PANDEMONIUM  REVOLUCIÓN  GLOBALIZADA  WATCH

No. 792





Editorial:  

*** ¡Al combate desigual y combinado!

Por: Jutta Schmitt


26/08/03


*** „Es hora de atacar“
Entrevista con Franz J. T. Lee de los "Cuadernos del Tercer Mundo"
(México), Diciembre 1982.
(Extractos)




Editorial:
 

¡Al combate desigual y combinado!

Por: Jutta Schmitt


26/08/03


Queridos Amigos,

hace unos días, hemos ponderado la situación de la Venezuela Bolivariana en el contexto de la nefasta y plenamente globalizada división del trabajo, con sus mecanismos de dependencia económica, financiera, tecnológica y por ende política y social, que constituyen, bajo la forma del mercado mundial real-existente, un entorno verdaderamente hóstil para cualquier proyecto alternativo. Hemos tratado de visualizar posibles estrategias y tácticas bolivarianas para superar las dependencias más agudas y convertirlas en instrumentos de una producción Venezolana auténtica-autóctona, más humana, más naturalizada, más adecuada a un ámbito todavía no tan alienado y automatizado como él de los países que históricamente han llegado a dominar la estructura del mercado mundial para sus propios beneficios medianoplacistas, y en detrimento de la vasta mayoría de la población planetaria y de la propia madre tierra.

Lo grave del caso es, que no podemos analizar a ninguno de los componentes, que en su conjunto forman la estructura explotadora y canalizadora unilateral de las "riquezas" producidas globalmente hacia las cuentas de unos pocos, fuera de un contexto histórico que los revele como momentos contradictoriamente relacionados de una unidad fluyente; unidad que es nada más ni nada menos que el propio proceso de trabajo humano, que ha culminado en la unilateralizaciòn, magnificaciòn y absoluta prevalescencia de los valores abstractos de cambio ante los valores concretos de uso, ante lo propiamente material-natural-cósmico o lo vivo-palpable. Un reflejo de esta unilateralización lo encontramos en el significado cada vez más acentuado del trabajo intelectual y del llamado "capital social" ante la progresiva obsolencia del trabajo físico y la correspondiente desvalorizaciòn de los recursos naturales.

La pregunta es: ¿Cómo combatir a un orden económico-social de índole "capitalista-corporativo", establecido de facto a escala global, cuyo resultado histórico es la miseria humana generalizada y el deterioro natural generalizado, en otras palabras, el desvanecimiento de la propia especie humana? ¿Podemos combatirlo con sus propias leyes de funcionamiento, o accelerásemos, de así hacerlo, su plena realizaciòn, equivalente a nuestra propia muerte?  ¿Podemos combatirlo con armas que datan de épocas anteriores, ya superadas dentro de la actualidad globalizada, como lo es el capitalismo basado en la acumulación de capital nacional, o seríamos, de así hacerlo, como el huevo que trata de superar a la gallina ya plenamente desarrollada?

¿Hay otras posibilidades, que escapan a nuestro horizonte inmediato, que no tengan que ver ni con capital ni con trabajo, hacia dónde se abriría una nueva perspectiva creativa en vez de productiva? ¿Podemos imaginarnos salir de los parámetros establecidos, y empezar a pensar y hacer algo nunca antes pensado y actuado, que nos brinde las herramientas de construir algo auténticamente nuevo?

Mientras tanto, en nuestra realidad histórica marcada por el capitalismo corporativo-global, contenedora de niveles, grados y (di)mensiones iguales, desiguales y combinadas, tendremos que recurrir a todo un arsenal de armamento multi- (di)mensional, donde puede que lleguemos a combatir y derrotar al "Imperio" global-corporativo con las armas más obsoletas y sorprendentes a la vez, como lo son la moral, la lucidez, la constancia, la perseverancia, la sabiduría y el amor, siempre y cuando logramos combinarlas con armas no convencionales en los ámbitos de lo económico, político y social, ya que en el ámbito militar no podemos competir.

En este mismo contexto, de una lucha histórica que parece eterna de los pueblos subyugados, de las clases oprimidas y de las revoluciones sociales en parte realizadas y en parte todavía no completadas, destacan las siguientes reflexiones práxico-teóricos estratégicas de Franz. Aún cuando fueron formulados hace dos décadas, refiriéndose a la lucha contra el apartheid en Sudáfrica de aquél entonces, sistema de vigilancia, opresión y eliminación feróz que hoy día lo vemos renacer en forma del Estado Policíaca impuesto por los EE.UU. a escala global, los pensamientos de Franz han conservado una sorprendente actualidad, no sólo para Africa, sino para nuestra América Latina y demás países del llamado "Tercer Mundo". Lo cuidadosamente pensado ayer, si ha logrado tocar el pulso transhistórico de su respectivo espacio-tiempo, bien puede ser lo nuevo de hoy.


Lo

 



"En el Tercer Mundo, debido a la importancia de ciertas materias primas (y es el caso de Venezuela con su petróleo) los trabajadores -- y todos los trabajadores agrupados de los países de la Opep -- tienen un papel muy importante que desempeñar en la transición del capitalismo al socialismo. Los trabajadores vinculados a la industria petrolera tienen un papel de vanguardia, en cuanto se refiere a la clase obrera del Tercer Mundo. ...

...
Del mismo modo veo una tarea trascendente del proletariado venezolano con relación a los demás países del Pacto Andino; porque sólo por la unificación de varios países, con intereses complementarios y productos para colaborar en el desarrollo mutuo será posible romper la división internacional del trabajo. Y ésta, lo repito una vez más, es la causa de todos los problemas. Es dentro de este contexto que es posible aplicar la guerrilla económica y tecnológica. ...

...
Podemos pensar en nuevas relaciones, más allá de América Latina, en el caso de la bauxita, que existe en Surinam, Guyana, Jamaica y también en Guinea y hasta en China si ella quisiera intervenir. En síntesis, se trata de convertir las materias primas estratégicas en herramientas de la revolución, para la emancipación en este mundo capitalista."


(Franz J. T. Lee, Diciembre de 1982.)
(Véase la entrevista abajo.)





„Es hora de atacar“
Entrevista con Franz J. T. Lee de los "Cuadernos del Tercer Mundo"
(México), Diciembre 1982.
(Extractos)




 Germán Wettstein, nuestro corresponsal en Venezuela, descubre en el Profesor Dr. Franz J. T. Lee a un verdadero „guerrillero académico“ y en la siguiente entrevista revela aspectos desconocidos de la guerra de liberación en el Cono Sur de Africa, que también se libra en los claustros unisversitarios y en el seno de las propias corporaciones transnacionales.

 

G.W.: ¿Su reaproximación a Sudáfrica es apenas una circunstancia personal o refleja una nueva etapa en la lucha por la revolución?

 

FJTL: Los procesos revolucionarios en actual desarrollo se insertan en el período de transición, de la revolución social a la revolución económica. De allí que es precisamente tomando en cuenta la situación económica de la República Sudafricana, que se puede hablar de condiciones excelentes para una revolución. Africa del Sur es el país más industrializado, más desarrollado, al sur de Italia en todo el hemisferio sur. Tiene una larguísima historia de luchas laborales, de más de 300 años, pues se remonta al momento en que el hombre blanco pisó ese sector del continente, en 1652.

 

Y esa industrialización actual, con tecnología muy desarrollada, ha generado una elevada conciencia en el proletariado; un proletariado que no presenta dificultad alguna para su identificación ‑ como ocurre en América Latina ‑ porque se dan ejemplos clásicos determinados por la estructura de clases descrita en el análisis marxista.

 

Ahora bien, ¿por qué es importante esta revolución sudafricana en el contexto de la Revolución Africana Global? Porque es la primera revolución social que tiene la base económica para realizar el socialismo a un nivel superior, cosa que ningún país en el llamado Tercer Mundo, ha podido lograr hasta ahora.

 

G.W.: Como uruguayo que soy me preocupa directamente la situación en Africa del Sur, pues nunca hubo en toda la historia de los países del Cono Sur de América Latina, tantos vínculos entre sus dictaduras presentes y el régimen racista sudafricano. No sólo en intenso intercambio comercial, sino hasta en migraciones dirigidas de colonos sudafricanos para poblar zonas rurales de Paraguay, Argentina, y Uruguay.

 

FJTL: Eso ayuda a situar correctamente el „racismo“ de Africa del Sur. Se originó al mismo tiempo que el capitalismo y es el reflejo exacto de la división internacional del trabajo. Así que todos los países latinoamericanos que se relacionan con la República Sudafricana ‑ por la migración, intercambios comerciales, etcétera ‑ se ven penetrados por el virus del apartheid, del „racismo“. Y en esto hay que ser particularmente sensible.

 

Pero de ello podremos también sacar enseñanzas: significa que de la lucha de liberación en Africa del Sur podremos aprender cómo luchar en situaciones futuras contra elementos de „racismo“ en el continente latinoamericano.

 
¿Raza o Clase?

G.W.: Eso me confirma en la idea de que las razones de fondo para afirmar la animadversión contra el Régimen sudafricano, no pueden basarse únicamente en la cuestión „racial“.

 

FJTL: El racismo es esencialmente una ideología, y la función de una ideología es tutelar, explotar y oprimir. Por eso nuestra lucha no es por la igualdad de los derechos de las „razas“ o para que a esas „razas“ se las trate con igualdad. La verdadera lucha, en Africa del Sur y en todo el Tercer Mundo, es la lucha de clases. Este es el fondo del problema. Si ignoramos esta cuestión fundamental, los otros aspectos se convierten en elementos dispersivos, diversionistas, cuyos efectos se harán sentir cuando se descubra que la lucha contra el „racismo“ no es ajena a la lucha de clases. La lucha por la igualdad de las „razas“, del „sexo“, etcétera, pasa necesariamente por la lucha de clases.

 

Esto, además, impone otra tarea, cual es la de analizar la validez científica del concepto „raza“, que con una pertinacia increíble se sigue utilizando incluso en círculos científicos.

 

Dentro de este contexto es importante destacar que la historia del movimiento de liberación en la República de Sudáfrica, pasó por diferentes fases. Al principio, desde 1652 hasta 1900, tuvimos una fase de lucha contra la conquista colonial y su posesión de tierras; luego, entre 1900 y 1960, se vive un período de resistencia relativamente pasiva, tratando de conseguir algunos cambios dentro del sistema del apartheid. El movimiento se subdividía en grupos: uno para los africanos, uno para los indios, uno para los “de color“, uno para los blancos liberales que estaban en contra del sistema.

 

Pero como consecuencia de todas las luchas de liberación del Tercer Mundo en la década de los años 60, también la lucha en Africa del Sur se elevó a un nivel superior, y a partir de 1970 todas esas organizaciones están tratando de unirse y hablar únicamente de poder negro, en tanto grupo oprimido total y unido.

 

Ese nivel de concientización coincide con el tránsito a una lucha de guerrillas, apoyada por la lucha revolucionaria en Namibia, Angola, Zimbabwe y Mozambique. Aunque no hayan muchas informaciones en los mass media internacionales a propósito de esta lucha, es bueno saber que se trata de una lucha muy muy fuerte, localizada especialmente en la parte norte de Sudáfrica. Y el movimiento ha logrado tal grado de sofisticación, que penetra en las grandes ciudades.

 

Tales hechos han tenido incidencia en la clase blanca en el poder, y eso sí puede verificarse en la prensa; se sabe que el Partido Nacional, oficialista, se ha dividido: el sector mayoritario sigue al primer ministro Piether Botha, y una minoría creciente, nucleada alrededor de una treintena de parlamentarios, optó por una línea de ultra derecha. En los hechos Botha está presionado por el capitalismo occidental para que elimine los aspectos más desagradables del racismo e introduzca en su lugar un apartheid económico. Y el sector de ultraderecha, liderizado por Treurnicht propugna seguir con la antigua política del verdadero apartheid.

 
Boers versus ingleses

G.W.: Sin embargo, por artículos recientemente publicados en nuestra misma revista (ver el número 52 dedicado a Africa), parecería que también dentro del capitalismo empresarial el régimen está perdiendo adeptos. Concretamente empresarios de Natal postulan soluciones de descentralización regional del gobierno, con mayor participación de los grupos no blancos. ¿Se podría hablar de una burguesía nacional allí también?

 

FJTL: Eso que usted señala tiene sus raíces históricas en las contradicciones entre los colonos holandeses y los colonos británicos. Como es sabido Sudáfrica fue colonia holandesa hasta aproximadamente 1805; recién después de las guerras napoleónicas y de la nueva división de Europa fue que se volvió colonia británica, en 1806. Los conflictos entre el „feudalismo“ holandés y el imperialismo británico nos llevaron a la famosa Guerra de los Boers, al final del siglo XIX. Pero los nuevos planes de capitalización de Africa del Sur obligaron a incorporar a los boers (descendientes de holandeses) en la superestructura política. Es decir, para poder gobernar a Sudáfrica los ingleses les dieron a los boers mayor poder político, a manera de compensación por los daños que les originaron durante la guerra.

 

Ese „error” histórico de los ingleses determinaría, en 1948, que la pequeña burguesía holandesa llegara legalmente al poder, por medios parlamentarios, y que el partido que en verdad representaba los intereses británicos y foráneos en general, el Partido Unido, quedara fuera del gobierno. Esa contradicción dura aún hoy: la pequeña burguesía está en el poder, reconstruyendo un capitalismo nacionalista asegurado por regulaciones del apartheid y una serie de leyes „racistas“, y por otro lado están las corporaciones transnacionales (especialmente anglonorteamericanas, con Oppenheimer y toda la industria de oro, diamartes, etcétera) en conflicto con aquel capitalismo de Estado.

 

Sin embargo, a partir de 1970 se da un cambio en las posiciones del nacionalismo oficialista, a consecuencia del interés renovado en Africa del Sur por parte de los cinco países occidentales encomendados para „resolver el problema de Namibia“. (Francia, Inglaterra, Alemania, Italia y los Estados Unidos).

 

Esos países presionan al gobierno de Botha para que el Partido Nacional pase a compartir el poder político con los grupos no blancos oprimidos. Y a ello se opone tenazmente la fracción radical escindida del partido de gobierno, que trata de sostener el rumbo original.

 

G.W.: ¿Y cómo se ubica usted mismo, por su extracción social y política, en ese universo descrito? Creo que eso es importante para comprender el paso que se apresta a dar, de retorno a Africa.

 

FJTL: Mi nacimiento mismo contenía las contradicciones de toda la sociedad sudafricana. Mi padre era inglés y mi madre una mujer Amaxhosa de Transkei así que permanentemente estuve dentro de las contradicciones de la sociedad de apartheid. Una situación difícil para toda nuestra familia, porque la mitad de mis tíos estaban casados con blancos, otra parte con malayos, otra con „mestizos“ y otra con gente de „color“. Debido al sistema del apartheid entonces, con sus dogmas y sus tradiciones y su ideología, me fue muy duro y difícil entender las realidades de esa sociedad.

 
Una Masacre Concientizadora

Fue recién cuando cumplí 21 años, cuando ya estaba en la Ciudad de El Cabo que empecé a comprender lo que estaba ocurriendo en Africa del Sur; fue en la época de la famosa primera matanza de Sharpeville de 1960. El 21 de marzo de ese año, al volver de mi trabajo (era empleado en Western Steel Company), ví a miles de negros marchando hacia el centro de El Cabo, a los edificios del Parlamento. Estaban protestando contra los maltratos del sistema de apartheid, contra los sueldos bajos y las pésimas condiciones de vida. Fui hacia ellos y como sabía los idiomas africanos del Transkei nativo (zulú, xhosa y sotho), pregunté lo que pasaba. Me contestaron que si realmente hablaba su idioma deba unirme a ellos y marchar también. Al final de la marcha lo único que oí fue el silbar de las balas en mis orejas y tuve que correr para salvar la vida. Este día en toda Sudáfrica más de 70 africanos fueron asesinados. Al día siguiente al volver a mi trabajo, encontré una carta sobre mi escritorio donde se me señalaba como „comunista“ y se me prohibía para siempre entrar en esos edificios.

 

Lo concreto es que para ese tiempo ignoraba todo lo relativo al socialismo y al comunismo, y cómo se me hacía una acusación que no entendía me decidí a estudiar aquello, y desde entonces llevó más de 20 años dedicado a este problema tanto en teoría como en la praxis. Como se ve, los efectos de esa terrible matanza fueron para mí muy positivos, lo mismo que varios de mis camaradas que también sufrieron una situación similar.

 

Así de pronto me encontré caminando sin rumbo por calles de El Cabo, buscando comida entre los desperdicios y durmiendo en los bancos de los parques; tenía 23 años. Fue entonces que me enfermé mucho y un amigo me aconsejó visitar a cierto médico de „color“: era el Dr. Kenneth Abrahams. Ese médico me ayudó y me hizo comprender que estábamos preparados potencialmente para un futuro revolucionario y fue quien me dió literatura socialista para leer. Y así en 1961 entré a la casa de uno de los líderes que fundó la primera organización de guerrillas en Africa del Sur: el club „Yu Chi Chan”, más tarde „Frente Nacional de liberación“ de Sudáfrica.

 

En 1962 estaba yo tan bien informado sobre la situación política, que formé parte de la primera célula de diez personas del entonces llamado Frente Nacional de Liberación de Sudáfrica. Por razones de estudio me mandaron a la República Federal de Alemania; en los hechos yo era una especie de „canciller” de la pequeña organización, por lo cual debía tramitar ayuda financiera y obtener la solidaridad en el plano internacional.

 

El movimiento tuvo algunos problemas en 1963 por la acción de infiltrados que llevó al asesinato o al encarcelamiento de varios de nuestros líderes, algunos de los cuales aún siguen presos, en la famosa cárcel de Robben Island. Otros se escaparon como el Dr. Abrahams que es hoy uno de los líderes de una de las fracciones de la Swapo (South West African People’s Organization) en Namibia y un amigo de él, el Dr. Neville Alexander, es un líder opositor dentro de Sudáfrica.

 

En Europa , entre 1962 y 1970, tuve la oportunidad de estudiar primero y completar luego mi doctorado en ciencias políticas. En Alemania Occidental, escribí una „Historia de la Influencia del Marxismo en la lucha de Liberación en Africa del Sur“. Estudié primero en la Universidad de Tübingen, de 1962 a 1965 y después en la  de Frankfurt del Meno, del 66 al 70. Por aquellos años la lucha no era muy conocida en Europa; casi cada semana viajaba a diferentes países explicando los problemas sudafricanos.

 

En 1966 me invitaron a Estados Unidos y Canadá, también para recoger fondos para la lucha en Sudáfrica y recibir solidaridad; realicé un tour completo, hablando en 30 ciudades y al final fuí invitado a intervenir en el comité especial contra el apartheid en las Naciones Unidas.

 

En Sudáfrica estas actividades son calificadas como un crimen que equivale a 20 años de cárcel. Tampoco pude seguir viviendo en Alemania, porque yo había explicado bien las conexiones políticas y económicas entre Alemania Occidental y toda Europa Occidental y Africa del Sur. Las cosas se me complicaron mucho. Entonces, bajo presiones terribles tuve que dejar Europa en 1977, y Guyana fue muy amable en ofrecerme un cargo en la Universidad.

 

Sin embargo, a los dos años de trabajar allí, en el Departamento de Ciencias Políticas, una vez más se complicó la situación política para mí, porque descubrí que el „socialismo cooperativo“ de Guyana no tenía nada que ver con el socialismo científico. Mis estudiantes trataron de rebelarse y yo mismo estuve activo en la Alianza del Pueblo Trabajador de Guyana (WPA). Poco antes de dejar Guyana en 1980, asesinaron a Walter Rodney, fundador de la WPA, quien era un fraterno amigo.

 

Así fue como en 1979 tuve que rehacer mis maletas y retornar a Europa Occidental; pero ya entonces tenía contactos con la Universidad de Los Andes (ULA) en Mérida (Venezuela), por la colaboración mutua en el proyecto Guyana (había un convenio entre la ULA y la Universidad de Guyana). Así que cuando la ULA me ofreció un cargo acá en Mérida, regresé rápido de Europa. ....

 
La Larga Marcha Hacia la Unidad


G.W.: Si sus compañeros y usted deciden la nueva radicación ahora, debe ser porque entienden que la situación es favorable para un nuevo salto cualitativo en la lucha de liberación. ¿A qué obedece que sea éste el momento elegido?

 

FJTL: Es evidente que no le puedo decir exactamente todo lo que tenemos en mente, pero en términos generales puedo al menos tratar de explicar la etapa actual o el nivel de la lucha.

 

En primer lugar, desde el comienzo de los años 60 y a pesar de los diferentes puntos políticos en el pasado, la unidad de acción se había acrecentado. En el movimiento se reflejaban hasta hace poco todas las divisiones del comunismo internacional por ejemplo, tuvimos sectores de estalinismo radical, movimientos trotskistas, maoístas, etcétera, pero es interesante anotar que hay una gran diferencia en la lucha en el exterior ‑ entre los dirigentes ‑ y la lucha dentro del país. Debido al desarrollo de la lucha dentro del país, parece que todas esas diferencias ideológicas y también las relativas a estratégias y tácticas, fueron moderadas.

 

Lo que elevó el nivel de la lucha en Sudáfrica e que la gente que combatía trascendió la barrera del apartheid. Porciones muy grandes de la población blanca – es decir, no sólo la parte hindú sino también una minoría boer e inglesa ‑ están ahora directamente involucradas en la lucha de liberación. Incluso hay guerrilleros descendientes de ingleses y de holandeses. Eso significa que en la etapa actual ya no se trata más de la lucha de una mayoría negra contra una minoría blanca, como en el pasado, sino de un salto cualitativo, pues es directamente lucha de clases que no está dirigida exclusivamente por una organización tradicional especifica.

 

La otra cosa importante que quiera decirles es que por razones nacionales e ideológicas, un movimiento específico, el Congreso Nacional Africano (ANC), es el más conocido dentro y fuera del país. Un gran líder de ese movimiento es Nelson Mandela, sentenciado a prisión perpetua y preso ya desde hace más de 20 anos. ¿Por qué está en la cárcel? Porque optó por la lucha guerrillera como forma de lucha revolucionaria.

 

El  ANC, que fue el primer movimiento de liberación del continente (fundado en 1912) originalmente atrajo hacia sí una gran unanimidad propagandística y, gracias al apoyo internacional que recibió, se convirtió en un movimiento muy fuerte dentro de Africa del Sur. Más recientemente Angola, Mozambique y Zimbabwe también han resuelto apoyarlo como el movimiento más representativo y al mismo tiempo lo estimularon para abrir la organización a otras tendencias y unirlas.

 

Así, muchos líderes sudafricanos que integraban organizaciones menores, con diferencias ideológicas, fueron impulsados a incorporarse.

 

A principios de los años 80, el movimiento revolucionario guerrillero logró alcanzar un mayor nivel y esa es la razón por la cual todos los revolucionarios están ahora bajo una estrategia común, unidos.

 

Esto se logró después de un análisis muy cuidadoso de la situación económica mundial, la crisis internacional, las distintas estructuras de poder y la situación en la misma Africa. Entonces es éste el momento más importante para constituir una organización poderosa y atacar, porque más tarde sería demasiado tarde.

 
Atacar en Todos los Frentes

G.W.: ¿Cuál es, para su movimiento, la forma más idónea de „atacar“? La República Sudafricana tiene un alto grado de desarrollo y el mayor ejército de toda Africa. ¿La estrategia de ustedes pasa por la acción de guerrillas?

 

FJTL: Está muy claro que una revolución social verdadera dentro de las circunstancias presentes y especialmente en Sudáfrica en el contexto del sistema internacional, no puede ser del mismo tipo que en la Sierra Maestra o en las selvas de Vietnam.

 

Hay que tomar en consideración varios factores. De aplicarse la lucha guerrillera en Sudáfrica debe aplicarse en sentido urbano y no de guerrilla rural. Pero hay factores económicos que definen un hecho nuevo dentro de la estrategia global de las luchas guerrilleras en el Tercer Mundo. En el contexto sudafricano deben existir las guerrillas económicas y tecnológicas; y eso significa que lo más importante en la lucha en Sudáfrica no es sólo conquista del poder político sino que hay que hacer lo mismo con la estructura económica.

 
Transnacionales contra el Apartheid

Le quiero explicar qué entendemos por guerrilla económica. Debido a lo prolongado de la lucha en Sudáfrica, decenas de miles de sudafricanos se fueron a países de ultramar a partir de 1959‑60; hicieron estudios intensivos en cualquier lugar del mundo donde pudieran seguir activos, en ciencias políticas, economía, ingeniería, etcétera. Y en los últimos años se integraron estrechamente a la gente de varios de esos países de ultramar, donde tienen prestigio e influencia política. Entonces se trata de responder a ese llamado que se hace a todos los sudafricanos educados, capacitados, formados. Ya no se trata de seguir haciendo la revolución con sólo la gente de nivel educativo muy bajo - aunque siempre serán los más importantes - sino de dinamizarla con los emigrados.

 

Los emigrados hemos podido entender todas las implicaciones del sistema económico internacional: cómo funciona globalmente y cómo funciona en Sudafrica la corporación transnacional, no sólo en el área económica sino también en la política. Por eso nos han llamado. Por eso y porque hay también compañeros que están activos dentro de Sudáfrica preparando el camino para la táctica de la guerrilla económica y tecnológica. Como el poder central en Sudáfríca está concentrado en manos de los blancos, no hubo otro camino que influir sobre aquellos que estaban en cargos directivos y atraerlos hacia nuestro movimiento.

 

En otras palabras, de la misma manera que el capitalismo foráneo primero colaboraba con el capitalismo nacional holandés y después entró en contradicciones, así también nosotros aprovechamos esa contradicción para movilizar fuerzas hacia nuestra causa. Y ahora es precisamente la corporación transnacional la que en primer lugar está luchando contra el apartheid. Eso es lo que yo llamo el nivel de tecnología en la esfera ideológica, que no consiste en disparar tiros sino en estar capacitado para el gobierno futuro que será de coalición. Ese gobierno deberá asumir conjuntamente el poder político y el poder económico.

 

Detrás de todo esto están, desde luego, los factores internacionales. No hay hoy un rincón en el mundo, ni una isla, donde no hayamos nosotros difundido informaciones suficientes respecto a esta lucha, incluso con la ayuda del capitalismo foráneo, así que la solidaridad internacional está asegurada, pues la Revolución Social Sudafricana es una parte importante dentro de la revolución mundial para derrocar al modo de producción capitalista.

 

G.W.: Antes de seguir adelante me gustaría conocer su opinión sobre las posibilidades de aplicar ese tipo de „guerrilla económica y tecnológica“ a países de América Latina.

 

FJTL: En el Tercer Mundo, debido a la importancia de ciertas materias primas (y es el caso de Venezuela con su petróleo) los trabajadores ‑ todos los trabajadores agrupados de los países de la Opep ‑ tienen un papel muy importante que desempeñar en la transición del capitalismo al socialismo. Los trabajadores vinculados a la industria petrolera tienen un papel de vanguardia, en cuanto se refiere a la clase obrera del Tercer Mundo.

 

Esto no tiene nada que ver con lo que habitualmente se entiende por revolución y guerrillas. Significa, en cambio, proponerse emplear medidas económicas para que las fuerzas trabajadores aprendan a utilizar este recurso natural como un instrumento de liberación de los pueblos.

 

Del mismo modo veo una tarea trascendente del proletariado venezolano con relación a los demás países del Pacto Andino; porque sólo por la unificación de varios países, con intereses complementarios y productos para colaborar en el desarrollo mutuo será posible romper la división internacional del trabajo. Y ésta, lo repito una vez más, es la causa de todos los problemas. Es dentro de este contexto que es posible aplicar la guerrilla económica y tecnológica.

 

Podemos pensar en nuevas relaciones, más allá de América Latina, en el caso de la bauxita, que existe en Surinam, Guyana, Jamaica y también en Guinea y hasta en China si ella quisiera intervenir. En síntesis, se trata de convertir las materias primas estratégicas en herramientas de la revolución, para la emancipación en este mundo capitalista.

 Una Única Causa

G.W.: Nosotros, en América Latina, siempre nos hemos formado en la convicción de que las raíces culturales compartidas con Africa --  tras la migración masiva derivada de la esclavitud -- generaron una siembra potencial idónea para un acercamiento más directo entre América Latina y Africa. Después de cumplida su experiencia en Guyana y Venezuela, ¿cree también que eso es cierto? Porque, por ejemplo, yo pienso que la solidaridad militante de los cubanos en Africa se apoya no sólo en una concepción estratégica en pro de la liberación del Tercer Mundo, sino también en asumir la causa africana como propia.

 

FJTL: La base verdadera para una cooperación o para indicar la unión del llamado Tercer Mundo, es decir, la manera de medir la unidad de América Latina, Africa y Asia, es realmente la división internacional del trabajo. Y el origen de ésta se ubica exactamente en el triángulo Europa Occidental‑Africa‑América y el esclavismo.

 

Pero lo que ocurrió después allí ‑ lo mismo que en Sudáfrica ‑ es la famosa política de „divide y vencerás“. Esa política en Sudáfrica es el „racismo“. Por un lado existe una „raza superior“, con tecnología y capital, y por el otro están aquellos países que deben limitarse a producir materias primas y conservarse en condición de inferiores.

 

Sudáfrica ofrece el mejor ejemplo: allí el hombre blanco siempre fue el mejor, el hombre „de color“ no era tan bueno, y el negro era el peor de todos. Por esa razón la estructura ideológica aplicada en Africa provocó que la gente subjetivamente se sintiera diferente entre sí o unos de otros. Pero para la difusión del capitalismo y del imperialismo por todo el mundo, como modo de producción, era necesario previamente introducir internacionalmente la contradicción entre capital y trabajo. En el caso de Sudáfrica, a lo largo de 300 años la gente tuvo que aprender que el sistema capitalista que funciona en ese país es el mismo que el de cualquier otra parte del mundo.

 

Eso significa que la condición de sufrimiento, de opresión, de represión y discriminación, es un fenómeno mundial; y que el sistema capitalista era el primer elemento que unía a las distintas personas de Sudáfrica desde la base. Significa, también, que las corporaciones transnacionales que están distribuidas por todo el mundo (Exxon, Ford, Bayer, General Motors, etcétera, etcétera) también pueden ser encontradas en cada ciudad de Africa y en particular de Sudáfrica. Y de su grado de penetración es que pudimos comprender que ya no hay más esfera nacional en un mundo internacional; un entendimiento clave para nosotros pues en él se apoya también la cooperación internacional.

 

Allí está el punto de unión entre un trabajador africano de las minas del Sur, con el de las minas de cobre de Chile, el de las de estaño de Bolivia o el de la industria petrolera venezolana. Este es el punto que hay que entender en primer lugar: las verdaderas estructuras de clase en América Latina; entender el sistema económico en diferentes países y entender las conexiones con la sociedad internacional. Las dificultades entonces, derivan del muy bajo nivel de conciencia o de falta de movilización política, y también de los conflictos o las divisiones entre los diferentes partidos socialistas.

 

Para evitar caer de nuevo en ese error, es que estamos trabajando ahora nosotros en Sudáfrica. Dentro de un contexto histórico específico, dentro del contexto africano, estamos abocados a la tarea de reformular, reevaluar, revisar, los principios del socialismo científico. En otras palabras, llegar a saber qué es proletariado en Africa, qué  es „burguesía“ en nuestro contexto, qué es la lucha de clases, qué significa revolución socialista en esos marcos reales y no en los libros; todo ello después de analizar los resultados de nuestra serie de práxicas revolucionarias en los últimos 25 ó 30 años.

 

Es un trabajo largo y dificultoso, porque todo está camuflado por los nacionalistas y las ideologías; y no quiero decir nada sobre la religión, pero ella interviene en eso también. Mientras los camuflajes subsistan, y la democracia no esté expresada en una información mejor distribuida, no podremos alcanzar a estrechar vínculos por encima de las fronteras coloniales artificiales.

 

(Entrevista publicada en: Cuadernos del Tercer Tundo
(México), Diciembre 1982.)