CAPITULO PRIMERO

 

LA DIALECTICA, EL METODO DIALECTICO Y EL PENSAMIENTO DIALECTICO

 

         Veritas odium parit.

(Terence, Andria, I. i. H.)

 

¿QUO VADIS? ¿QUE HACER?

 

Dentro del proceso eterno y universal de la materia, el pensamiento humano, el pensar y la consciencia comienzan en cualquier parte. Yo soy, eso es, ellos son, nosotros somos. Soy, es, son, somos, son expresiones para identificar las diversas formas del Ser. Viendo, escuchando, tocando, oliendo, sintiendo, gustando, son todas manifestaciones orientadas y relacionadas hacia el fluir, el movimiento, el crecimiento, el nacer y el perecer, la existencia y el transcurrir del tiempo. En suma, actuando, actos, acciones, práctica y práxis (1). Cada cosa fluye. El Ser es, el Llegar‑a‑Ser es llegar a ser, y el Llegar‑a‑Ser es.

 

Para nosotros, la base material de todos estos procesos es la contradicción fundamental „sociedad‑naturaleza“, esto es, el proceso de la producción y reproducción humana, la historia. Cada cosa fluye, cada cosa está en proceso, cada cosa llega a ser y a transcurrir. El proceso evolutivo, el proceso involutivo, la génesis, el ocaso, el fluir y el cambiar asumen formas multidimensionales, multilineales, polifásicas, multihistóricas y multiversales. La base científica de la Dialéctica es el movimiento polihistórico e histórico, universal y multiversal de la Evolución‑Involución y de la Involución‑Evolución de la materia.

 

El proceso, la cosa, está compuesto de afirmación y negación, es decir, la unidad y contradicción de opuestos. La interacción dialéctica de ambas dimensiones del movimiento, del cambio y del fluir, se manifiesta en el pensamiento humano, en la acción humana, en la materia, en la historia, en el cosmos multiversal y polihistórico. La vida humana es la interpenetración del pensamiento y la acción humana, de la ideología‑práctica humana y la teoría‑práxis humana. Para comprender la realidad social y humana, la compleja y multipleja polivelocidad del movimiento de la teoría humana, debemos continua y continuadamente aproximarnos al movimiento humano, interno y externo, y al movimiento y transformación social y viceversa. Esta historia, en el sentido del proceso universal, sólo puede ser inteligible a través de la actividad humana, por medio de la ciencia del movimiento, la lógica del cambio, esto es la Dialéctica. Esta opera en la contradicción materialismo‑idealismo, la cual es, históricamente, una forma de la esencia de la filosofía y cuyo sustrato es la materia in perpetuum.

 

Ahora, ¿Qué es la vida? ¿Cuál es la real novedad y originalidad del pensamiento y de la acción? ¿Por qué cada cosa está en proceso, es Ser‑Llegando‑a‑Ser? ¿Por qué cada cosa contiene lo nuevo y original en su esencia material?

 

Universalmente, el hombre es primogénito, tiene la capacidad de estar siempre a la vanguardia. Históricamente la sociedad es dinámica, productiva y en transición. Socialmente, viviendo el trabajador en latencia y tendencia, tiene la potencialidad y la potencia para crear, concretar y procrear, las condiciones materiales e intelectuales para la emancipación humana, la transformación social y la verdad histórica en condiciones subjetivas y objetivas realmente posibles. Práxico‑teóricamente, el revolucionario, el socialista, subjetiva y objetivamente, puede trascender y sobrepasar la „fase“ prehistórica de la historia humana, por medio de un salto dialéctico cualitativo desde la involucionaria realidad de la necesidad, al evolucionario dominio de la libertad.

 

Consecuentemente, ¿Cuál es la verdad del pensamiento filosófico? ¿Es un ingenioso sumario enciclopédico de los medios capitalistas contemporáneos intelectualizados, explotados por los medios de producción? ¿Es una sinopsis o síntesis de todo esto, o todavía más, de la ortodoxia „socialista“ y „comunista“ dogmática y de la vulgar fraseología materialista y sofística? ¿Es un aprendizaje emotivo de Hegel, Marx, José Martí, Simón Bolívar, Ernst Bloch o León Trotsky?... Desde mediados del siglo XIX sabemos que las ideas, los conceptos, las categorías y las leyes dominantes de una época en una sociedad dividida en clases, son principalmente aquéllas de las respectivas clases dominantes, que contienen y expresan sus privilegios específicos de clase, sus intereses, sus ventajas. Aquéllas sólo expresan la verdad parcialmente, pero no la verdad universal e histórica. En una sociedad dividida en clases, se refleja y reproduce la verdad relativa de la propiedad privada de los medios de producción, incluyendo la propiedad privada „nacionalizada“.

 

De allí que, ¿Cuál es realmente el pensamiento filosófico, que está dialécticamente referido a la acción filosófica, en otras palabras, a la teoría‑práxis social?

 

Fundamentalmente podemos decir que éste es supraesencial, procesal, científico y racional. Está siempre situado dentro del desarrollo histórico‑social y del proceso intelectual involucionario y evolucionario, que refleja y .reproduce la efímera realidad en el intelecto humano y que se empeña y tiende hacia la teoría‑práxis revolucionario‑emancipatoria. En este sentido, pensamiento humano y teoría son transformados cualitativamente dentro de las fuerzas histórico‑sociales, con potencias y potencialidades que generan latencias, tendencias y posibilidades que crean las condiciones materiales necesarias para la emancipación. Estas son indispensables para la materialización de la verdad histórica y la libertad, herramientas fundamentales para el pensamiento filosófico; y en tanto que ellas son relativas a la multivelocidad del movimiento, necesariamente requieren ser activas, precisas, sensibles y pendulares entre teoría y práxis. Sólo tal „aguja magnética“ del pensamiento con „precisión cronométrica“ podría detectar que la negación de la materia es la negación del espíritu, es decir, la Nada. Además, esa negación del espíritu, de Dios, es la negación de la materia. La Nada es la negación de ambos. En cualquier suceso, la Materia y Dios son categorías materiales e ideales, lógicas y abstractas, universales y cognoscitivas, respectivamente.

 

Se deduce que si nosotros queremos realmente estar vivos, si estamos interesados en pensar, entonces, el pensamiento y el pensar humano deben ser lógicos, dialécticos, activos y teleológicos, razonando en perpetuo movimiento. Cualquier otra forma de pensar humano cae en el reino de la prehistoria, de la irracionalidad, de la ignorancia, de la superstición, de lo mágico, de la religión, de la ideología. La „verdad absoluta“, la „verdad del Evangelio“, pertenecen a la lógica formal y al idealismo vulgar. No es un crimen el que un individuo no refleje en su pensamiento la huidiza realidad ‑errar humano es, aprender es lo revolucionario. El verdadero crimen histórico es fomentar la irracionalidad, la ignorancia, falsificar la verdad relativa e histórica, e inculcarla en la mente de millones de explotados, „los condenados de la Tierra“ (Fanon).

 

Así, lo original y nuevo del pensamiento no es una cacería intelectual de los opositores para que después de conocer, y debido a ese conocimiento, adquiera un „garrote“ con el grado universitario o aun obtener brillo en la cátedra universitaria. Esto es el equivalente a alcanzar los mejores privilegios por la vía del conocimiento y obtener los más altos y costosos valores de cambio. La sola lucha por el „status“, por acumular muchos hechos lógico‑formales, convierten al hombre en una enciclopedia ambulante, pero no en un hombre: el maestro y sirviente del universo. El conocimiento científico contiene un material esencial: ¿De dónde?, ¿Acerca de qué?. ¿Para quién?, ¿Por qué?, ¿Por lo cuál?, ¿A qué?.

 

Con tales contenidos radicales donde el hombre en sí mismo es la raíz de la historia a través del pensamiento, no puede continuar ensimismado en un éxtasis, en una laxitud lógico‑formal y en una pasividad empirista y positivista; más precisamente, no puede estimular la aversión al trabajo productivo, al difícil trabajo histórico. El trabajo y el trabajador tienen objetivos históricos específicos, que tienen muy poco en común con la acumulación de capital y con los extravagantes gustos del consumismo. Se deduce, por lo tanto, que en cuanto a vivir, en cuanto a desarrollar una vida creativa, para complacerse en la creatividad, para erradicar la alienación humana, sólo la filosofía teórico‑práxica es la panacea científica contra la abulia, el cretinismo y la opresión de las clases gobernantes.

 

La filosofía, el amor de y para la sabiduría, no es la lógica formal descubierta por los antiguos griegos, sino más bien un producto histórico de la humanidad. Sin orientación práxico‑teórica, ‘el homo sapiens’ nunca podría haber dejado la caverna en ninguna parte del planeta. En efecto, él habría perecido indefectiblemente allí. Consecuentemente, la filosofía teórico‑práxica, es decir, la filosofía científica, es una inevitable impronta de la vida del hombre. Cada ser humano, por su naturaleza, es potencialmente un filósofo. Desde Tales, no tenemos ninguna excusa para no vivir filosofando. ¿Qué es lo que le impide a cualquier hombre o mujer producir formas de pensamiento originales y nuevas acciones consigo mismo o su ambiente productivo inmediato para lograr placer, creación y emancipación? La respuesta no es mérito de un gran pensamiento filosófico. Seguro que los niños, que son filósofos por excelencia, sonreirían ante tan sencilla pregunta.

 

El pánta rhei de Heráclito, ‑ todo fluye ‑, necesariamente forma parte de la vida de cualquier trabajador actual o de un escolar de nuestros días. Cada hombre común está viviendo la verdad histórica de este principio de teoría‑práxis, de la cósmica evolución‑involución e involución‑evolución. Si no conoce esto, en la hora de la muerte, tendrá que creer en esta inexorable verdad de la vida. En lo más profundo y en la cima de su mente ‑ que son sinónimos ‑ irradiará y radicará la aurora de las ideas y de los conceptos humanos. Así, el pensamiento humano como pensamiento filosófico, es productivo, creativo, es decir, pensamiento social‑emancipatorio. Pensemos: ¿Por qué estamos vivos? Vivimos no porque estamos vivos, sino porque queremos permanecer viviendo tanto como sea posible, debido a que queremos autorrealizarnos y autoemanciparnos a nosotros mismos. No es asunto de „lo que será, será“, tampoco de que „cada cosa es posible“ ni aun que „la historia se autorrepite“, sino de una lucha dialéctica entre vida y muerte para crear cada cosa, la cual nunca ha existido perpetuamente, y no existirá en lo sucesivo.

 

Volviendo al pensamiento humano, nuestro proceso de vida individual social e histórica tiene que ser reflejado, producido y reproducido en el pensamiento humano. Nuestras expresiones mentales e impresiones individuales, la objetivación de nosotros mismos, y la subjetivación de la naturaleza tiene que ser como el más claro y límpido cristal. „Yo soy“, „nosotros somos“, „yo sé“, „nosotros sabemos“, tiene que estar mediatizado en una forma afluente y corriente, compleja y multipleja, polihistórica y multiversal. La novedad y originalidad del comenzar y del comienzo de este proceso están allí donde nosotros nos encontramos a nosotros mismos en el proceso histórico. Tanto como queremos vivir, nunca es demasiado tarde para mejorar.

 

Desde la génesis del hombre en este planeta, podemos trazar la resplandeciente pista del desenvolvimiento de la teoría de la evolución, es decir, de la teoría revolucionaria, la cual, continua y continuadamente trata de producir y reproducir, de aproximar intelectualmente la multipleja, multidimensional, multiveloz y multifluyente realidad del Ser‑Llegar‑a‑Ser y del Llegar‑a‑Ser Ser y pasar y sobrepasar este Ser y concretarlo en la práxis humana total, en la materia, en la matriz de la teoría humana. Pero cada cosa no es teoría, y de manera semejante, cada idea no expresa una existencia, fenómeno o realidad. Consecuentemente, la evidencia de que „el pudín siempre es para comerlo“, la prueba de la veracidad de cada cosa, consiste en su esencia teórico‑práxica. En la historia, sólo lo que cuenta con las condiciones materiales e intelectuales para llegar a ser y consumirse, puede evolucionar e involucionar en la realidad. Sin estas condiciones, una idea, un fenómeno o proceso, no puede realizarse, no puede materializarse. Esta es una simple verdad que la ciencia teórico‑práxica nos enseña cada día.

 

Lo original, lo nuevo, es la perspectiva terrenal del pensamiento y de la acción humana. Las ciencias humanas, incluyendo a la ciencia política, como teoría‑práxis, siempre tienen una latencia de algo, y una tendencia hacia algo, hacia cualquier proceso. ¿Cuál es entonces el sustrato de lo nuevo, de la teoría‑práxis?. Es precisamente aquellos que todos los filósofos hasta ahora, han visualizado como arché, hýle, el principio y el origen de todo cuanto existe. Los idealistas vulgares, los teólogos divinos, los metafísicos desnaturalizados, los administradores de la inquisición, los que dieron origen al Tercer Reich y al Apartheid, los protagonistas del holocausto nuclear, mutatis mutandis, deliberadamente abandonan el reino del planeta Tierra y lo descubren en la trascendencia, en el dominio de la pre y post Existencia Universal, en la Idea Absoluta y en la Verdad Absoluta, en una nueva y suprema Inteligencia. Naturalistas, físicos, atomistas, panvitalistas, ateos y materialistas dialécticos como Tales, Heráclito, Demócrito, Epicúreo, Aristóteles, Avicena, Averroés, Avicebrón, Bruno, Leibniz, Feuerbach, Marx, Engels, Lenin, Trotsky, Mandel, Bloch, etc., han descubierto y descrito el arché como materia dentro del cosmos viviente, infinito, eterno en sí mismo. Pensaron explicar el universo fuera de sí mismo, aunque sólo el hombre lo puede cambiar y mejorar en sus condiciones de vida. La materia como tal es Ser‑Llegar‑a‑Ser, en millares de apariencias poliformes: orgánicas, inorgánicas, energéticas, „espirituales“, parasicológicas, etc., revelándose en multitudinarias estructuras organizacionales y en múltiples y complejas dimensiones, grados, magnitudes y dimensiones microscópicas y macroscópicas.

 

La materia ha creado y todavía está creando al homo sapiens, esto es, al hombre que es activo y que piensa. En lo relativo al hombre y su madre, su „mater“ es la materia. En relación a nuestra teoría práxica y práxis teórica, en las páginas siguientes veremos la filosofía acerca de la materia, el materialismo ‑ idealismo dialéctico, „la cabeza del proletariado“ (Marx).

 

 

DIALÉCTICA Y MÉTODO DIALÉCTICO

 

El verdadero pensamiento humano es científico en el sentido filosófico. Sin embargo, ¿Qué es un pensamiento no científico, no filosófico?. Es el pensamiento que está osificado y petrificado en los „hechos“ eternos y en las „verdades absolutas“. Es un pensamiento unilateral, plano, en el cual nada nuevo sucede, nada tiene movimiento real, en el que nada es pensado en su lógica, en sus fines racionales, en su proceso de síntesis. Es un falso razonar que no está fluyendo en el hilo rojo, ya que está colocado en la cadena del collar de ideas fijas, agotado en la monomanía, refunfuñándose a sí mismo en las verdades absolutas.

 

Pero, hay otros caminos y métodos más sofisticados del pensamiento no dialéctico. „No todos los números son impares“, „no todo lo que brilla es oro“. Así, encontrándose uno mismo en un laberinto de contradicciones, no cuenta con el hilo de Ariadna para comprender o aplicar el método dialéctico. Uno no comprende todavía el movimiento, los elementos vivientes, la esencia de la realidad universal. „A“ continuará siendo „A“, un „hecho“ será siempre un „hecho“; „A“ y „B“ no tendrán ninguna relación entre sí; no serán capaces de cambiarse la una en la otra, ni mucho menos llegarán a ser „C“. Un huevo nunca llegará a ser pollo; el capullo nunca llegará a florecer ni a dar flores. A despecho de las millares de cosas „contrarias“, no hay método en este caos.

 

Consecuentemente, ¿Qué es el método dialéctico?

 

Más tarde, nos referiremos extensamente a la Lógica Formal y a la Lógica Dialéctica, en relación al Materialismo Dialéctico y a las leyes de la Dialéctica. Es importante notar que el Materialismo Dialéctico es la Afirmación dentro de la Filosofía; lógicamente, el Idealismo Dialéctico sabio es la Negación. Sintetizaremos la esencia de la Dialéctica, su método y metodología.

 

En la historia de la Filosofía encontramos muchos antecedentes del método dialéctico. Podemos mencionar las tres categorías del filósofo pre‑socrático Ion, el método socrático, el Triángulo Divino del conocimiento absoluto de Platón (teoría, práctica y poética); el triángulo aristotélico con sus caras geométrica, política y arquitectónica, y el método dialéctico idealista de Hegel. Kant, Fichte y Hegel, aunque no son materialistas, han pensado como nosotros que la dialéctica tiene tres movimientos: unidad inmediata de un concepto; contradicción entre los conceptos mismos; y una nueva unidad de los conceptos consigo mismos, mientras resuelven sus propias contradicciones. En otras palabras, Tesis, Antítesis y Síntesis; o Afirmación, Negación y Negación de la Negación. El método dialéctico desarrollado como metodología dialéctica se distingue plenamente de todas las metodologías idealistas.

 

En adición, para la lógica formal se han definido límites y limitaciones. Sin embargo, aquélla utiliza para la investigación científica el análisis y la síntesis, dado precisamente por el ya citado movimiento intelectual que se corresponde con los varios modos de involución‑evolución de las ideas, conceptos, categorías, teorías; leyes, procesos y fenómenos de la realidad subjetiva, objetiva, social, histórica y universal. Puesto que cada cosa está fluyendo, dado que la realidad está siempre en cambio, consecuentemente la herramienta humana del pensar más efectiva es la ciencia, la lógica del movimiento, la Dialéctica. En este sentido, la dialéctica es una ciencia y una lógica del cambio y del movimiento. Ella no fue creada o fabricada por los antiguos chinos o filósofos hindúes o por los hilozoístas pre‑socráticos o aun por Hegel y Marx, sino que fue descubierta por todos ellos, y cada pensador dialéctico está haciendo una contribución científica para entender las leyes de la sociedad, de la historia y del universo, las cuales, en sí mismas, están sujetas a cambio, a dialéctica.

 

Cuando razonamos de acuerdo a la tesis, llegamos a la conclusión de la insensatez de la abstracción ortodoxa, que es un dogma vulgar, ya sea en el idealismo o en el materialismo. Pensando sólo en términos de antítesis vamos a parar en el escepticismo, el agnosticismo y el nihilismo. Siguiendo estas líneas del pensamiento, aún inconscientemente, en ellas, se encuentran las leyes de la dialéctica; porque siguen un proceso incorrecto del pensamiento, el pensar humano nunca alcanzará una síntesis, nunca será científico en el sentido filosófico.

 

Aunque en la historia de la filosofía, el escepticismo, el agnosticismo o el existencialismo, son calificados como expresiones o productos de la filosofía, hablando rigurosamente ellos sólo forman parte de la negación idealista dentro de la unidad y contradicción de la filosofía. Son, al revés, inclinaciones del pensar humano, irracionales, acientíficas y reaccionarias que deben ser erradicadas por la filosofía proletaria, por la teoría-práxis revolucionario‑emancipatoria. Cuando Sócrates afirmó „sólo sé que nada sé“ colocó una contradicción dialéctica que necesitaba de una síntesis, de una solución para ser „epistéme“ y „gnósis“, es decir, ciencia.

 

Así, pensar en términos de contradicción, actuar en y por la contradicción, es la Dialéctica teórico‑práxica. Como Heráclito estableció: „el opuesto es bueno para nosotros“. Sin embargo, no podríamos dejar de considerar, lo dicho antes sobre el laberinto de cosas contrarias y consecuentemente, desterrarnos, aislarnos, porque no hay método en nuestra locura. Sólo usando el método y la metodología dialéctica, podemos utilizar las herramientas científicas de la contradicción. La contradicción no es la oposición o negación simple, no es una permanente negación de ‘cada cosa; la contradicción es afirmación y negación al mismo tiempo. Aún más, se está sintetizando a sí misma al mismo tiempo. Por lo tanto, son tres sus movimientos.

 

Es la teoría‑práxis que aspira a una aproximación de la realidad objetiva y subjetiva, esto es, precisamente, lo que tenemos que hacer en cada momento de nuestras vidas, aun durante el proceso de sueños, de subconsciencia y de producción y reproducción intelectual; porque el hombre está aún en su prehistoria en lo relativo a su pensamiento y razonamiento lógico, es posible entender por qué. Esta es la causa del porqué sólo uno entre cien, o probablemente mucho menos, han realizado sus expectativas, sueños, deseos o aspiraciones, o aún están realizándolos. Tales metas tienen que ser formuladas en términos realistas, metodológicos, dialécticamente razonadas. Deben contar con las condiciones materiales y concretas y las condiciones intelectuales posibles.

 

La dialéctica fue descubierta antes del nacimiento del sistema capitalista, antes del surgimiento del socialismo científico, en realidad, mucho antes que hubieran nacido los padres del marxismo: Marx y Engels. La dialéctica existió sin el socialismo científico (2). Pero, a la inversa, el socialismo científico es nada sin la dialéctica. Con el propósito de dar mayor claridad científica, y aplicando la lógica formal donde es posible utilizarla, podemos separar artificialmente teoría y práxis, y establecer que la filosofía, la teoría del marxismo, es materialista, histórica y dialéctica, y que la práxis histórico‑social del marxismo, es el socialismo. En realidad, el marxismo, el socialismo y el materialismo están íntima y dialécticamente interrelacionados, pues ellos componen el principio de la teoría‑práxis humana.

 

Como lo establecimos anteriormente, nuestro punto de partida es eterno, la materia viviente y fluyente. Lo que nosotros hemos analizado e investigado en los ensayos, los artículos, las tesis u obras magnas, son siempre desarrollos específicos y esenciales, formas o apariencias de la materia. En efecto, cada conocimiento científico es un estudio intensivo de un aspecto específico del movimiento de la materia. Para ser científicos tenemos que aproximarnos dialécticamente a nuestro objeto de investigación, en un proceso. La mayor contradicción que encontramos en todos los procesos universales, históricos, sociales, humanos e intelectuales, es la Evolución‑Involución, la cual constituye parte de la esencia de la mayor contradicción de la materia. En la historia podemos detectar la contradicción naturaleza-sociedad; en el capitalismo podemos detectar la contradicción sociedad‑naturaleza; en el hombre la encontramos bajo la forma de contradicción teoría‑práxis, la cual refleja, otra vez, la contradicción sociedad‑naturaleza, y así sucesivamente, contradicciones anticipatorias polihistóricas y multiversales. Todas ellas tienen en latencia „el todavía no“, y en tendencia el Todo y/o la Nada. Resumiendo, el Método Dialéctico y su metodología utilizan categorías contradictorias que nos revelan el movimiento, la esencia y la apariencia de la materia o algún modo de existir de la materia.

 

Hasta ahora hemos utilizado algunas de las categorías fundamentales del método dialéctico: Evolución‑Involución; Latencia‑Tendencia; Esencia‑Apariencia; Forma‑Contenido; Universal‑Particular; Relativo‑Absoluto, etc. Otras son: Necesidad‑Casualidad; Continuo‑Discontinuo; Cantidad‑Calidad; Causa‑Efecto; etc. Todas están relacionadas e interrelacionadas entre, sí, por ejemplo, lo Absoluto es relativo a lo Relativo, y, a la inversa, lo Relativo es relativo a lo Absoluto; y lo Absoluto es absoluto a lo Relativo; y lo Relativo es absoluto a lo Absoluto.

 

No existe otro método o metodología, especialmente uno que podamos usar en nuestra educación occidental (incluso dentro de aquellos que a sí mismos se llaman „científicos“ o „dialécticos“), que nos puedan expresar y proporcionar una profundidad analítica de tal magnitud. Pero lo nuevo y lo original resultan difíciles de imponer. Tienen grandes dificultades para que sean conocidos y aceptados, especialmente después de 2500 años de lógica formal, idealismo y teología. Consecuentemente, es muy difícil encontrar la auténtica dialéctica en la teoría-práxis. En efecto, subconscientemente y en situación de ansiedad, como lo es conseguir el pan nuestro de cada día en la sociedad capitalista, nosotros somos presa fácil de la lógica formal, de la metafísica y del razonamiento estático. Destellos de tales errores los encontramos, incluso, en los trabajos de los grandes pensadores dialécticos. Donde estuvieron equivocados fue precisamente allí donde insidiosos pensamientos no dialécticos se les deslizaron desapercibidamente.

 

Porque este trabajo es el resultado de cinco constantes aros de teoría‑práxis en la universidad, y porque el sujeto y el objeto de la investigación han cambiado permanentemente, no estaría libre de tales y necesarias corrientes de conscientización progresiva. Por razones pedagógicas, y porque trato de escribir con un fluido pensamiento dialéctico, corregiremos los errores más obvios del manuscrito original, Revisarlo completamente implicaría escribir un tratado nuevo y original, que podría convertirse en tentación para constar un crimen contra lo nuevo, la novedad de los años pasados. La verdad de ayer no es necesariamente la verdad de hoy, que será una falsedad mañana, y que podría haber sido verdad ayer. Nosotros queremos decir, que al hablar de la verdad, ésta es una „verdad relativa“, relativa a la „verdad absoluta“, ya que sólo estamos tratando de ilustrar e iluminar el camino hacia la verdad histórica y la verdad relativo‑absoluta universal.

 

Para llegar a las categorías contradictorias, hemos probado la veracidad de los conceptos contradictorios en la realidad material. Para ser capaces de una abstracción, de formular conceptos, tenemos que investigar la esencia científica de las ideas contradictorias, las cuales derivan directamente de los sentidos, y parcialmente de la percepción cognoscitiva. La idea es la abstracción histórica más concreta. Ciertamente, la designación, o más bien, el apelativo de „amigos“ o „patrones“ por un capitalista a sus sudorosos trabajadores en las minas de oro de Witwatersrand en Sudáfrica, y la connotación de „asalariado“ e „infeliz“ por el trabajador mismo, son ideas contradictorias. A nivel de abstracción teórica, de los conceptos, categorías y teorías, podemos verificar fácilmente que el trabajador, el obrero, estaba contando la verdad „relativa“ y que el capitalista estaba contando una „absoluta mentira“.

 

Dentro de la historia, la investigación ,científica, ‑ de acuerdo a la metodología dialéctica ‑ siempre se mueve progresivamente desde lo concreto (idea) a través de la conceptualización y teorización, a lo abstracto, y al revés, otra vez a lo concreto, en una nueva espiral más elevada, histórica y dialéctica. Sólo así la teoría social puede aproximarse a la fugaz realidad; sólo así, es como el „búho de Minerva“ puede levantar su vuelo al comenzar la aurora. Así, el método dialéctico siempre está en una progresión desde lo concreto a lo abstracto, desde lo abstracto a lo concreto, donde lo concreto está precedido por un proceso similar, y donde lo abstracto se desarrolla hacia un nuevo concreto. Esto es lo que hemos llamado nuevo, filosofía original en el sentido del pensamiento científico. Este puede ser realizado por cualquier niño, y en efecto, esto es lo que cada niño está haciendo, porque todavía está relativamente libre de la manipulación de la ideología y de la represión paternal. Esto puede ser realizado por un esclavo como Espártaco, o por Einstein en su Teoría de la Relatividad. En realidad, es lo más natural y normal para el pensamiento y la acción. Nada es más simple que la dialéctica o el pensamiento dialéctico. Lo que hace al trabajador convertirse en „Sísifo“ son las telarañas de la ignorancia, de la laxitud mental y la ideología pseudo filosófica de los „camaradas“.

 

La sistematización de la lógica formal fue un logro de la sociedad esclavista y del feudalismo. Fue la burguesía revolucionaria, ayudada por el filósofo del Estado prusiano, Hegel, la que desarrolló la Lógica Dialéctica como una herramienta científica para explicar la realidad contemporánea del capitalismo y el socialismo. La lógica formal dio nacimiento a la Dialéctica. Sin embargo, y como Rosa Luxemburgo tan puntualmente señaló, la madre murió cuando el niño estaba naciendo, lo cual no significa que nosotros neguemos crédito científico a la historia de la madre, del mismo modo que le damos crédito a Rosa Luxemburgo por haber establecido dialécticamente que sin democracia no hay socialismo, como sin socialismo no hay democracia. Esta es la dialéctica, el método dialéctico y la metodología dialéctica operando en sus formas más teórico‑práxicas, revolucionarias y emancipatorias. La síntesis de lo anterior, demuestra claramente que el hombre no ha realizado todavía la democracia o el socialismo en ningún lugar del planeta o de la historia.

 

Recopilando, cada nueva y original forma del pensamiento, cada investigación o tesis, que aplica el método dialéctico, son expresiones de la metodología dialéctica, verificaciones de la dialéctica y del método dialéctico. Por lo mismo, son contribuciones al enriquecimiento del método y sus fluyentes objetos de investigación. El método no puede estar separado de la realidad. Más aún, la metodología no puede estar disociada del método. No hay un libro de cocina, un recetario o un horario para la dialéctica, el método dialéctico o aun la metodología científica, la metodología dialéctica. Tampoco la realidad puede estar separada del método o de la metodología. El pensar (Teoría, Filosofía), tiene que aproximarse progresivamente a la realidad (Práxis, Ciencia), y a la inversa: el sujeto de la investigación tiene que ser objetivado y el objeto de la investigación tiene que ser subjetivado. Sólo entonces, la Síntesis y el Análisis académico, la verificación de las hipótesis (los Problemas) y las Teorías, llegarán a ser Teoría‑Práxis científica, esto es, Verdad evolucionario‑involucionaria, relativo‑absoluta, la Revolución‑Emancipación.

 

Resumiendo, Marx en los Grundrisse, explicó que el método dialéctico es progresivo desde lo abstracto (desde la teoría), que está derivada de la práxis, a lo concreto. Este es el único método en el cual el pensamiento podría apropiarse de lo concreto, podría reproducirse en la mente humana; lo concreto es el punto de partida y el propósito final del conocimiento. Por lo tanto, hay unidad en los procesos científicos del análisis y la síntesis. Un resultado abstracto, una teoría, sólo es verdadera si es capaz de reproducir los diversos elementos en la realidad, el objeto de la investigación. Hegel ya lo declaró, sólo „la Verdad es el Todo“; y el „Todo“ es la unidad y contradicción de lo abstracto y lo concreto, es la unidad de los opuestos, y no la identidad de los opuestos. Uno de los más importantes logros del método dialéctico es enfatizar que la reproducción de la totalidad histórica concreta sólo llega a concluir con su aplicación a la práxis humana concreta. Esto significa que cada „etapa“ del proceso de investigación debe someterse a la verificación a través de los „hechos“, por medio de la práxis humana.

 

 

LA METODOLOGIA DIALECTICA

 

Los simples conceptos y las simples ideas, abstraídas de las cosas reales, y su transformación en categorías abstractas significan la génesis del actual desarrollo histórico, del actual comienzo ‑de varias realidades y procesos. Los conceptos menores expresan un desarrollo inferior de la totalidad concreta, y a contrario sensus, los conceptos mayores indican un mayor desarrollo. Por lo tanto, el método dialéctico, de acuerdo con Lenin, implica un „doble análisis, deductivo e inductivo, lógico e histórico“. Así, la dialéctica incluye la unidad y la contradicción de la teoría y la práxis, esto es, del pensamiento científico y filosófico y de los hechos históricos y empíricos. Del mismo modo, y precisamente porque la forma y el contenido, la esencia y la apariencia, nunca coinciden, porque uno es el opuesto o negación del otro, nació la ciencia y llegó a ser una necesidad humana. Partir de lo concreto significa apropiarse empíricamente del material; sólo entonces el proceso de conocimiento puede comenzar. Ahora nosotros estamos en condiciones de desarrollar el método dialéctico o su metodología de acuerdo a los siguientes siete postulados:

 

1.    Apropiación comprensiva del material empírico.

 

2.    División analítica de este material en sus elementos constituyentes abstractos.

 

3.    Investigación de las relaciones esenciales entre estos elementos abstractos.

 

4.    Contraste de las apariencias artificiales descubiertas en 1 con el material esencial, descubierto en 3.

 

5.    Verificación práxica y empírica, en forma analítica, en relación al punto 1, 3 y 4, en un proceso histórico concreto, en el desarrollo real del fenómeno investigado.

 

6.    Descubrimiento empírico de nuevos, originales y relevantes datos y de sus nuevas concepciones y relaciones.

 

7.    Formulación de nuevos problemas a partir de los resultados adquiridos en este conocimiento científico para indicar y apoyar latencias, tendencias y posibilidades de futuro desarrollo.

 

Se complementa esta metodología con lo siguiente:

 

Comenzamos en lo concreto por aproximarnos a nuestro material con problemas o teorías abstractas (lógico‑formalmente llamadas „hipótesis“); nos apropiamos de este material revelando sus apariencias superficiales; ordenando nuestro material en sus elementos abstractos constituyentes, comenzamos a progresar desde lo concreto a lo abstracto; hemos investigado las leyes abstractas del movimiento de nuestro material, determinando las relaciones y contradicciones de los elementos abstractos; habiendo descrito la esencia de nuestra contradicción central, comenzamos a contrastar los lazos y relaciones entre las apariencias superficiales y la esencia. Así, reproducimos lo concreto en el pensamiento, lo cual significa que hemos comenzado a movernos desde lo abstracto a lo concreto; entonces procedemos a verificar empíricamente 2, 3 y 4; ahora estamos capacitados para verificar nuestros problemas, pero también para descubrir, empíricamente, nuevos y relevantes datos en la evolución‑involución de los procesos históricos concretos; finalmente, no sólo tenemos que verificar el viejo „status quo“, el pasado auténtico o el „establishment“ histórico de los hechos y procesos, sino que también estamos en condiciones de formular nuevos problemas y teorías, que incluso pueden negar nuestras tesis (o „hipótesis“) originales. Por lo tanto, estamos en posición y condición de continuar la investigación científica, el análisis y la síntesis en términos teórico‑práxicos, concreto‑abstractos; involucionarios‑evolucionarios. Además, todas las anteriores no son sino eslabones de las „etapas“ o „fases“ de la metodología dialéctica. Es inevitable una interconexión entre ellas, que en definitiva va a depender de la complejidad y multicomplejidad del tópico investigado (3).

 

Donde quiera que ha sido posible, hemos aplicado los elementos del método dialéctico en los capítulos siguientes, pero, debido a la naturaleza del material descrito y analizado, introductorio, y básicamente educativo, y con miras a dar cumplimiento a objetivos pedagógicos, no hemos podido acoplar científicamente la progresión necesaria desde lo abstracto a lo concreto, y de lo concreto a lo abstracto. Sin embargo, y porque esta serie de conferencias es el resultado de un estrecha colaboración y trabajo en equipo entre el profesor y los estudiantes de Pre y Postgrado de Ciencias Políticas, ellos expresan todavía una mayor potencialidad de aproximación al Método Dialéctico, a la Teoría‑Práxis, a la Filosofía‑Ciencia, en la misma medida que sean bien formulados y cuidadosamente investigados en consistentes tesis científicas, que en un largo período de tiempo podrían concluirse.


NOTAS

 

(1)    Aquí, y en lo sucesivo, estamos utilizando el término „Práxis“, estableciendo una clara diferenciación con la palabra „práctica“. Así mismo, usamos los conceptos „Práxica“, „Práxicamente“, etc., cuyo significado filosófico, obviamente inexistente en castellano, pero necesario para nuestro estudio, acotaremos más adelante.

 

(2)    Aunque para nuestros propósitos la identificamos con el „marxismo“, tenemos que advertir que debemos ser muy cuidadosos con todos los „ismos“ o personificaciones de las realidades históricas y universales. Además, el socialismo es esencialmente científico y no necesita el adjetivo „científico“.

 

(3)    Ver también: MANDEL, Ernest; late Capitalism. Londres: Verso Edition. Segunda Impresión, 1950, pp. 13‑18.