Pandemonium  Midnight  Herald

No.  503

18th January, 2003 

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* Reino del terror en planta colombiana de Coca-Cola

* La decisión de allanar la planta de Coca Cola en
Valencia, seguida poco después por una acción similar
en Polar
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La decisión de allanar la planta de Coca Cola en Valencia, seguida poco después por una acción similar en Polar, indica que ahora sobra guáramo y decisión para enfrentar a esos delincuentes disfrazados de empresarios. Si el gobierno actúa contra Coca Cola, un símbolo mundial, qué queda para molineros de trigo que acaparan harina, laboratorios y droguerías que ocultan medicinas o las cigarreras.

Esos seudoempresarios que delinquen, que acaparan, que violan las normas de libertad comercial tendrán que jugar limpio. O aprenderán las reglas desde el patio de un penal.

Vale la pena recordar que Coca Cola es una verdadera multinacional del crimen. Actualmente se la enjuicia en Estados Unidos por una larga lista de asesinatos cometidos en Colombia, contra dirigentes sindicales de las embotelladoras. La empresa es una de las financistas principales de los paramilitares colombianos, uno de los grupos terroristas más crueles del mundo.

Al final de este correo podrán encontrar dos informaciones de los asesinos de Coca Cola. Son cables de Reuters, la venerable agencia noticiosa, al menos tan símbolo del capitalismo como la empresa de refrescos. No es propaganda subversiva ni nada que se parezca, sino la reseña de asesinatos abominables por parte de una compañía delictiva.

 

 

Los dos jefes terroristas, Carlos Fernández y Carlos Ortega. Salieron rápidamente de EEUU después de que el servicio secreto allanara las casas de venezolanos implicados en un intento de magnicidio. Ortega y Fernández están enconchados. Los buscan para entregarles una citación, ya que deben declarar sobre la comisión del delito de instigación a delinquir. Son tan cobardes que ni siquiera quieren recibir el documento y decir que no lo acatan, pues están en desobediencia civil, término cuyo significado ignoran.

 

Esta mañana los vecinos de El Cafetal se sorprendieron. Muchos sintieron que se les venía el mundo encima. Una nutrida caravana chavista recorrió urbanizaciones como Santa Paula, donde muchos de sus vecinos creen que Chávez y el chavismo no existen. Se llevaron la sorpresa de su vida, y bien desagradable, al darse cuenta de que no son los dueños del mundo. Y que muchos de sus vecinos, salieron a las ventanas para apoyar esa caravana, a pesar de las medidas de amedrentamiento que se practican en esas urbanizaciones contra todo el que no sea escuálido.

 

A continuación, dos textos que muestran el cariz delictivo de Coca Cola. Vale la pena leerlos, a pesar de  su extensión, y difundirlos:

 

 

jueves, 9 de agosto 10:35 AM

ENFOQUE-Reino del terror en planta colombiana de Coca-Cola

Por Jason Webb

BOGOTA (Reuters) - Horas después de matar a tiros a Isidro Segundo Gil, los paramilitares irrumpieron en la oficina del sindicato de los trabajadores de la planta embotelladora de Coca-Cola en el norte de Colombia e incendiaron el local, dijeron testigos.

Tras el asesinato y el incendio -contenidos en una investigación judicial bajo secreto de sumario a la que tuvo acceso Reuters- los paramilitares convocaron una reunión de trabajadores en el interior de la planta, en el pueblo de Carepa. Allí se les advirtió a los trabajadores que si no dimitían del sindicato para esa misma tarde serían asesinados.

El asesinato de Gil es el incidente más escalofríante descrito en una demanda judicial presentada en un tribunal de Miami el pasado mes de julio donde se detallan supuestos abusos por parte de directivos de plantas embotelladoras de Coca-Cola en Colombia y que ha avergonzado al gigante de bebidas de Estados Unidos.

La demanda asegura que directivos de las plantas embotelladoras en Colombia utilizaron a los paramilitares para desmantelar los sindicatos con una campaña de terror, amenazas, secuestros y asesinatos.

En años recientes, grandes zonas de Colombia han caído bajo control de los paramilitares, grupos ilegales de ultraderecha financiados por hombres de negocios y rancheros cansados de las campañas de extorsión y de las amenazas de la guerrilla izquierdista.

Gil, secretario general del sindicato local en la planta, operada por Bebidas y Alimentos de Urabá, fue asesinado el 5 de diciembre de 1996. Según las conclusiones de una investigación criminal, dos hombres en una motocicleta se acercaron a Gil cuando trabajaba como vigilante en la puerta de la fábrica.

Preguntaron por su nombre antes de dispararle cuatro veces en la cabeza y seis veces en el pecho y en los testículos mientras yacía en el suelo junto a una gran señal de Coca-Cola.

Mas tarde, en diciembre, Sinaltrainal (Sindicato Nacional de Trabajadores de la Industria de la Alimentación de Colombia) recibió 43 dimisiones mecanografiadas, todas escritas igual, de sus miembros de Carepa. Otros trabajadores abandonaron el pueblo y algunos todavía están escondidos.

INVESTIGACION ABSUELVE A GERENTES DE LA PLANTA

Según el expediente de la investigación, la cual todavía se encuentra bajo secreto de sumario, el gerente de la planta y otro directivo admitieron en su testimonio que los paramilitares entraron en los terrenos de la fábrica pero dijeron que temieron intervenir.

Otros directivos de la planta testificaron que sabían que los paramilitares habían amenazado a los trabajadores del sindicato.

La investigación estableció que los paramilitares fueron responsables por la muerte de Gil y absolvió a dos directivos de la planta de haber ordenado el asesinato para intentar debilitar al sindicato.

Los "paras" ven a los sindicatos como frentes guerrilleros y actúan consecuentemente.

Al menos 112 sindicalistas colombianos fueron asesinados en el 2000, según Amnistía Internacional. Tras 37 años de guerra interna, Colombia se encuentra sumida en un circulo vicioso de violencia y hay unas 25.000 muertes cada año.

El dueño de la planta en Carepa, un ciudadano estadounidense, figura como acusado junto a otra embotelladora colombiana de Coca-Cola más grande llamada Panamco, así como la propia compañía Coca-Cola. La United Steelworkers of America e International Labor Rights Fund presentaron la demanda judicial en nombre de los familiares de Gil y de Sinaltrainal.

Sinaltrainal ya no tiene oficina en Carepa.

Los supuestos asesinos de Gil no pudieron hablar. Al menos uno de ellos fue asesinado tan solo dos meses después del asesinato de Gil, aparentemente por otros paramilitares una noche cuando se dirigía a un show de un cabaret.

Pedro Mahecha, abogado de la familia de Gil, asegura que incluso en el supuesto de que la directiva de la planta no hiciera nada por temor a represalias de los paramilitares, la directiva tenía que haber informado a la policía.

"Conociendo la situación de amenazas contra los trabajadores, la presencia de elementos como paramilitares en la empresa no se conoce una denuncia de parte de la empresa de Urabá ante las autoridades", aseguró Mahecha.

TRABAJADOR ESCONDIDO TRAS AMENAZAS PARAMILITARES

Un ex trabajador de Carepa dijo a Reuters que los paramilitares intentaron matarlo a él después de asesinar a Gil. El trabajador ha vivido escondido durante los últimos cuatro años, con su mujer y sus dos hijas. De vez en cuando, los paramilitares detectan su paradero y tiene que marcharse a otro pueblo.

"Yo acababa de entrar a trabajar y estaba en la bodega trabajando cuando oí el primer disparo. Yo miré y ya Isidro iba cayendo, inclusive yo fui el primero que llegó donde el cayó, pero cuando yo llegué donde él ya estaba muerto", relató.

"Después de que asesinan a Isidro, al otro día ellos hacen una reunión con varios trabajadores de la empresa y les dijeron que si, que ellos habían sido los que habían quemado la sede del sindicato, que ellos habían sido los que habían matado a Isidro y que el que hablara de sindicatos de ahí en adelante no responden por la vida de nadie", recordó.

"Luego ellos siguieron de a tres de a cuatro dentro de la empresa. Permanecían en la empresa mirando qué se hacía en la empresa y qué no se hacía, como si fueran trabajadores de la empresa", aseguró.

La embotelladora de Carepa, la cual tiene un acuerdo de licencia de Coca-Cola, pertenece a un grupo de inversores que incluyen al ciudadano norteamericano Richard Kirby, quien actualmente reside en Florida.

El abogado de Kirby, William McCaughan, dijo que ni el empresario, un ex presidente de Panamco, ni su hijo, también llamado Richard y nombrado en la demanda judicial, tuvieron algo que ver con los paramilitares ni con el asesinato.

McCaughan aseguró que los Kirby contrataron directivos para que manejaran la planta, la cual ellos controlaban desde lejos.

"El hijo nunca ha estado en Colombia por lo que yo sé y el padre estuvo ahí una vez hace tiempo", declaró McCaughan a Reuters en una entrevista telefónica desde los Estados Unidos.

Panamco negó rotundamente tener algún vínculo con los paramilitares y dijo que consideraría demandar a quien hiciera acusaciones involucrando a sus plantas.

Panamco embotella 95 por ciento de la Coca-Cola de Colombia y la compañía de bebidas estadounidense posee una minoría de acciones en Panamerican Beverages, el accionista mayoritario de Panamco.

Pero Sinaltrainal afirma que cinco de sus miembros que trabajaban en plantas embotelladoras de Coca-Cola han sido asesinados desde 1984, tres de ellos en medio de negociaciones contractuales.

En otro incidente parecido, un trabajador en una planta embotelladora de Panamco en la ciudad de Cúcuta denunció que fue secuestrado por hombres armados quienes le exigieron que dejara de causar problemas para Coca-Cola.

COCA-COLA DICE QUE NO TIENE NADA QUE VER

Un portavoz de Coca-Cola en Colombia dijo en un comunicado que la compañía estadounidense negó haber cometido alguna irregularidad en Colombia. El portavoz añadió que Coca-Cola estaba preocupada por los supuestos abusos pero que no creía que las embotelladoras estuvieran involucradas.

No es la primera vez que Coca-Cola se ve involucrada en supuestos abusos en sus plantas embotelladoras.

A principio de los años de 1980, la compañía retiró un acuerdo con una planta embotelladora en Guatemala después de que activistas laborales internacionales protestaron por la muerte de tres líderes sindicales y el intento de asesinar a un cuarto.

El presidente nacional de Sinaltrainal, Javier Correa, aseguró que existe una conducta de acoso en las plantas embotelladoras de Coca-Cola en Colombia. También denunció frecuentes amenazas de muerte.

"Las amenazas telefónicas a la casa son permanentes, en la última ocasión nos dejaron un mensaje donde decían: Con esto es que lo vamos a picar', y enseguida prendieron una motosierra", dijo en una entrevista en la sede del sindicato en Bogotá.

Las motosierras han sido utilizadas en algunos de los crímenes más atroces perpetrados por los paramilitares, cuyas rutinarias masacres de supuestos colaboradores de la guerrilla han sembrado el miedo en muchas partes del campo colombiano.

Recientes investigaciones han traído a la luz vínculos entre los paramilitares y sectores del ejército pero el presidente Andrés Pastrana ha hecho un esfuerzo por cortar esos nexos.

Correa dijo que la mayoría de los trabajadores en las embotelladoras de Coca-Cola en Colombia están ahora subcontratados y no están afiliados a sindicatos.

En la planta de Carepa, el sindicato había presentado una petición formal para renegociar las condiciones laborales con la compañía a finales de noviembre de 1996. Sinaltrainal dice que, bajo ley colombiana, el último día que tenía la compañía para responder era el 5 de diciembre, el mismo día en que Gil fue asesinado.

 

 

FUENTE: International Brotherhood of Teamsters

Miembros de un Sindicato Colombiano Relatan Actos de Violencia Contra Empleados de Coca-Cola

Gremio de los Teamsters Realiza 'Vigilia por la Paz en Coca Cola' en Atlanta

WASHINGTON, 19 de noviembre /PRNewswire/ -- Edgar Páez, del sindicato colombiano Sinaltrainal, acompañado por representantes del sindicato de los Teamsters, la AFL-CIO, miembros del clero, activistas de derechos civiles y líderes políticos, denunció el lunes las torturas brutales, el secuestro y el asesinato de trabajadores sindicalizados en su país, sobre todo de los que trabajan en plantas embotelladoras de Coca-Cola. El grupo se reunió en una vigilia por la paz frente al World of Coca-Cola Museum en Atlanta, Georgia.

``Mis hermanos y hermanas en Colombia han sufrido horrores indecibles porque pertenecen a un sindicato'', dijo Páez. ``Estamos unidos con los trabajadores norteamericanos para exigir que Coca-Cola detenga la violencia''.

``Le pedimos a Coca-Cola que garantice la seguridad de todos los trabajadores que producen, envasan y distribuyen sus productos en todo el mundo'', dijo el reverendo James Orange. ``Es una responsabilidad moral de la compañía''.

Las agresiones, secuestros y asesinatos dieron lugar a una demanda judicial histórica contra Coca-Cola (NYSE: KO - notícias) y su embotelladora colombiana. El International Labor Rights Fund (Fondo Internacional de Derechos Laborales) y el Steelworkers Union (Sindicato de Trabajadores del Acero, USWA) presentaron la demanda el 20 de julio de 2001 en nombre de Sinaltrainal y sus miembros.

``En su condición de sindicato representante de la mayoría de los empleados de Coca Cola en el mundo, los Teamsters están muy preocupados con la negligencia de Coca-Cola hacia los derechos y la seguridad de los trabajadores que producen, envasan y distribuyen sus productos'', dijo James P. Hoffa, presidente general del sindicato International Brotherhood of Teamsters. ``Nos unimos a otros sindicatos y a grupos internacionales de derechos para exigir que Coca-Cola detenga la violencia contra los trabajadores''.

La International Brotherhood of Teamsters, fundada en 1903, representa a más de 1,4 millones de hombres y mujeres trabajadores en los Estados Unidos y Canadá.

FUENTE: International Brotherhood of Teamsters.
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