar al objeto o sujeto cambiante. Una cosa evoluciona, llega a su cima y después toma una vía contradictoria que llamamos involución. De ahí, que las cosas del universo no sólo evolucionan sino que involucionan. Por consiguiente, una definición, un concepto, el hombre, la historia, están sujetos a este cambio. Entonces, cuando estamos usando una definición es importante determinar si esa definición está en su proceso de evolución, cima o involución. Seguramente, si ha llegado a su cima, puede aproximar y precisar su objeto de una manera más científica. En cierto sentido, estamos en mejores condiciones históricas para definir científicamente la „dialéctica“, el „socialismo“, el „proletariado“, la „Revolución“, la „Emancipación“ que Marx, Engels y Lenin.

 

Hegel nos enseñó que la verdad es el todo; y Lenin añadió, que la verdad es siempre concreta. Nosotros podemos agregar que el todo es lo abstracto y lo concreto, es decir, teoría filosófica y práxis científica (4).Por lo tanto, la filosofía‑ciencia es teoría‑praxis humana. En sí, la Galaxia Cygnus A no está interesada en la ciencia, pero el hombre que está actuando y pensando, sí.

 

Como entidades sistemáticas y uniformes, la ciencia y la filosofía fueron descubiertas y desarrolladas por los antiguos griegos. Originalmente, ambos conceptos eran sinónimos. En su génesis, la filosofía no era el estudio de las „últimas“ causas, ni la „reina“ en la „república“ de las ciencias, sino simplemente la philía (amor o amistad) de y por la sophía (sabiduría), y la sabiduría estaba directamente relacionada al gnósis y epistéme, en una palabra, a la ciencia (5).

 

Fueron los antiguos griegos quienes formularon el concepto dialektiké y especialmente Sócrates quien desarrolló el concepto, y ha dado a la dialéctica su connotación del arte del razonamiento o disputa. Más aún, fue Aristóteles quien elevó el concepto socrático, el horos, a nivel de categoría (6); fue el mismo Aristóteles quien convirtió la logiké en ciencia, pero no sólo como lógica formal, sino también como lógica dialéctica (ver su doctrina sobre Forma‑Sustancia)(7).

 

La dialéctica como ciencia tiene precursores eminentes, tales como: Anaximandro, Zenón de Elea, Heráclito, Sócrates y Aristóteles (8). Cuando la dialéctica llegó a Hegel y a Marx a través de la historia, ya era una ciencia con conceptos, categorías y leyes propias y precisas. Marx y Engels no han cambiado ninguna ley de la dialéctica, ni su método (9). Lo que ellos han cambiado es su epistemología tradicional. Ellos han transformado la dialéctica, de una herramienta intelectual para interpretar al mundo en distintas formas, en el método científico más eficiente para cambiar y mejorar al mundo, es decir, en la teoría‑praxis humana.

 

 

DIALECTICA: CONCEPTO, TERMINOLOGIA Y METODO

 

Cuando la teoría‑praxis se desarrolla, se abren nuevas dimensiones para el conocimiento, llevándose a cabo la revolución general en los términos de las ciencias particulares. Por ejemplo, en la ciencia particular del movimiento, la Química, sus términos cambian radicalmente casi cada dos décadas. Desafortunadamente, en la Economía Política, después de la muerte de Marx, todavía estamos utilizando los mismos conceptos y categorías de S1 Capital. Esto ha sucedido a pesar de la advertencia de Engels en su prefacio del Tomo III de El Capital de 1894. Criticando a uno de los adversarios de Marx, Engels escribió:

 

„... cuando él cree que Marx define, lo que éste hace es desarrollar, y no hay que buscar en sus escritos definiciones tajantes valederas de una vez por todas. Desde el momento en que las cosas y las mutuas relaciones no se conciben como algo fijo y sin movimiento, sino como algo sujeto a continuo cambio; por esto no pueden enmarcarse en una definición rígida, sino desarrollados en el proceso histórico o lógico de su formación“ (10).

 

Dos años después, en 1896, refiriéndose a la evolución e involución histórica, y más precisamente, al proceso de producción capitalista, Engels reiteró:

 

„Y sin embargo, una teoría que sólo considera la producción capitalista moderna como una etapa transitoria en la historia económica de la humanidad, debe usar términos diferentes de los que emplean los escritores que consideran eterna y efectiva esta forma de producción“ (11).

 

En Anti‑Dühring, en forma más precisa, Engels expuso las limitaciones de las definiciones:

 

„Nuestra definición de la vida es, naturalmente harto insuficiente, ya que lejos de abarcar todas las funciones de la vida, tiene por fuerza que limitarse a las más generales y más simples. Todas las definiciones encierran un valor científicamente escaso. Para agotar realmente lo que la vida es, tendríamos que recorrer todas las formas de manifestación, desde las más inferiores hasta las más superiores. Mas, para el uso corriente, esas definiciones son muy cómodas y a veces no es muy fácil prescindir de ellas. Además, no perdiendo de vista sus inevitables defectos tampoco perjudican“ (12).

 

En el Tomo III de El Capital, el mismo Marx ha mostrado que las leyes mismas, y podemos agregar que las categorías y conceptos, son sólo „aproximaciones“ a la realidad objetiva y subjetiva:

 

„... si admitimos la existencia de una tasa general de plusvalía ‑ que, como toda ley económica, no es más que una tendencia ‑, fue para simplificar el estudio teórico. Pero en verdad es la condición real del sistema de producción capitalista, aunque resulte más o menos contrarrestada en la práctica por obstáculos que provocan diferencias locales de importancia variable: la legislación regional („settlement laws“) para jornaleros agrícolas en Inglaterra es un ejemplo de ello. Pero en teoría admitimos que las leyes que rigen la producción capitalista se desarro­llan con todo su rigor. En la realidad, sólo existe la aproximación; y es tanto más exac­ta cuando más desarrollado está el modo de producción capitalista, y cuando más comple­tamente se ha eliminado su contaminación y su complicación por vestigios de condiciones económicas anteriores“ (13).

 

En cuanto a la relación entre la definición y la reali­dad fluyente, en otras palabras, en lo concerniente a lo abstracto y a lo concreto, y a la teoría y a la práxis, en 1859, en su libro Fundamentos de la Crítica de la Economía Política, Marx explicó la esencia científica de este problema dialéctico:

 

„Cuando se estudia la economía de un país se analiza en primer lugar la estructura de su población: cómo está dividida en clases, y cómo está distribuida entre la ciudad y el campo; se analiza la hidrografía, las distin­tas ramas de la producción, la exportación y la importación, la producción y el consumo anuales, los precios de las mercancías, etc. Puede parecer un buen método comenzar por la base sólida de lo que es real y concreto; en una palabra, enfocar la economía a través de la población, la cual constituye la raíz y el motivo de todo el proceso de la produc­ción. Sin embargo, bien mirado, este método es erróneo. La población resulta una abstrac­ción si, por ejemplo, paso por alto la clase de que se compone. A su vez, estas clases no tienen sentido, si ignoro los elementos sobre los cuales descansan por ejemplo: el trabajo asalariado, el capital, etc. Estos últimos suponen el cambio, la división del trabajo, los precios, etc. Si, en consecuencia, comen­zara sencillamente por la población, tendría una visión caótica de conjunto. Pero si pro­cediera mediante un análisis cada vez más pe­netrante, llegaría a nociones cada vez más simples: partiendo de lo concreto que yo per­cibiera, pasaría a abstracciones cada vez más sutiles para descubrir las categorías más simples. En este punto, sería necesario volver sobre nuestros pasos para arribar de nuevo a la población. Pero esta vez no tendríamos una idea caótica del todo, sino un rico conjunto de determinaciones y de relaciones complejas’’ (14).

 

 

DIALECTICA: UNIDAD Y CONTRADICCION

 

El filósofo del Estado prusiano, el idealista objetivo Hegel, ha reiterado muy claramente cómo la ciencia de la dialéctica entiende el concepto de „contradicción“ y su relación con „identidad“ (unidad)(15). Lenin subrayó:

 

„Pero uno de los fundamentales prejuicios de la lógica hasta ahora existente y de la imaginación corriente consiste en creer que la contradicción no es una determinación tan esencial e inmanente como la identidad; pero lo cierto es que si se hablase de un orden jerárquico y hubiese que mantener separadas ambas determinaciones, habría que considerar la contradicción como lo más profundo y plenamente esencial“ (16).

 

Lo que Hegel entendió por contradicción e identidad lo expresó de la siguiente forma:

 

„En efecto, la identidad es, frente a ella, sólo la determinación de lo simple inmediato, del ser muerto, mientras que la contradicción es la RAIZ DE TODO MOVIMIENTO Y VITALIDAD; sólo aquello que contiene una contradicción SE MUEVE, ENCIERRA UN IMPULSO Y UNA ACTIVIDAD“ (17).

 

Por consiguiente, es el idealista objetivo Hegel, y no Marx, el materialista, el que definió la contradicción como „raíz de todo movimiento y vitalidad“; y es la contradicción la que está dando movimiento, impulso y actividad. Aún más, fue el mismo Hegel el que nos introdujo en el método dialéctico: „En efecto, el método es la conciencia de la forma adoptada por el automovimiento interior de su contenido (...) La esfera dada de los fenómenos es impulsada hacia adelante por el contenido de dicha esfera, por la dialéctica, que (este contenido) lleva en sí mismo (es decir, de la dialéctica de su propio movimiento)“ (18).

 

Y como Hegel definió la „dialéctica“, especialmente en la relación síntesis y análisis, Lenin señaló:

 

„Este momento igualmente analítico y sintéti­co del Juicio, por medio del cual (del momen­to) lo universal inicial (el concepto gene­ral) se determina por sí mismo como lo otro con respecto a sí, debe ser denominado momen­to dialéctico“ (19).

 

Además, explicó lo siguiente:

 

1)      La determinación del concepto por sí mismo (la cosa misma debe ser considerada en sus relaciones y en su desarrollo);

 

2)      La naturaleza contradictoria de la cosa misma (el otro de si mismo), las fuerzas y tendencias contradictorias en cada fenó­meno;

 

3)      La unión del análisis y la síntesis.

 

Tales, en apariencia, son los elementos de la dialéctica. Quizá se podrían presentar estos elementos con más detalle, como sigue:

 

1)          Objetividad de la consideración (no ejem­plos, no divergencias, sino la Cosa‑en‑sí).

 

2)          Todo el conjunto de las múltiples relacio­nes de esa cosa con las otras.

 

3)          El desarrollo de esa cosa (respectivamen­te, del fenómeno), su propio movimiento, su propia vida.

 

4)          Las tendencias (y los aspectos) internas contradictorias en esa cosa.

 

5)          La cosa (fenómeno, etc.) como suma y UNI­DAD DE LOS CONTRARIOS.

 

6)          La lucha, respectiva al despliegue de esos contrarios, tendencias contradictorias, etc.

 

7)          La unión del análisis y la síntesis ‑la ruptura de las partes y la totalidad, la suma de dichas partes.

 

8)          Las relaciones de cada cosa (fenómeno, etc. ) no sólo son múltiples, sino genera­les, universales. Cada cosa (fenómeno, proceso, etc. ) está vinculada con todas las demás.

 

9)          No sólo la unidad de los contrarios, sino la transición de CADA UNA de las deter­minaciones, cualidades, características, aspectos, propiedades, en cada uno de los otros (¿en su contrario?).

 

10)    El infinito proceso de descubrimiento de nuevos aspectos, relaciones, etc.

 

11)    El infinito proceso de profundización del conocimiento de las cosas por el hombre, de su conocimiento de los fenómenos, los procesos, etc., que va de la apariencia a la esencia y de la esencia menos profunda a la más profunda.

 

12)    De la coexistencia a la causalidad y de una forma de conexión y de interdependen­cia a otra más profunda, más general.

 

13)    La repetición, en una etapa superior, de ciertas características, propiedades, etc. de lo inferior y

 

14)    El aparente retorno a lo antiguo (negación de la negación).

 

15)    La lucha del contenido con la forma, y a la inversa. El rechazo de la forma, la transformación del contenido.

 

16)    La transición de la cantidad en calidad y viceversa (15 y 16 son ejemplos de 9).

 

En una palabra, la dialéctica puede ser defi­nida como la doctrina de la unidad de los contrarios. Esto encarna la esencia de la dialéc­tica, pero exige explicación y desarrollo“(20).

 

 

EL LADO REVOLUCIONARIO DE LA DIALECTICA IDEALISTA OBJETIVA DE HEGEL

 

¿Cuál es el verdadero significado científico de la dialéctica hegeliana? ¿Cuál es su relación con la verdad particular‑universal? En 1888, Federico Engels en su Ludwig Feuerbach, hizo el siguiente comentario:

 

„En Hegel la verdad que debía conocer la filosofía no era ya una colección de tesis dogmáticas fijas que, una vez encontrada, sólo haya que aprenderse de memoria; ahora, la verdad residía en el proceso mismo del conocer, en la larga trayectoria histórica de la ciencia que, desde las etapas inferiores, se remonta a fases cada vez más altas de conocimiento, pero sin llegar jamás, por el descubrimiento de una llamada verdad absoluta, a un punto en que ya no pueda seguir avanzando, en que sólo le resta cruzarse de brazos y sentarse a admirar la verdad absoluta conquistada. Y lo mismo que el terreno del conocimiento filosófico en los demás campos del conocimiento y en el de la actuación práctica“ (21).

 

Y finalmente en lo concerniente a la dialéctica hegeliana y a la „verdad absoluta“, Engels concluyó:

 

„... esta filosofía dialéctica acaba con todas las ideas de una verdad absoluta y definida, y de estados absolutos de la humanidad, congruentes con aquella. Ante esta filosofía, no. existe nada definitivo, absoluto, consagrado; en todo pone de relieve el carácter perecedero, y no deja en pie más que el proceso ininterrumpido del devenir y del perecer, un ascenso sin fin de lo inferior a lo superior cuyo mero reflejo en el cerebro presente es esta misma filosofía“ (22).

 

Ahora, ¿qué ha dicho Marx acerca de la relación dialéctica materialista y la dialéctica idealista hegeliana?

 

En el prefacio a la segunda edición del Tomo I de El Capital, en 1873, podemos leer: „mi método dialéctico no sólo difiere en su base del hegelianismo, sino que además es todo lo contrario de éste“ (23).

 

También en este caso, podemos ver cómo en el proceso dialéctico de la dialéctica misma, se da la unidad y la contradicción de los opuestos; .en otras palabras, el proceso: de afirmación, la dialéctica marxista; y la negación, la dialéctica hegeliana. Pero también en este caso recordemos lo que Hegel enfatizó: „la verdad es el todo“ sin que olvidemos que Lenin agregó que la „verdad es siempre concreta“. Además, en las palabras del Mefistófeles de Fausto (Goethe), encontramos aun la dialéctica, como: „todo lo que surge es digno de perecer“ (parte I, escena 3, cuarto de estudio). Es más, Marx continuó explicando la dialéctica y su método:

 

„Para Hegel, el movimiento del pensamiento, que él encarna con el nombre de idea, es el demiurgo de la realidad, que no es más que la forma fenoménica de la idea. Para mí, en cambio, el movimiento del pensamiento es reflexión del movimiento real transportado y traspuesto en el cerebro del hombre“ (24).

 

En lo concerniente a la esencia científica del método dialéctico y su aplicación a la historia y la sociedad, Lenin señalaba:

 

„Marx y Engels llamaban método dialéctico ‑ por oposición al metafísico ‑, sencillamente, al método científico en sociología, consistente en que la sociedad es considerada como un organismo vivo, que se halla en desarrollo continuo (y no como algo mecánicamente cohesionado y que, por ello, permite toda clase de combinaciones arbitrarias de elementos sociales aislados) y para cuyo estudio es necesario hacer un análisis objetivo de las relaciones de producción que constituyen una formación social determinada, estudiar las leyes de su funcionamiento y desarrollo“ (25).

 

El método metafísico, que se basa únicamente en la lógica formal, no acepta las contradicciones como un hecho científico, en el proceso de la realidad. Para este „método científico“ las contradicciones son un „absurdo“. Consecuentemente, dicho „absurdo“ no puede existir en el mundo real ni irreal. De este modo, la metafísica vulgar sostiene que A siempre es A, y que una línea recta nunca puede ser curva. Sin embargo, cualquiera que esté familiarizado con el cálculo diferencial sabe que bajo ciertas circunstancias científicas, las líneas rectas y curvas son idénticas. Dialéctica y movimiento son por sí mismos, contradicciones; pero para los metafísicos vulgares, ellos son „absurdos“ y no tienen nada que ver con la ciencia.

 

Ya el antiguo dialéctico, Heráclito, había dividido las totalidades científicamente e intentó conocer sus partes contradictorias. Por lo tanto, él entendió la esencia de la dialéctica, y por esta razón en su Metafísica, Aristóteles atacó violentamente las ideas heracliténicas que tenían poco que ver con la lógica formal. Pero el resultado de esta contradicción, fue la introducción de la dialéctica por Aristóteles mismo, en su doctrina sobre la forma y la sustancia.

 

En 1915, Lenin en su trabajo Sobre la Cuestión de la Dialéctica, nos dio varios ejemplos de categorías dialécticas, especialmente en el campo de las ciencias humanas: „diferencial ‑ integral“ (matemática); „electricidad positiva ‑ electricidad negativa“ (física); „combinación atómica ‑ disociación atómica“ (química); „lucha burguesa ‑ lucha proletaria ‑ lucha de clases“ (ciencias sociales); etc. (26).

 

 

CATEGORIAS DIALECTICAS

 

Necesidad ‑ Casualidad

 

La discusión filosófica concerniente a la necesidad‑casualidad, tiene una larga trayectoria que viene desde los antiguos idealistas y materialistas griegos (27). Por

 

lo tanto, el análisis y la práxis científica de hace 2500 años forman el substrato o base material de las reflexiones dialécticas de Hegel y Marx sobre esta categoría. De hecho, sin estas precondiciones materiales históricas, ellos no hubieran podido hacer estas reflexiones de manera científica, sistemática y racional. Por consiguiente, todas las categorías dialécticas principales tienen una esencia histórico‑social influyente.

 

Veamos lo que Engels, en su Dialéctica de la Naturaleza (1882) ha dicho al respecto:

 

„Otra oposición en la cual se encuentra embrollada la metafísica es la de la casualidad y la necesidad. ¿Qué puede ser más agudo que estas dos determinaciones del pensamiento? ¿Cómo es posible que las dos sean idénticas, que lo accidental necesario y lo necesario también accidental?“ (28).

 

Engels continúa explicando cómo la mayoría de los científicos naturales han expuesto los conceptos necesidad-casualidad, como dos términos que se excluyen eternamente. Simplemente porque lo llamado accidental no puede subsumirse a las „leyes“ generales, es que la ciencia oficial decide ignorarlos. Justamente en relación a esto, Engels señaló:

 

„De ahí, que toda la ciencia llega a su fin, pues tiene que investigar precisamente aquello que no conocemos, es decir: lo que se puede incluir dentro de las leyes generales se considera necesario, y lo que no, es accidental. Cualquiera puede advertir que éste es el mismo tipo de ciencia que la que proclama natural lo que puede explicarse, y a­signa a causas sobrenaturales lo que no le es posible explicar. Que yo denomine casuali­dad, la causa de lo inexplicable, o que le llame Dios, es e n todo sentido indiferente en lo que se refiere a la cosa misma. Una y otra equivalen a „no sé“, y por lo tanto no pertenece a la ciencia“ (29).

 

En las siguientes páginas, Engels explicó que ni las concepciones materialistas y deterministas burguesas de la necesidad‑casualidad, ni las concepciones teológicas de la naturaleza, por ejemplo, „el eterno decreto del Dios de Calvino y San Agustín“ o el „Kismet“ (fe) de los turcos, pueden aproximarse a la verdad absoluto‑relativa para explicar la contradicción dialéctica. Fue Hegel quien introdujo esta sensacional proposición: „...que lo accidental tiene una causa porque es accidental, y de la misma manera carece de causa porque es accidental; que lo accidental es necesario, que la necesidad se determina como casualidad, por otro lado, que esta casualidad es más bien necesidad absoluta (Lógica, Tomo II, Libro III, 2: Realidad)“ (30).

 

Por consiguiente, el materialista burgués mecánico, el metafísico idealista, el positivista, el determinista y el empírico, deberían estudiar primero el idealismo objetivo hegeliano y su método dialéctico, antes de definir lo que es „absurdo“; el darvinismo empezó con la casualidad y causó una revolución en el pensamiento evolucionista. De hecho, la casualidad negó completamente la necesidad y como resultado puso en situación caótica a todas las ciencias del s. XIX, especialmente la anatomía humana y comparativa, a la embriología, zoología, paleontología, botánica, etc. (31).

 

 

Causa‑Efecto: La Categoría Dialéctica de Causalidad.

 

Veremos lo que el idealista objetivo Hegel ha dicho sobre las relaciones de causa‑efecto:

 

„Ella (die Substanz) es el ser en todo ser... La relación de sustancialidad se transforma en relación de causalidad... La sustancia logra realidad sólo cuando se ha convertido en causa... El efecto no contiene nada que no contenga la causa y a la inversa... Es la misma cosa que se presenta primero como causa y luego como efecto ‑aquí como una existencia peculiar, allí como un ser puesto o como determinación en otro.

 

Pero aquí y ahora podemos observar que, en la medida en que se admite la relación de causa y efecto (aunque en un sentido incorrecto), el efecto no puede ser mayor que la causa; porque el efecto no es otra cosa que la manifestación de la causa“ (32).

 

Lenin hizo un comentario crítico sobre esto y enfatizó que es necesario precisar el conocimiento (el horos de Sócrates, el concepto) sobre la sustancia, la materia de un fenómeno específico, para descubrir sus causas verdaderas y reales. Concluyó:

 

„Ergo, causa y efecto son nada más que momentos de dependencia recíproca universal, de conexión (universal), de la concatenación recíproca de los acontecimientos, simples eslabones de la cadena del desarrollo de la materia... La universalidad y el carácter omnienvolvente de la interconexión del mundo, que la causalidad sólo expresa en forma unilateral, fragmentaria e incompleta“ (33).

 

 

Lo Absoluto ‑ Lo Relativo; La Verdad Absoluta ‑ La Verdad Relativa.

 

Nos preguntamos primero ¿Qué son las categorías? Las siguientes citas nos elaboran su esencia ampliamente:

 

„Ante el hombre aparece una red de fenómenos naturales. El hombre intuitivo, el salvaje

se confunde con la naturaleza. El hombre cons­ciente se desprende de ella; las categorías

son fases de este desprendimiento, es decir, del conocimiento del mundo, nudos de aquella red, que ayuda a conocerla y dominarla...

 

Los momentos del conocimiento (de las ‘ideas’) de la naturaleza por el hombre: esos son precisamente las categorías de la lógica...

 

Las categorías del pensamiento no son instrumentos auxiliares del hombre, sino que expresan las leyes tanto de la naturaleza como del hombre mismo...

 

Los hombres, al establecer las relaciones sociales con arreglo al desarrollo de su producción material, crean también los principios, las ideas y las categorías conforme a sus relaciones sociales.

 

Por tanto, estas ideas, estas categorías, son tan poco eternas como las relaciones a las que sirven de expresión. Son productos históricos y transitorios“ (34).

 

Epistemológicamente, no se trata de lograr una cierta precisión para aplicar las relaciones de causa‑efecto dentro de los procesos reales, ni para expresar las verdades y las leyes dialécticas y absoluto‑relativas en fórmulas matemáticas, sino que la cuestión principal es si nuestro conocimiento sobre nosotros mismos y sobre el universo es parte intrínseca de la „ley objetiva natural o producto de nuestra mente, es decir, la capacidad inmediata de aprender ciertas verdades a priori, etc.“ (35). En la búsqueda de la Verdad Científica, fue este dilema el que diferenció a los agnósticos (Hume, Avenarius y Mach) de los materialistas (Feuerbach, Marx y Engels).

 

¿Existe la Verdad Subjetiva y Objetiva? ¿Qué es la Verdad Objetiva? ¿Qué es la „cosa misma“? ¿Podemos aprender esta „cosa en sí misma“? Estos son problemas filosóficos que han preocupado a muchos pensadores a través de los siglos, especialmente desde el siglo XVIII.

 

Antes de desarrollar este tema, tenemos que abordar la categoría „Verdad Absoluto‑Relativa“. Nos apoyaremos en tres enunciados relevantes de Marx sobre este asunto, que nos son de gran ayuda:

 

„El problema de si al pensamiento humano se le puede atribuir una verdad objetiva, no es un problema teórico, sino un problema práctico. Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento. El litigio sobre la realidad o irrealidad de un pensamiento aislado de la práctica, es un problema puramente escolástico“ (36).

 

„Esto parece una paradoja y algo que choca con lo que observamos todos los días. También es paradójico el hecho de que la Tierra gira alrededor del sol y que el agua esté formada por dos gases, muy inflamables. Las verdades científicas son siempre paradójicas, si se las mide por el rasero de la experiencia cotidiana, que sólo percibe la apariencia empañosa de las cosas“ (37).

 

„... Si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidieran directamente, toda ciencia sería superflua“ (38).

 

La teoría del conocimiento de la Dialéctica Materialista expone tres propósitos científicos básicos:

 

1.    Todas las cosas materiales existen independientemente de la conciencia humana o social, existen independientemente de nuestras percepciones y conocimientos sobre ellas.

 

2.    En cuanto a „la cosa en sí misma“ y cualquier fenómeno en el universo, no hay diferencia científica entre los dos. La única diferencia existe entre „lo que sabemos“ y „lo que no sabemos“.

 

3.    El conocimiento no es algo final e inalterable. Surge de la ignorancia, y del conocimiento inexacto e incompleto; éste se desarrolla y puede llegar a ser más preciso y profundo (39).

 

En lo concerniente al conocimiento humano y a la verdad histórica, el alemán Goethe nos suministró el punto de partida científico: „Im Anfang war die Tat“ (al principio era el acto); en otras palabras, „el pudín es siempre para comerlo“: Cum grano salis, podemos decir que todas las cosas que se encuentran fuera del ámbito de la teoría‑praxis histórico‑social sobre lo cual no sabemos nada empírico, forman parte de nuestra ignorancia, positiva o negativa.

 

No obstante, a través de la teoría‑praxis humana, de su interpenetración histórica, podemos transformar la ignorancia sobre las cosas extra‑históricas, en conocimiento, en ciencia teórico‑práxica. En este sentido, Engels, idóneamente criticó a los materialistas agnósticos burgueses de los siglos XVIII y XIX:

 

„Por lo tanto, en la medida en que es un hombre de ciencia, en la medida en que sabe algo, el agnóstico es materialista; fuera de los límites de su ciencia, en los campos que no domina, traduce su ignorancia al griego, y la llama agnosticismo“ (40).

 

La verdad dialéctica relativo‑absoluta es muy sencilla. La dialéctica nos muestra que los opuestos, „la cosa en sí misma“ y „la cosa para nosotros“, realmente existen, y cómo pueden llegar a ser una unidad‑y‑contradicción. Lenin añadió:

 

„La dialéctica como conocimiento vivo, multilateral, (con multiplicidad de aspectos que aumentan eternamente), con una infinita cantidad de matices de cada enfoque y aproximación a la realidad (con un sistema filosófico que se convierte en un todo a partir de cada matiz) ‑he aquí un contenido inmensamente rico en comparación con el materialismo ‘metafísico’, cuya desdicha fundamental es su incapacidad para aplicar la dialéctica a la teoría de la reflexión, al proceso y desarrollo del conocimiento.

 

El idealismo filosófico es sólo una tontería desde el punto de vista del materialismo tosco, simple, metafísico. Por otra parte, desde el punto de vista del materialismo dialéctico, el idealismo filosófico es desarrollo unilateral, exagerado, ‘überschwengliches’ (Dietzgen) (inflación, distensión) de una de las características, aspectos, facetas del conocimiento que se convierte así en un absoluto divorciado de la materia, de la naturaleza, y es llevado a la apoteosis. El idealismo es oscurantismo clerical. Es cierto“ (41).

 

En cuanto al conocimiento, continuó señalando:

 

„El conocimiento no es (o no sigue) una línea recta, sino una curva que se aproxima infinitamente a una serie de círculos, a una espiral. Todo fragmento, segmento, sección de esta curva puede ser transformado (unilateralmente) en una recta independiente, completa, que entonces (si los árboles impiden ver el bosque) conduce al pantano, al oscurantismo clerical (donde queda fijada por los intereses de las clases dominantes). El avance rectilíneo y la unilateralidad, la rigidez y la petrificación, el subjetivismo y la ceguera subjetiva: he ahí las raíces epistemológicas del idealismo filosófico, por supuesto, tiene raíces epistemológicas, no carece de fundamento; es, sin duda, una flor estéril, pero una flor estéril que crece en el árbol vivo del conocimiento humano, vivo, fértil, auténtico, poderoso, omnipotente, objetivo, absoluto“ (42).

 

Por consiguiente, para la ciencia teórico‑práxica como entidad aislada, una cosa „en sí misma“ no existe, simplemente porque todas „las cosas ‘en la sociedad“ son cognocibles científicamente. Dentro de este contexto, Engels hizo el siguiente comentario sobre la soberanía del pensamiento humano:

 

„¿Es soberano el pensamiento humano? Antes de contestar sí o no, tenemos que investigar qué es, en realidad, el pensamiento humano. ¿Es acaso el pensamiento de un solo hombre? No. Pero sólo existe como pensamiento individual de muchos miles de millones de hombres pasados, presentes y futuros. Si digo, pues, que este pensamiento de todos estos hombres, sintetizado en mi imaginación, incluyendo también el de los futuros hombres, es soberano, capaz de conocer el mundo existente, siempre y cuando que la humanidad dure el tiempo necesario para ello, y que los órganos y objetos del conocer no cierren el paso a este conocimiento, digo algo bastante trivial y algo, además, bastante inútil. Pues el resultado más valioso sería que llegaríamos a recelar extraordinariamente de nuestros actuales conocimientos, toda vez que estamos, muy probablemente en los comienzos de la historia humana y que las generaciones que nos han de rectificar serán seguramente harto más numerosas que aquellas cuyos conocimientos nos es dado a nosotros rectificar, no pocas veces con un desprecio bastante olímpico“ (43).

 

Sobre la existencia de verdades absolutas, Engels agregó:

 

„Exactamente lo mismo acontece con las verdades eternas. Si la humanidad llegase alguna vez a tal grado que sólo operase con verdades eternas, con resultados de pensamientos que pudiesen reivindicar , la validez soberana y títulos incondicionales de la verdad, habría llegado a un punto en la infinidad del mundo intelectual, se habría agotado lo mismo en cuanto a realidad que cuanto a posibilidad, y se daría con ello el famosísimo milagro de contar lo innumerable.

 

Ciertamente, podemos al modo tradicional, dividir todo el dominio del conocimiento en tres grandes secciones. La primera abarca todas las ciencias que tratan de la naturaleza inanimada, y que son, en mayor o menor medida, susceptibles de métodos matemáticos: Las matemáticas, la astronomía, la mecánica, la física, la química. Y si hay quien se divierte en aplicar palabras altisonantes a cosas muy sencillas, puede decir que ciertos resultados de estas ciencias son verdades eternas, verdades definitivas, en última instancia; no es otra la razón de que se dé a estas ciencias el nombre de ciencias exactas. Pero no todos sus resultados lo son, ni mucho menos. Al dar entrada a las magnitudes variables y a la extensión de su variabilidad hasta lo infinitamente pequeño y lo infinitamente grande, las puritanas matemáticas cayeron en pecado original: mordieron la manzana del conocimiento, que les abrió una senda de triunfos gigantescos, pero también la de los errores. El estado virginal de la validez absoluta, la vigencia inconmovible de todo lo matemático había terminado para siempre; empezó la era de las controversias, y así venimos a parar a una situación en que la mayoría de las personas diferencian e integran, no porque sepan lo que hacen sino por pura fe, porque hasta ahora siempre ello ha sido exacto. Peor todavía es lo que ocurre con la astronomía y la mecánica, y en la física y en la química uno se encuentra en medio de las hipótesis, como en medio de un enjambre de abejas. Y es natural que sea así. la física versa sobre el movimiento de las moléculas, y la química sobre la formación de las moléculas a partir de átomos, y si la interferencia de las ondas luminosas no es una fábula, no tenemos en absoluto la más leve perspectiva de ver alguna vez, con nuestros propios ojos, esos objetos tan interesantes. Con el tiempo, las verdades definitivas de última instancia, se hacen una rara curiosidad“(44).

 

De allí que, dentro del contexto de la historia humana como resultado de la teoría‑práxis social continua, hemos establecido ciertas verdades históricas, y finales: por ejemplo, Caracas está en Venezuela; dos más tres son cinco; si no comemos seguramente moriremos, etc. Pero en relación a la Verdad Absoluto‑Relativa Universal, ellas también son relativas.

 

Por lo tanto, el conocimiento histórico es relativo‑absoluto. Y aún más: la verdad tiene características condicionales y no condicionales. Nuestra historia en el contexto de su propia evolución‑involución, condiciona nuestra potencia‑potencialidad social, de aproximar teórico‑práxicamente la Verdad Universal. Pero la existencia real de esta Verdad Universal es no condicional. Según Lenin, en su polémica contra Bogdanov:

 

„Hay aquí dos cuestiones claramente confundidas: 1)¿Existe una verdad objetiva, es decir, puede haber en las representaciones mentales del hombre un contenido que no dependa del sujeto, que no dependa ni del hombre ni de la humanidad? Si es así, las representaciones humanas que expresan la verdad objetiva ¿pueden expresarla de una vez, por entero, incondicionalmente, absolutamente o sólo aproximadamente, relativamente? Esta segunda cuestión es la cuestión de la correlación entre la verdad absoluta y la relativa“ (45).

 

Lenin continuó:

 

„... para el materialista el mundo es más rico, más vivo, más variado de lo que parece, pues cada paso en el desarrollo de la ciencia descubre en él nuevos aspectos. Para el materialista nuestras sensaciones son las imágenes de la única y última realidad objetiva última, no en el sentido de que está ya conocida a fondo, sino en el sentido de que no hay ni puede haber otra realidad además de ella. Este punto de vista cierra las puertas definitivamente no sólo a todo fideísmo, sino también a la escolástica profesoral, que, no viendo la realidad objetiva como el origen de nuestras sensaciones, ‘deduce’ tras laboriosas construcciones verbales, el concepto de lo objetivo como algo que tiene una significación universal, está socialmente organizado, etc., sin poder y, a menudo, sin querer distinguir la verdad objetiva de las creencias en fantasmas y duendes“ (46).

 

El concluyó:

 

„La dialéctica materialista de Marx y Engels comprende ciertamente el relativismo, de la negación, del escepticismo, pero no se reduce a él, es decir, reconoce la relatividad de todos nuestros conocimientos, no en el sentido de la negación de la verdad objetiva sino en el sentido de la condicionalidad histórica de los límites de la aproximación de nuestros conocimientos a esta verdad“ (47).

 

Y finalmente, ¿Qué es la verdad?:

 

„La verdad es un proceso. De la idea subjetiva, el hombre avanza hacia la verdad objetiva a través de la ‘práctica’ (y la técnica)...

 

La vida da nacimiento al cerebro. La naturaleza se refleja en el cerebro humano. Mediante la verificación y la aplicación de la exactitud de esos reflejos en su práctica y su técnica, el hombre llega a la verdad objetiva“ (48).

 

 

La Inseparabilidad de la Inducción y de la Deducción.

 

No importa hasta que nivel inducimos, nunca podremos obtener claridad científica sobre el propio proceso real y concreto de la inducción misma. Del mismo modo, no importa si meditamos o contemplamos, no podemos explicar científicamente el proceso concreto e histórico‑social de la cognición, meditación y contemplación. Sólo el análisis científico dialéctico mencionado arriba es capaz de esclarecer la relación real entre ambos métodos de investigación, en otras palabras, cómo el Análisis y la Síntesis son procesos interrelacionados, igualmente, la Inducción y la Deducción juntas forman una totalidad dialéctica científica (49), Consecuentemente, como Lenin señaló, el método dialéctico implica un „doble análisis: el inductivo y el deductivo, el lógico y el histórico“ (50).

 

En cierto sentido, el método dialéctico es la unidad y la contradicción de estos dos métodos de investigación científicos. Es más, el „análisis inductivo“ necesariamente debe ser un análisis histórico y procesal, porque la dialéctica involucra la unidad de la teoría filosófica y la práxis científica. Además, Teoría siempre es práxica, y Práxis siempre es teórica. No existe nada „puro“ en el Universo, ni siquiera „puramente“ dialéctico.

 

 

Esencia‑Apariencia: La Ciencia y el Método Científico.

 

¿Qué es la Esencia? ¿Qué es la Apariencia? Según Karel Kosik:

 

„¿Es pues, la diferencia entre fenómeno y esencia una diferencia entre lo real y lo irreal? o ¿Entre dos órdenes diversos de la realidad? ¿Es la esencia más real que el fenómeno? La realidad es la unidad del fenómeno y la esencia. Por esto, la esencia puede ser tan irreal como el fenómeno, y éste tan irreal como la esencia en el caso de que se presenten aislados y, en este aislamiento, sean considerados como la única o ‘auténtica’ realidad.

 

El fenómeno es, por tanto, algo que, a diferencia de la esencia oculta, se manifiesta inmediatamente, primero y con más frecuencia“ (51).

 

Los problemas filosóficos que están relacionados a la categoría „esencia‑apariencia“, datan de los tiempos remotos, especialmente de la Grecia Antigua. Los antiguos materialistas e idealistas griegos, juntos estaban buscando la ousía (esencia pura) y la to ti en eínai (esencia materializada) del cosmos y de las cosas. Más tarde, sus sucesores se preocuparon de la essentía (latín) y de la „Wesen“ (alemán) de la realidad objetiva y subjetiva. La diferencia esencial entre los materialistas y los idealistas es que los primeros consideran la esencia como algo que cambia permanentemente, y los demás piensan que ella es absoluta, inmutable, eterna. Además, los dialécticos materialistas hacen hincapié en el hecho de que existe una relación fundamental entre la esencia y la apariencia, mientras que los metafísicos vulgares creen que existen eternas barreras insuperables entre ellas.

 

Como explicó Lenin en sus Cuadernos , un fenómeno (apariencia) es la manifestación de la esencia; lo superficial, lo no esencial, frecuentemente desaparece, no tiene tanta ‘firmeza’ como la esencia que también cambia pero más lentamente. La verdad dialéctica es que la esencia de una cosa no aparece de repente, completa y total, permaneciendo así eternamente (52).

 

Por consiguiente, para nosotros, la esencia universal y particular tiene un carácter histórico y material. Todo cambia, todas las cosas se encuentran en proceso, precisamente porque ellas se están materializando a sí mismas. Y esto, concierne a la esencia y a la apariencia de todas las cosas, los sujetos y objetos en el universo. El universo mismo cambia, está en proceso, todavía no se ha realizado a sí mismo. Toda la materia es materia futura. Ya Heráclito había explicado este proceso de evolución‑involución‑transvolución in perpetuum (53).

 

Según George Novack, el Ser, el Ser‑Llegar‑a‑Ser, y el Llegar‑á‑Ser‑Ser, en su totalidad universal, tiene un carácter contradictorio, histórico, procesal y dialéctico:

 

„La esencia de una cosa nunca accede a la existencia, solamente por sí misma y como ella misma. Siempre se manifiesta junto con su opuesto y por medio de él. Este opuesto es lo que designamos con el término lógico de apariencia. Es a ‘través de series de apariencias relativamente accidentales, que la esencia despliega su contenido interno y adquiere cada vez más realidad, hasta que se muestra todo lo pleno y perpetuamente que puede, bajo las condiciones materiales dadas“ (54).

 

Aplicando la categoría dialéctica Necesidad‑Casualidad, podemos concluir que todo no es posible en cada momento del proceso, que la historia no se auto‑repite, que lo que será no necesariamente será. Novack dijo:

 

„La esencia de una cosa, es aquello que es necesario para su apariencia, la totalidad de las cualidades, sin las que no puede existir“ (55).

 

Además Hegel agregó: „La Realidad es superior al Ser y a la Existencia“ (56). De allí qué, la Realidad es superior al Ser y, aún más, a la Existencia. En general, dentro de un proceso después de un cambio cualitativo, es decir, después de una transformación radical de la esencia, una cosa, un objeto, o una totalidad menos desarrollada tiene una esencia casi totalmente sumergida por apariencias particulares.

 

El error metafísico o de la lógica formal es identificar esta esencia y su apariencia como una totalidad indivisible, eterna y absoluta. La esencia y las apariencias del capitalismo del siglo XIV ciertamente no corresponden a la esencia y a las apariencias del capitalismo actual. No obstante, es necesario diferenciar entre el cambio reformista cuantitativo y la transformación radical cualitativa de la esencia capitalista. Sólo el socialismo, como negación y/o opuesto del capitalismo, puede lograr el último cambio esencial.

 

La esencia capitalista, la contradicción „Trabajo‑Capital“ ha cambiado cuantitativamente. a través de los siglos’ pasados, ha llegado a una esencia „más desarrollada“, pero todavía no ha llegado a ser ‘no esencial’ totalmente. Al respecto, Hegel afirmó que „en esencia, todo es relativo“, pero, en apariencia, cuando la abstraemos de su esencia, „todo es inmediato y absoluto“:

 

Ahora es muy claro el porqué Marx enfatizó: „... si la forma de manifestación y la esencia de las cosas coincidieran directamente, toda ciencia sería superflua“. Al mismo tiempo, ahora sabemos lo que es un „método científico“ y qué es un „método metafísico“ acientífico. El método dialéctico es el método científico, pero todavía conserva las características natales en esencia y en apariencia, del idealismo objetivo hegeliano, aún más, del materialismo emancipatorio marxista. Así pues, la dialéctica misma tiene que obedecer las leyes dialécticas, el pánta rhei (todo cambia) heracliténico , tiene que desarrollarse cualitativamente a niveles universal-históricos más altos, a la Trialéctica, Tetraléctica, hasta la Multi‑Polialéctica, a la Ciencia de la Revolución Mundial Permanente y de la Evolución‑Involución‑Transvolución Universal, Multiversal y Poliversal. Sólo así, la Dialéctica en proceso puede negar todos los „métodos científicos“ y las „ciencias“ conservadoras, reaccionarias y burguesas; y así, crear la Síntesis, una Ciencia Universal Revolucionario‑Emancipatoria.

 

El Capitalismo estudiaba El Capital y aplicó las fuerzas dialécticas descubiertas por Marx contra el movimiento proletario, esta es una de las razones por las cuales todavía está sobreviviendo. Los ideólogos burgueses han estudiado „el lado reaccionario“ de la dialéctica hegeliana, y lo han aplicado al sistema capitalista con éxito. Ya el antiguo dialéctico Zenón de Elea demostró cómo se puede aplicar la dialéctica contra la dialéctica, para tratar de refutar el proceso material revolucionario-emancipatorio. Irónicamente, „el padre de la lógica formal“ y de los silogismos, Aristóteles, quien en su doctrina sobre hyle‑morphé, Sustancia‑Forma, fue un dialéctico por excelencia, ha refutado a Zenón y ha puesto la dialéctica de Anaximandro y de Heráclito otra vez dentro de la ciencia teórico‑práxica“(57).

 

Por otra parte, deberíamos recordar el comentario de Lenin sobre la Lógica de Hegel:

 

„Es digno de mención el hecho de que todo el capítulo sobre la „Idea Absoluta“ apenas dice una palabra sobre Dios (casi nunca se ha deslizado por accidente un ‘concepto’ ‘divino’) y aparte de eso ‑casi no contiene nada que sea específicamente idealismo, sino que tiene por tema principal el METODO DIALECTICO. La suma, la última palabra y la esencia de la lógica de Hegel es el método dialéctico ‑ esto es sumamente digno de mención. Y una cosa más: ¡en, esta obra de Hegel, la más idealista de todas, hay menos idealismo y más materialismo que en ninguna otra! Es ‘contradictorio’, pero es un hecho!“ (58).

 

Siendo así, porque la esencia y la apariencia, la teoría y la práxis, casi nunca coincidieron directamente; históricamente la ciencia ha llegado a ser una necesidad social para la revolución y la emancipación humana. La tarea teórico‑práxica de la ciencia humana no sólo es la de descubrir teóricamente la esencia de las relaciones universales, históricas, sociales y humanas y de revelar sus apariencias superficiales, sino más, es la de explicar práxicamente la esencia y la apariencia misma, es de mejorarlas, emanciparlas. A ese grado, la ciencia, a través de su método científico, tiene que identificar y reproducir los lazos intermedios o las mediaciones „que van a capacitar la esencia y la apariencia para reintegrarse otra vez como una unidad“ (59). Si esta reintegración fracasa, la ciencia misma perderá su esencia y se reducirá a una mera especulación, a la construcción de “los abstractos“ que no tienen ninguna relación la una de la otra, y aún peor, que no tienen nada que ver con la realidad empírica material misma.

 

 

Lo Abstracto ‑ Lo Concreto; Teoría ‑ Praxis.

 

En primer lugar, lo abstracto no es la negación de lo concreto, en el sentido que lo concreto existe, y que lo abstracto no existe, y que ambos no tienen ninguna relación entre uno y otro. La negación de ambos ‑ lo concreto y lo abstracto ‑ es la Nada, la Nihil. Lo Abstracto y lo Concreto son unidad y contradicción de los opuestos dialécticos. Y, en estos término , oponer no es necesariamente negar.

 

Hemos mostrado cómo en la Crítica a la Economía Política (1859), Marx explicó extensamente la relación entre lo concreto y lo abstracto, utilizando el concepto de „población“ (60). Más tarde, Lenin elaboró esta relación dialéctica en los términos siguientes:

 

„El resultado de la actividad es la prueba del conocimiento subjetivo y el criterio de la OBJETIVIDAD VERDADERAMENTE EXISTENTE“ (61).

 

De este modo lo abstracto es la fuerza intelectual tratando de reflejar y reproducir correctamente lo concreto en la mente humana, en el pensamiento y en la teoría. El proceso de la abstracción científica, expresado en las ideas, los conceptos, las categorías, las teorías y las leyes, es una parte intrínseca del esfuerzo científico de aproximar continuamente el pensamiento subjetivo y la realidad objetiva, la conciencia subdesarrollada y la práctica social, la teoría revolucionaria y la práxis emancipatoria. En este proceso de abstracción lo abstracto mismo, es una parte fundamental de nuestra producción y reproducción histórica; lo concreto es precisamente el opuesto, el proceso histórico‑material que existe independientemente de la conciencia o de la abstracción humana.

 

El movimiento abstracto‑concreto y teórico‑práxico, lo explicó Karel Kosik de la siguiente manera:

 

„El método de ascenso de lo abstracto a lo concreto es el método del pensamiento; con otras palabras, esto significa que es un movimiento que se opera en los conceptos, en el elemento de abstracción. El ascenso de lo abstracto a lo concreto no es el paso de un plano (sensible) a otro (racional), sino un movimiento del pensamiento y en el pensamiento. Para que éste pueda avanzar de lo abstracto a lo concreto, debe moverse en su propio elemento, es decir, en el plano abstracto, que es la negación de lo inmediato, de la evidencia y de lo concreto sensible. El ascenso de lo abstracto a lo concreto es un movimiento en el que cada comienzo es abstracto, y cuya dialéctica consiste en la superación de esta abstracción. Dicho ascenso es, en general, un movimiento de la parte al todo y del todo a la parte, del fenómeno a la esencia y de la esencia al fenómeno, de la totalidad a la contradicción y de la contradicción a la totalidad, del objeto al sujeto y del sujeto al objeto. El progreso de lo abstracto a lo concreto como método materialista del conocimiento de la realidad es la dialéctica de la totalidad concreta, en la que se reproduce idealmente la realidad en todos sus planos y dimensiones. El proceso del pensamiento no se limita a transformar el todo caótico de las representaciones en el todo diáfano de los conceptos; sino que en este proceso, es diseñado, determinado y comprendido, al mismo tiempo, el todo mismo“ (62).

 

Entonces, ¿Qué es la epistemología, la teoría del conocimiento? En forma precisa, Lenin declaró:


 

„La unidad de la idea teórica (del conocimiento) y de la práctica ‑ y esta unidad precisamente en la teoría del conocimiento - que, como resultado se obtiene ‘la idea absoluta’ (y la idea, ‘lo objetivamente verdadero’)“ (63).

 

 

Posibilidad ‑ Realidad.

 

En otro trabajo (64) hemos analizado detalladamente esta categoría. Las siguientes citas sólo son una mayor información científica. Lenin criticó a Hegel en lo concerniente a la exposición de esta categoría en su Enciclopedia, de la manera siguiente:

 

„A propósito de la ‘posibilidad’, Hegel hace notar la vacuidad de esta categoría y dice en la Enciclopedia: ‘El que una cosa sea posible o imposible depende del contenido, es decir, del total de los momentos de realidad que en su desarrollo resultan ser la necesidad’.

 

‘LA TOTALIDAD, EL CONJUNTO DE LOS MOMENTOS DE REALIDAD, que en su desarrollo resultan ser la necesidad’.

 

El desarrollo de la totalidad de los momentos de realidad = la esencia del conocimiento dialéctico“.

 

Lenin agregó:

 

„En la misma Enciclopedia (...) las elocuentes palabras sobre la vanidad de la admiración de la riqueza y el fluir de los fenómenos naturales, y sobre la necesidad ... ‘de avanzar a una comprensión más estrecha de la armonía interior y de la uniformidad de la naturaleza ... ‘(PROXIMIDAD AL MATERIALISMO).

 

‘La realidad desarrollada como alteración de sus movimientos opuestos combinados en un solo movimiento, es la necesidad’ .

 

... ‘La necesidad es ciega sólo en la medida en que no es entendida...’

 

‘Le sucede a él (al hombre)... que de su actividad surge algo muy distinto de lo que había pensado y querido...’

 


‘La sustancia es una etapa esencial en el proceso del desarrollo de la idea“ (65).

 

Además, en una carta a N.D. Kiknadze (Nov. 1916), Lenin enfatizó que „el marxismo se basa en hechos y no en posibilidades“, pero „todas las transformaciones son posibles, incluso, la de un necio en un hombre de talento, pero esos cambios rara vez resultan reales, además de posibles“ (66).

 

Un mes después, en otra carta a Inessa Armand, Lenin fue más explícito:

 

„Sería ridículo negar la ‘posible’ transformación de la guerra imperialista en guerra nacional. Que no será ‘posible’ en el mundo! Pero por ahora esa transformación no se ha operado ... Es posible que un fenómeno se transforme en otro distinto y nuestra táctica no es rígida“ (67).

 

Y sobre el Socialismo Posible:

 

„Al transformar el capitalismo en socialismo, el proletariado crea la posibilidad de eliminar totalmente la opresión nacional; esta posibilidad se convertirá en realidad sólo, y ‘sólo’ con la aplicación integral de la democracia en todas las esferas ... que culminará con la extinción del Estado“ (68).

 

 

EL METODO DIALECTICO ‑ UNA METODOLOGIA CONCRETA

 

El cómo la Dialéctica metodológicamente se expresa científicamente, lo hemos demostrado anteriormente (69). Pero, tenemos que comprender que las diversas „etapas“ del proceso cognitivo mismo, están interrelacionadas dialécticamente. El método dialéctico tiene poco que ver con el método vulgar materialista de „reducción científica“. La verdad relativo‑absoluta, la veracidad de la existencia del método dialéctico es una cuestión práxica (Tesis N‑‘ 2, Marx, „Once Tesis sobre Feuerbach“, ver anexo).

 

El punto de Arquímedes es que la práxis teórica y la teoría práxica quiere decir, la ciencia‑filosofía, siempre tiene que ver con la aproximación de la esencia y de la apariencia, con el movimiento o proceso real de la historia dentro del contexto del cambio universal.


 

Sobre el proceso real del método dialéctico, Lenin reiteró:

 

„La dialéctica consiste, en general, en la negación de la primera proposición, en su reemplazo por una segunda (en la transición de la primera a la segunda, en la demostración de la conexión que existe entre la primera y la segunda, etc.).’ La segunda puede ser convertida en el predicado de la primera ‑‘por ejemplo, lo finito es infinito, uno es muchos, lo individual es universal...“‘ (70).

 

Y, él hizo hincapié en el hecho de que no todas las „negaciones“ son necesariamente negaciones dialécticas:

 

„Ni la negación vacía ni la negación inútil, ni la negación escéptica, la vacilación y la duda son características esenciales de la dialéctica ‑que sin duda contiene el elemento de negación que es, en verdad, su elemento más importante ‑; no, sino la negación como un momento de la conexión, como un momento del desarrollo que mantiene lo positivo, es decir, sin vacilaciones, sin eclecticismo“ (71).

 

Sólo así la dialéctica llega a ser metódica y metodológica; sólo así, la ciencia puede ser dialéctica, puede convertirse en la teoría‑práxis revolucionaria, en el proceso real de la emancipación histórica. Sólo así, la Dialéctica misma puede transformarse en una totalidad más desarrollada, quiere decir, en la Trialéctica, y podría traspasar en Inmanencia‑Trascendencia o la Multi‑ o Polialéctica Universal. Y más, sólo así, la dialéctica real y viva puede llegar a ser la herramienta científica y el arma teórico‑práxica invencible de la Revolución-Emancipación Permanente y de la Evolución‑Involución Transvolución espiral in perpetuum, ad infinitum.



NOTAS

 

(1)          El verdadero problema surge cuando las „teorías“ tomadas de las leyes erráticas de la lógica formal, que están basadas en „verdades absolutas“, no pueden explicar cómo el huevo ha llegado a ser pollo.

 

(2)          Diccionario: Chambers Twentieth Century Dictionary: Editado por A.M. Macdonald, W. C R. Chambers Ltd., publicado por Pitman, Bath (Great Britain), 1981. Nuestra traducción.

 

(3)          Ver: M.A. Dynnik, et. al.; (ed.); GESCHICHTE DER PHILOSOPHIE. Band I, Berlín: VEB Deutscher Verlag der Wissenschaften, 1960, p. 107.

 

(4)          Ver: MANDEL, Ernest; Late Capitalism. London: Verso, 1980, pp. 124. Traducción nuestra.

 

(5)          Ver: LEE, Franz; The Principle of Theory‑Praxis. Vol 1, Mérida, CEPSAL/ULA, mimeo, sin publicar, 1984, pp. 22‑25.

 

(6)          Ver: DYNNIK, M.A.; Historia de la Filosofía. Op.cit., pp.110‑111. Ver: LEE, Franz; The Principle of Theory‑Praxis. VOl.II, op.cit., pp. 211‑213; 225‑229; 292‑294.

 

(7)          LEE, Franz; Ibid., 281‑308.

 

(8)          Ver: LEE, Franz; The Principle... Vol. ONE & TWO, op.cit.

 

(9)          No obstante, la dialéctica de Marx es precisamente el opuesto de la dialéctica de Hegel.

 

(10)     Compare: MARX, Carlos; El Capital. Tomo III, México: Fondo de Cultura Económica, 5á ed., p. 16; y el mismo, Buenos Aires: Editorial Cártago, 1974, p. 24.

 

(11)     ENGELS, Federico; Prefacio al Tomo I en Marx, C.; El Capital. Buenos Aires: Cártago, 1973, p. 40.

 

(12)     ENGELS, Federico; Anti‑Dühring. Buenos Aires: Cártago, 1973, pp. 70‑71.

 

(13)     MARX, Carlos; El Capital. Tomo III, Buenos Aires: Cártago, 1974, p. 199.

 

(14)     MARX, Carlos; Fundamentos de la Crítica de la Economía Política. México: Grijalbo, 1971, p. 41.

 

(15)     Ver: Hegel; La lógica.

 

(16)     LENIN, V. I.; Cuadernos Filosóficos. Madrid: Ayuso, 1974, p. 126.

 

(17)     Citado por Lenin, ibid., p. 127.

 

(18)     Ibid., ver: pp. 86 y 127.

 


(19)     Ibid.,p.207.

 

(20)     Ibid., pp. 207‑208.

 

(21)     ENGELS, Federico; Ludwig Feuerbach y el Fin de la Filosofía Clásica Alemana. Buenos Aires: Cuadernos de Pasado y Presente, 1975, p. 21.

 

(22)     Ibid., p. 22.

 

(23)     MARX, Carlos; El Capital. (Palabras finales, segunda edición alemana, 1873). Buenos Aires: Cártago, 1974, p. 31. „Lo contrario’ debería ser traducido como „el opuesto“. „Lo contrario“ es un término estático de la lógica Formal.

 

(24)     Idea.

 

(25)     LENIN, V.I.; Fuentes y partes integrantes del Marxismo. México: Grijalbo, 1970, p. 127.

 

(26)     LENIN, V.I.; Cuadernos Filosóficos. Op. cit., pp. 345‑349.

 

(27)     Ver: LEE, Franz; The Principle of Theory‑Praxis. Op. cit.

 

(28)     ENGELS, Federico; Dialéctica de la Naturaleza. Buenos Aires: Cártago, 1975, p. 175.

 

(29)     Idea.

 

(30)     Hegel; lógica . Tomo II, op. cit., pp.173‑186, citado por Lenin; también ver: MARX, LENIN, ENGELS; Antología del Materialismo Dialéctico. Colombia: Suramérica Ltda., 1977, pp. 163‑168.

 

(31)     Hegel; op. cit., p. 177, citado por Lenin.

 

(32)     LENIN, V.I.; Cuadernos Filosóficos. Op.cit., pp. 146‑147.

 

(33)     Idea. .

 

(34)     MARX, LENIN, ENGELS; Antología del Materialismo Dialéctico. Op. cit., pp. 149‑150. Citas de Carlos Marx: „Miseria de la Filosofía“.

 

(35)     Ver: LENIN, V.I.; Materialism and Empirio‑Criticism (1908). New York: International Publishers, 1927, p. 157 f. (trad. del autor).

 

(36)     MARX, C., ENGELS, F.; Tesis sobre Feuerbach y otros Escritos Filosóficos. México: Grijalbo, 1970, pp. 9‑10. Más preciso es hablar de la Práxis y sobre la Teoría „Práxica“. En original, Marx utiliza el concepto „die Praxis“.

 

(37)     MARX, Carlos; Salario, Precio y Ganancia (1865). Madrid: Ed. Ricardo Aguilera, 1968, pp. 49‑50.


 

(38)     MARX, Carlos; El Capital. Tomo III, en Marx y Engels; Obras, Tomo 25, Parte II, Moscú, sin fecha, Ed. Progreso, p. 384.

 

(39)     Ver: SELSAM, Howard y MARTEL, Harry (comp.); Reader in Marxist Philosophy. New York: International Publishers, 1977, 9th. Printing, pp. 140‑141. (Trad. del autor).

 

(40)     ENGELS, F.; Del Socialismo Utópico al Socialismo Científico. Prólogo a la edición inglesa de 1892, en: MARX Y Engels; Obras Escogidas. Tomo 7, Buenos Aires: Ciencias del Hombre, 1973, p. 277.

 

(41)     LENIN, V.I.; Cuadernos Filosóficos. Op. cit., pp. 348‑349.

 

(42)     Idea.

 

(43)     ENGELS, Federico; Anti‑Dühring. La Habana: Ed. Pueblo y Educación, 1975, pp. 106‑107.

 

(44)     Ibid., pp. 108‑109.

 

(45)     LENIN, V.I.; Materialismo y Empirocriticismo. Barcelona: Laia, 1974, p. 137.

 

(46)     Ibid., pp. 144‑‑145.

 

(47)     Ibid., p. 154.

 

(48)     LENIN, V.1.; Cuadernos Filosóficos. Op. cit., p. 187. Para nosotros: la „práctica“ = la Práxis.

 

(49)     Ver: ENGELS, Federico; La Dialéctica de la Naturaleza. Op. cit.

 

(50)     Ver: MANDEL, Ernest; Late Capitalisa. London: Verso, 1980, Second Impression, pp. 14f. Traducción nuestra. Ver: LENIN, MARX, ENGELS; Antología del Materialismo Dialéctico. Op. cit., pp. 212‑215.

 

(51)     KOSIK, Karel; Dialéctica de lo Concreto. México: Grijalbo, 1976, p. 28.

 

(52)     Ver: LEE, Franz; The Principle of Theory‑Praxis. Op. cit., pp. 1‑3.

 

(53)     Ibid., pp. 44‑53. Traducción nuestra.

 

(54)     NOVACK, George; An Introduction to the Logic of Marxism. New York: Pathfinder Press, 1978, p. 113. Traducción nuestra.

 

(55)     Ibid.

 

(56)     LENIN, V.I. Cuadernos Filosóficos. Op.cit., p. 144.

 

(57)     Ver: LEE, Franz; The Principle... Op.cit., Tomo I, libro II, pp. 225‑234; 263‑267; 281‑308. Traducción nuestra.

 


(58)     LENIN, V. I.; Cuadernos Filosóficos. Op. cit., pp. 220‑221.

 

(59)     MANDEL, E.; Late Capitalism. Op.cit., p. 15. Traducción nuestra.

 

(60)     MARX, Carlos; Fundamentos de la Crítica de la Economía Política. Op. cit., p. 41. ,

 

(61)     LENIN, V. I.; Cuadernos Filosóficos.. Op. cit., p. 205.

 

(62)     KOSIK, Karel; Dialéctica de lo Concreto. Op. cit., p. 49.

 

(63)     LENIN, V. I.; Cuadernos    Op. cit., p. 205. Otra vez, „la práctica“ quiere decir „la práxis“.

 

(64)     Ver: LEE, Franz; La Categoría „Posibilidad‑Realidad°, una guía de Ciencia Política. Ver anexo.

 

(65)     LENIN, V. I.; Cuadernos Filosóficos. Op. cit., p. 145.

 

(66)     LENIN, V. I.; Obras. Tomo 35. Buenos Aires: Ed. Cártago, 1960, p. 246.

 

(67)     Ibid., pp. 270‑271.

 

(68)     Ibid., Tomo 22, p. 344.

 

(69)     Ver: Capítulo Primero.

 

(70)     LENIN, V. I.; Cuadernos    Op. cit., p. 212.

 

(71)     Ibid.