Sección 13

Terrorismo y Racismo en la Era de la Globalización

Acerca de la función objetiva del terrorismo y racismo en la era de la globalización

Por: Lic. Jutta Schmitt, M. A.
Universidad de Frankfurt-Alemania.


 

Introducción

Recientemente y de manera inimaginada, el fenómeno del terrorismo se ha puesto en el primer plano de la actualidad mundial en forma de los ataques del 11 de septiembre. En el siguiente análisis en el marco del „Seminario Nacional Racismo y Terrorismo: ¿Dialéctica de la Globalización?” trataremos de dilucidar el fenómeno del terrorismo, vinculado con él del racismo, en un contexto global, que nos permite señalarlos como factores de aceleración de un proceso, que se encuentra en transformación en su totalidad, esto es, el proceso histórico de trabajo.

En nuestro análisis estamos partiendo de la suposición, de que la historia es el proceso de la producción y reproducción humana a través del trabajo humano, es decir, a través de la relación laboral del ser humano frente a la naturaleza por un lado y frente a sí mismo como sociedad por otro lado. El así comprendido proceso de trabajo histórico se caracteriza por diferentes etapas o modos de producción con sus respectivas estructuras económicas, políticas y sociales, las cuales reflejan el respectivo nivel de la relación humana hacia la naturaleza, es decir del dominio que ejerce la sociedad sobre ésta, y el respectivo grado de su organización social. A lo largo de todas las etapas del proceso histórico de trabajo, se halla la coexistencia de aspectos iguales, desiguales y combinados a la vez, que „conviven“ juntos en este proceso.

En nuestros tiempos estamos presenciando cómo se está acercando a su fin una larga fase del proceso histórico de trabajo, la cual se ha distinguido por la explotación de los recursos naturales y de la fuerza de trabajo física, y la cual ha experimentado, en el modo de producción capitalista en forma de la producción de mercancías y ganancias tanto su clímax, como su descenso. Por primera vez en la historia ha ocurrido, en el marco del modo de producción capitalista, una cada vez más acelerada revolución de las fuerzas productivas, la cual ha conducido a la extensión de la producción de ganancias a lo largo y ancho de toda la tierra, a la gradual sustitución de la fuerza de trabajo físico-viva por máquinas, y a la explotación directamente productiva del trabajo intelectual y de los recursos sociales, humanos.

Es ésta creciente predominación de la explotación directamente productiva del trabajo intelectual y de los recursos sociales, emergida del seno del modo de producción capitalista, con determinadas consecuencias en los niveles económico, político y social, que caracteriza la actual fase del proceso histórico de trabajo, denominada „globalización“ y que indica tanto la posibilidad de la destrucción de este proceso y por ende de la especie humana misma, como su transformación radical hacia un nuevo modo de „producción“ que difiere enteramente de lo que hoy conocemos, por ser sus futuros „productos“ las propias condiciones de vida objetivas y subjetivas en un entorno no necesariamente planetario-terrestre.

Sólo si logramos entender la envergadura de las causas y consecuencias de esta posible transformación en el plano económico-social a nivel mundial, podemos señalar y comprender el fenómeno del „terrorismo“, estrechamente vinculado con él del racismo, en su función objetiva de constituir factores aceleradores de esta transformación, la introducción de cuya etapa incial la estamos presenciando en forma de la militarización de las relaciones sociales globales en su totalidad, en vías hacia un fascismo mundializado, o sea „globo-fascismo“.

Dentro de este contexto y en lo que sigue vamos a tratar primero, la revolución de la información y sus consecuencias globales, segundo y relacionado al primer punto, el surgimiento de determinados problemas especiales de relevancia económica dentro del proceso de trabajo a nivel mundial como lo son el abastecimiento energético y los crecientes movimientos migratorios o de desplazamiento en el mundo, y, tercero, la dinámica inherente a la globalización hacia una solución de índole „globo-fascista“ de estos problemas y la función objetiva que cumplen, ante este trasfondo, el terrorismo y el racismo.

1. La revolución de la información y sus consecuencias

Se distinguen, desde la originaria revolución industrial a finales del siglo XVIII / comienzos del siglo XIX, mientras tanto cuatro revoluciones tecnológicas, de las cuales tres tienen que ver con el mejoramiento tecnológico de la producción mecánica de bienes de consumo e industriales, aumentando las ganancias al economizar y progresivamente sustituir la fuerza de trabajo física. La cuarta revolución tecnológica adopta una calidad principalmente distinta de las demás, por lo cual se le ha atribuido una importancia igualmente decisiva que la que tenía la propia revolución industrial. Las primeras tres revoluciones tecnológico-energéticas que se realizaron después de la revolución industrial impulsaron, en su transcurso, la automatización creciente y acelerada de la producción, que equivale a la sustitución creciente y acelerada de la fuerza de trabajo físico-humana por máquinas y en última instancia, a la desaparición de la misma del proceso de producción. Simultáneamente, las revoluciones tecnológicas han engendrado las condiciones para la explotación del trabajo intelectual, la cual ha empezado a prevalecer y la cual, dentro del marco de la cuarta revolución tecnológica o „revolución de la información“, ha entrado al escenario como el „adiós a la sociedad de trabajo“, o en otras palabras como „nueva economía“.

„Si hablamos de la nueva economía, hablamos de un mundo, en el cual la gente trabaja con sus cerebros en lugar de sus manos.“

La diferencia decisiva que distingue la cuarta revolución tecnológica de las tres anteriores consiste esencialmente en que el trabajo intelectual ya no se realiza solamente en la „antesala del proceso de producción“ sino se convierte en un factor de producción directo - como potencial de trabajo socialmente combinado por un lado, y como conocimiento individual altamente especializado por otro lado. Palabras como „trabajo calificado“, „capital humano“ o „recursos humanos“ son los términos con los cuales se caracteriza la revolución de la información, dentro de la cual el trabajo intelectual es considerado la „materia prima“ central para una nueva fase de la producción de ganancias. De manera correspondiente, la educación y formación están siendo convertidos en factores de producción en miras hacia la fabricación de la nueva materia prima, del trajabo intelectual. Así es, como el gustosa- y frecuentemente citado „ser humano“ finalmente, en lo que respecta a su lado cualitativo, que lo distingue como „ser pensante“, se revela como aquél, lo que fue desde un principio en el modo de producción capitalista en virtud de su capacidad física de trabajar: como mercancía sin derechos, que se compra, se utiliza para la producción de ganancias o que se despide - acorde a lo que dicte la necesidad del mercado laboral.

„Como cualquier otro recurso material o inmaterial se considera también al hombre como nada más que una mercancía, que debe ser disponible siempre y dondequiera. No posee ni derechos civiles ni de otro índole, sean de naturaleza política, social o cultural; porque sólo los factores de costos determinan el límite de su explotación. El recurso ser humano debe su derecho a la existencia y al ingreso exclusivamente a su rentabilidad y eficacia. Incesantemente tiene que probar, cuán útil es - de tal manera, el ´derecho al trabajo´ es reemplazado por el deber de suministrar la prueba de su ´utilidad´.“

La etapa de la cuarta revolución tecnológica se caracteriza primero, por la computadora como una de las herramientas esenciales, „rudimentarias“, segundo, por la telecomunicación como vehículo de la acelerada combinación de potencial de trabajo social, tercero, la biotecnología como equivalente „post-agrario“ de la futura producción de alimentos, cuarto, la nanotecnología como equivalente „post-extractivo“ de la construcción de materiales enteramente nuevos y duraderos, y, quinto, la (futura) energía alternativa como elemento que sirve de base a los cuatro factores que acabamos de nombrar. El denominador común de todos estos factores es, precisamente, el trabajo intelectual, el cual se convierte en factor de producción primordial. Paralelamente y acompañado de una completa desvalorización de los recursos naturales, ocurre la marginalización de la fuerza de trabajo física a nivel mundial hasta llegar a desaparecer completamente del proceso de producción dominante, global.

Aquí cabe señalar brevemente, que las revoluciones tecnológicas que se dieron después de la revolución industrial debían su dinámica a la orientación de la producción capitalista hacia el incremento de las ganancias por medio de la disminución de los costos de la mano de obra, incidiendo sin embargo y en la totalidad del cuadro económico en la caída tendencial de la tasa de ganancia, como también en la concentración del capital a nivel mundial, llevando el aumento de la productividad - bajo las relaciones de producción existentes - a su límite, lo que se ha expresado y se sigue expresando en las así llamadas „crisis“ - en las crisis económicas y financieras internacionales, en el aumento global del desempleo, en la sobreproducción, recesión y, finalmente, en la inexorable y periódica destrucción de capital y de fuerzas de trabajo por medio de guerras. Sin embargo, el proceso histórico de trabajo en su conjunto, con las consecuencias inherentes a la cuarta revolución tecnológica, ha llegado a un punto, donde las crisis ya no están al servicio de la recuperación del modo de producción existente, sino llevan, en última instancia, a un punto nodal cataclísmico, el cual - y esto sólo sea indicado aquí - podría llegar a engendrar un modo de „producción“ enteramente diferente en el sentido de la posible y hasta necesaria creación de condiciones de vida objetivas y subjetivas bajo circunstancias no-terrestres.
Los nuevos „perdedores“

Ya hemos mencionado la marginalización de la fuerza de trabajo física, la cual se efectúa en la medida en que ésta llega a ser inútil mediante su sustitución por máquinas en el proceso de producción. Es, por consiguiente, esta misma fuerza de trajabo física que se ve forzado de decirle „adiós“ a la sociedad de trabajo, sin que tenga la posibilidad de integrarse a la fila de aquellos, que venden su trabajo intelectual en el mercado laboral de una producción mundial alta- y extremadamente concentrada en los niveles económico y financiero, y limitada a unas pocas corporaciones transnacionales. El creciente ejército de trabajadores desempleados, subempleados, informalizados y finalmente marginalizados a nivel global, que no tienen otra cosa que ofrecer que su fuerza de trabajo física y que se ganan penosamente su vida o subsisten al margen o hasta fuera del proceso de producción, caen bajo la categoría de „los perdedores“ - el término equivalente, en lo que respecta al ámbito del empleo, al notorio „daño colateral“ en lo que concierne el ámbito militar.

„Cada revolución tiene sus ganadores y sus perdedores. Los perdedores ya son visibles - en este caso son aquellos, que no tienen ni la calificación, ni el acceso, ni tampoco las perspectivas de participar activamente en nuestras sociedades cambiantes.“

La aquí enfatizada „participación activa“ en „nuestras sociedades cambiantes“ se refiere a la producción y utilización al máximo - es decir, a la explotación - de los recursos humanos o del trabajo intelectual en aquellos países, que hoy tienen los métodos de producción más sofisticados y tecnologizados, más preciso, en las corporaciones transnacionales que „nacieron“ u operan en estos países. Ante el cuadro de las „sociedades cambiantes“ que reflejan las nuevas exigencias de la producción, y ante la concentración sin precedentes del capital a nivel mundial se requiere de una reestructuración correspondiente del proceso de trabajo global en los niveles jurídico, político, militar y también ideológico, según los dictámenes de esta nueva fase introducida por la cuarta revolución tecnológica. Para obtener una impresión de la inmensa concentración del capital y del porcentaje mínimo, que ocupa la fuerza laboral viva a nivel global - hoy día predominantemente intelectual - valga señalar los siguientes datos:

51 de las 100 más importantes economías del mundo no son países, sino corporaciones transnacionales, las cuales pueden, en virtud de su poder económico, minar la política económica y social de un país dado y por consiguiente minar la soberanía de un país determinado, al igual que dictar condiciones político-económicas, que le favorecen en primer lugar al consorcio transnacional en cuestión. Según el Reporte sobre el Desarrollo Humano de las Naciones Unidas del año 2000, el ingreso del 1 % más rico de la población mundial es equivalente al ingreso combinado del 57 por ciento más pobre. Los países miembros de la OECD poseen aproximadamente el 97 % de los patentes o derechos de propiedad intelectual en el mundo, y a los consorcios transnacionales les toca el 90 % de todos los patentes directamente relacionados a la tecnología y a los productos de consumo. Una investigación realizada por Sarah Anderson y John Cavanagh, que compara las ganancias anuales de grandes consorcios con el producto interno bruto de determinados países individuales demuestra, que, por ejemplo, el consorcio norteamericano General Motors es más grande que Dinamarca, el consorcio Wal-Mart más grande que Noruega, y el consorcio General Electric más grande que Portugal. La misma investigación comprueba, que en el año 2000, las ganancias acumuladas de los 500 consorcios más grandes del mundo fueron equivalentes al 47 % del producto social bruto del mundo entero, mientras que el porcentaje de la fuerza laboral empleada por los mismos 500 consorcios sólo llegó a un 1,59 % de la fuerza de trabajo total global.

La persona individual más rica de los EEUU posee bienes con un valor equivalente a los bienes conjuntos del 40 % de la población más pobre dentro de los mismos EEUU. La fortuna de los tres individuos más ricos del mundo es más grande que el producto social bruto conjunto de los 48 países más pobres del mundo, que conforman un cuarto de las naciones enteras del mundo. Los 225 individuos más ricos del mundo, de los cuales 60 viven en EEUU, poseen en su conjunto una fortuna de más de $1,000,000,000,000 (1000 billones de dólares americanos), monto, el cual corresponde al ingreso combinado anual del 47 % de la población mundial. Los 447 individuos más ricos del mundo poseen en su conjunto una fortuna, que es más grande que la fortuna combinada de todos aquellos, que conforman la mitad pobre de la población mundial.

En vista de semejantes proporciones o más bien desproporciones parece completamente desacertado hablar de una „libre opción“ de las naciones en relación a la adopción de medidas necesarias para reestructurar sus respectivas sociedades, como lo hace el ya citado John C. Kornblum respecto a la pregunta clave del qué hacer, para que los ciudadanos de un país determinado formen parte de los „ganadores“ de la actual fase del proceso de trabajo, al constatar, que se requiere de una „mezcla adecuada“ de la implementación de nuevas tecnologías combinada con la libre circulación de bienes y de capital en el mercado, y con una política económica y social que no salga de las reglas del liberalismo económico, y al observar lo siguiente:

„Naciones particulares o grupos de naciones tienen la libre opción de elegir la mezcla política adecuada, apta para ellos - sin embargo, si sus leyes y dictámenes no son compatibles con las del resto del mundo, los ciudadanos de esta nación particular o de este grupo de naciones padecerán las desventajas, y no el resto del mundo.“

Con esta clase de interpretación, según la cual la responsabilidad para la actual o futura marginalización de su fuerza de trabajo cae sobre los „perdedores“ mismos - sobre todo a los que ya existen como el resultado histórico del „modus operandi“ del capitalismo - contrasta otra concepción, como la expresada en la Resolución Global del Desarollo Sustentable, la cual sostiene, que es la estructura inherente a la economía global que decide sobre „ganadores“ y „perdedores“ en este proceso, señalando que la misma tiene un impacto negativo sobre la mayoría de la población mundial inclusive sobre la de los EEUU, donde se le priva a esta mayoría de cualquier posibilidad de influenciar el modelo y la contextura de la economía global. Por consiguiente, la misma resolución procede a desenmascarar la estructura de la economía global como una violación de los - si se les quiere tomar en serio - „derechos fundamentales de los seres humanos a la igualdad y a la autodeterminación“ como quedan anclados en la declaración de la independencia de los EEUU y en la declaración universal de los derechos humanos. La resolución califica, además, la acelerada y destructora competencia, la cual es fomentada por la misma globalización, como una „carrera hacia el abismo“ que lleva a la disminución progresiva de puestos de trabajo, al corte de gastos sociales y ambientales bajo referencia a la conservación de la competitividad de la propia ubicación, y desemboca así en el estancamiento y la recesión, en el desempleo y en las crisis económicas a nivel nacional, regional y global.

El balance hecho por la Resolución Global del Desarrollo Sustentable de los últimos 25 años del auge y establecimiento de la fase de la globalización con respecto a aquél, lo que hemos señalado anteriormente como la marginalización global de la fuerza de trabajo física, demuestra un dramático incremento de la pobreza con una cifra de desempleo a nivel mundial que asciende a casí 1,000,000,000 (1 billón) de personas. Los aspectos sociales de esta catástrofe se expresan, entre otras cosas, en una represión intensificada de los así llamados „grupos minoritarios“, socialmente discriminados como las minorías étnicas, inmigrantes, mujeres y grupos indígenas alrededor del mundo. En lo que concierne a los primeros dos, las minorías étnicas y los inmigrantes, la resolución consta:

„En muchas partes del mundo, los inmigrantes y las minorías étnicas y raciales no sólo se ven expuestos a la explotación, sino están siendo abusados como chivos expiatorios para los problemas económicos causados por la globalización de los consorcios.“

Ahora bien, en este contexto aparece lo que hemos denominado la función objetiva que tiene, en este caso, el racismo a nivel mundial y a la cual haremos referencia más amplia en relación con la función objetiva del terrorismo en lo que sigue en adelante. Por ahora sea indicado la necesidad indispensable que adquieren la existencia del racismo, y también del terrorismo para el proceso histórico de trabajo en esta su etapa globalizada, donde se hace cada vez más necesario una justificación como también un consenso internacional para eliminar los centenares de millones de „fuerzas de trabajo inútiles“ a nivel mundial, engendrados por este mismo proceso.

2. El surgimiento de problemas especiales de relevancia económica dentro del proceso de trabajo global.

Estos hechos - la desaparición progresiva y acelerada principalmente de la fuerza de trabajo física del proceso global de producción, que equivale a la marginalización de billones de seres humanos, y el emerger tanto de nuevas necesidades como de nuevos problemas que resultan de la misma dinámica, creados a lo largo del proceso de trabajo y acelerados en el marco de la cuarta revolución tecnológica o sea de la globalización, requieren, como ya mencionamos, de una reestructuración global de este proceso en diferentes niveles. Así es, como en relación a esta reorganización, los llamados problemas especiales de relevancia económica se están poniendo en el primer plano de la agenda de los estados del G-8, figurando entre ellos primero, el aseguramiento del abastecimiento energético, segundo, las incidencias de la globalización sobre los mercados financieros y sobre los países en vías de desarrollo, tercero, los efectos internacionales del endeudamiento, del desempleo global y del tráfico de drogas y armas, y cuarto, los efectos que tienen los movimientos migratorios de refugiados de guerra y, sobre todo, de refugiados económicos o de pobreza sobre la seguridad y estabilidad interna de las naciones industrializadas. A continuación, vamos a abordar brevemente el primero y el último de estos problemas especiales de relevancia económica.

El problema del abastecimiento energético

Todavía no ha ocurrido una revolución energética que correspondiera a la importancia y a la trascendencia de la cuarta revolución tecnológica, y que hubiése sustituido a la obsoleta producción energética en base de combustibles fósiles no-renovables. Aparte de las conocidas posibilidades de producción de energía alternativa como lo son la energía eólica, la energía hídroeléctrica, la energía solar, la energía de biomasa y químico-energética, parecen existir métodos no-convencionales de generación de energía, como por ejemplo la generación de energía electromagnética a partir del vacío físico, cuya base tecnológica supuestamente ya existe, la aplicación de la cual sin embargo todavía no se avecina, ni tampoco su probabilidad de uso dentro del marco de las relaciones de producción existentes, porque entraría en conflicto con los intereses económicos existentes centrados en los combustibles fósiles. Por consiguiente, a corto plazo los tradicionales combustibles fósiles seguirán manteniendo su enorme significado, sobre todo ante un estimado incremento del consumo energético en el mundo.

En este contexto cabe señalar, que el aseguramiento del abastecimiento energético a corto y mediano plazo para los países industriales, mejor dicho para los países de la alta tecnología, y el control de los recursos existentes y de su extracción y venta en el mercado mundial, juegan un papel decisivo en la „guerra contra el terrorismo internacional“ y constituyen el motivo primordial subyacente en el actual compromiso militar de los EEUU y sus aliados de la OTAN en Afganistán, país el cual ocupa una posición clave con respecto al control regional y transporte de los inmensos recursos petroleros y de gas natural en la región del Mar Caspio. Desde hace años, los intereses norteamericanos han puesto la mira en Afganistán como posible país de tránsito para la construcción de un oleoducto que, cruzando Pakistán, le abriera el camino para transportar el petróleo desde la Asia Central hacia el Océano Indico y desde ahí a un potencial mercado energético creciente como él que se perfila en la India y en Asia. Las reservas gasíferas en Azerbaiján, Uzbekistán, Turkmenistán y Kazakhstán se estiman en unos 236 trillones de metros cúbicos y las estimaciones de las reservas petroleras varían entre los 60 y 200 billones de bariles, lo que equivaldría, por ejemplo, al cubrimiento de las necesidades energéticas de Europa para un lapso de tiempo entre 11 y 30 años respectivamente.

El problema de los movimientos migratorios

Otro de los problemas especiales de relevancia económica de creciente urgencia concierne al problema de los movimientos migratorios globales. Al respecto, una declaración conjunta de las iglesias cristianas en Alemania, informa sobre los retos que enfrentan Alemania, Europa y los „países ricos del norte“ en general, ante los movimientos migratorios a nivel mundial cuya mayoría, hoy día, la constituyen los así llamados refugiados de pobreza o refugiados económicos. La declaración pone a la luz las causas de este fenómeno de proporciones cada vez más grandes, a lo cual los factores económicos juegan el papel eminente, y factores como el ecológico adoptan un creciente significado en relación al problema. Según estimaciones, por cierto variables, existen en el mundo varios centenares de millones de refugiados económicos y de pobreza „con continua tendencia creciente“.

Como causas primordiales del problema migratorio se nombran, primero, el cada vez más grande desnivel de bienestar entre los países subdesarrollados del mundo, donde viven centenares de millones de seres humanos en la pobreza absoluta, y de las ricas naciones industrializadas del norte, donde „el nivel de vida ha alcanzado un grado único en la historia de la humanidad“ ; segundo, el sistema económico mundial dominado por el „norte industrializado“; tercero, el problema del endeudamiento; cuarto, la distribución unilateral de ingresos en los países subdesarrollados, agravada por la corrupción, la gerencia fracasada y la ineficacia por parte de las élites políticas y económicas reinantes en estos países; y, finalmente la busqueda de trabajo, resultado de la interacción de los cuatro factores mencionados:

„La mayor parte de la población no encuentra ningún trabajo remunerado, o trabaja bajo condiciones pésimas e indignas. La búsqueda de trabajo es, por ende, una de las razones esenciales de la migración.“

Para enfrentar el problema de la migración en miras hacia la seguridad y estabilidad interna de Europa, se hace una separación estricta entre la política de inmigración y la política de refugiados en el sentido, que sólo tienen y siguen teniendo estatus de refugiados y derecho al asilo aquellas personas políticamente perseguidas y según definido en la Convención de Ginebra sobre Refugiados, más no los refugiados económicos. Además y según las necesidades que dicta el propio proceso de producción, sobre todo en el marco de las consecuencias de la cuarta revolución tecnológica, se realiza una especie de política de inmigración selectiva de fuerzas de trabajo extranjeras, altamente calificadas, hacia los países de la alta tecnología. De esta manera se le cierre el camino a los refugiados económicos o de pobreza, que constituyen en su mayoría absoluta el contingente de fuerzas de trabajo físicas ya obsoletas para el sistema de trabajo internacional, y que buscan desesperadamente empleo y condiciones de vida dignas, ansiosos de ingresar a las llamadas „fortalezas de bienestar“. Ante tal panorama, se les impone a los ricos países del norte la pregunta por una solución definitiva al problema de la migración. El tono general de los nuevos retos se esucha, de manera ejemplar, en la siguiente declaración de un ministro alemán, en la cual se nota además la ya mencionada noción según la cual el ser humano sólo cuenta como „recurso“, cuyo derecho a la existencia está completamente determinado por su eficacia y su rentabilidad:

„ [Estamos] ... enteramente dispuestos de facilitar la inmigración de profesionales extranjeros que le sirven a nuestra economía. En este caso, sin embargo, tenemos que reducir el inmenso número de aquellas personas, que llegan a nuestro país como refugiados de pobreza con el pretexto de ser políticamente perseguidos, aprovechándose de nuestra asistencia social sin prestar ningún aporte positivo para nuestro Estado y nuestra sociedad. ... Lo que necesitamos es ... una solución amplia del problema de la inmigración con el objetivo, de reducir el flujo incontrolado de personas hacia Alemania, que son una carga para nuestra sociedad y nuestro sistema de prestaciones sociales. De tal modo conseguiremos espacio para aquéllos, que pueden brindar und aporte para el crecimiento económico.“

Ahora bien, ante este trasfondo es interesante observar, cómo los ataques terroristas del 11 de septiembre en los EEUU y la subsiguiente „caza de terroristas“ a escala mundial han servido instantáneamente como razón - y no es posible sustraerse a la impresión de que la ocasión fue bienvenida - para no sólo implementar y acelerar sino también intensificar una nueva política restrictiva de inmigración, extranjeros y asilo en Europa y en EEUU, que ya se hallaba en planificación, como también para ejecutar una drástica restricción universal de los llamados derechos civiles democráticos.

En lo que concierne por ejemplo a la inmigración hacia el país de alta tecnología, Alemania, sólo se les brindará el derecho a establecerse a aquellos inmigrantes, que, en el sentido que acabamos de mencionar, constituyen fuerzas de trabajo intelectuales, altamente calificadas, útiles para la economía, que tienen que satisfacer las exigencias más difíciles de contentar, mientras que extranjeros que ya tienen años viviendo en el país y que no caen bajo esta categoría, no tienen perspectivas para poder obtener un permiso legal de establecerse definitivamente en Alemania. A esto se suma la agravación de la situación jurídica de todos los extranjeros en el país, no obstante su estatus legal, que están, según la nueva ley de estadía, sujetos a la medida de la retirada del permiso de estancia, si su permanencia perjudica o compromete los intereses del país.

Siguiendo con el ejemplo de Alemania, el „paquete de medidas“ aprobado en el gabinete federal tan sólo 8 días después de los ataques terroristas en el marco de las decisiones gubernamentales acerca de la seguridad interna, el cual se aspira sea modelo para una legislación a nivel europeo, prevee, entre otras medidas, el reforzamiento del papel del Ejército Federal de Alemania, el cual ahora puede y debe intervenir en la „lucha contra el terrorismo“, o sea a nivel de asuntos interiores del país, bajo estrecha colaboración con la policía, las oficinas de censo, de extranjería y con los servicios secretos. El „paquete“ también contiene, aparte de la limitación del libre ejercicio de la religión y de la ampliación del codigo penal, métodos para agudizar la persecución penal como lo es el restablecimiento de la polémica „pesquisa retícula“, la cual opera en base de la estructuración y combinación de una vasta variedad de datos de cualquier índole, lo que va de la mano con la restricción - por no decir erosión - del derecho a la protección de datos y a la privacidad, como lo son la intensificación de la supervisión pública por videocámaras y la introducción de huellas dactilares en los pasaportes y datos biométricos en las cédulas de identidad.

Algo similar ha ocurrido, como resultado de los hechos del 11 de septiembre, en los EEUU, donde, en el marco del recién aprobado „USA Patriot Act“ se restringen, de manera terminante, los derechos no sólo de los extranjeros en el país, sino también de los propios ciudadanos norteamericanos. Bajo esta ley denominada „Acta Patriótica de EEUU“, primero, se limitan los derechos constitucionales al libre ejercicio de la religión, de la expresión y de la reunión anclados en el First Amendment de la constitución americana; segundo, se reduce a un mínimo el marco legal dentro de lo cual se efectúan la intercepción telefónica y la interferencia en actividades en el Internet; tercero, se amplían las facultades de las autoridades gubernamentales para la ejecución de medidas anti-terroristas y de persecución penal ordinaria otorgándole al fiscal general y al secretario general la competencia de definir cualquier organización doméstica como „grupo terrrorista“ y tomar las medidas pertinentes en su contra; cuarto, se le abre al FBI el acceso irrestricto a datos privados concernientes a finanzas, educación, tratamiento médico y a datos de otro índole, sin tener que presentar una notificación judicial o la prueba, de que existe un hecho penal. También se abren los bases de datos estudiantiles en todo el país para „investigaciones de relevancia para la seguridad“, y además se introduce una definición tan amplia de „terrorismo doméstico“, que hasta protestas políticas o sindicales pueden caer bajo la categoría de „actos adversos“ y así convertir a sus participantes en candidatos para la supervisión estatal y para eventuales medidas de penalidad.

Resumido en las palabras de la Unión Americana de Libertades Civiles:

„Mientras que contiene provisiones que estamos apoyando, la Unión Ameriana de Libertades Civiles está convencida, que el USA PATRIOT ACT le concede al fiscal general y a las autoridades federales del poder ejecutivo nuevos poderes permanentes, que violan los derechos civiles y que van mucho más allá del declarado objetivo de luchar contra el terrorismo internacional. Estos nuevos poderes incontrolables podrían ser utilizados en contra de ciudadanos americanos ordinarios que no están bajo investigación penal, en contra de inmigrantes, que se encuentran dentro de nuestras fronteras de manera legal, y también en contra de todos aquellos, cuyo ejercicio de actividades protegidas por el First Amendment están siendo consideradas como una amenaza para la seguridad nacional por el fiscal general.“

De esta manera el acto material de los ataques terroristas del 11 de septiembre ha producido un efecto público, el cual, bajo la atmósfera generalizada del terror y de la inseguridad, ha permitido que se llevaran adelante cambios drásticos que convierten e invierten los poderes de Estado existentes en un terrorismo de Estado, es decir, que se propicie la militarización sistemática de las relaciones sociales hacia el interior por medio de la activación de aparatos de supervisión y supresión de Estado. Esto va estrechamente de la mano con la sistemática militarización de las relaciones sociales hacia el exterior a escala mundial, es decir de las relaciones internacionales. Estamos así presenciando el primer nivel en vías hacia un escenario „globo-fascista“ a nivel mundial, en el cual, en virtud de una guerra-en-permanencia declarada contra el „terrorismo internacional“ se pone la mira en la posible solución de uno de los problemas principales de la actual etapa del proceso histórico de trabajo, como lo es la existencia física de billones de fuerzas de trabajo superfluas, que deambulan, sin trabajo, por las calles de la aldea global.

3. La dinámica sistémica-inherente hacia una solución fascista-global de los actuales problemas que enfrenta el proceso de trabajo a nivel mundial.

Hemos mencionado al comienzo la destrucción periódica de capital y fuerzas de trabajo, inherente al sistema, que se realiza a través de guerras surgidas en el marco de las crisis de sobreproducción, desempleo y recesión etc., y hemos indicado, que, de aquí en adelante, las crisis ya no contribuyen a la recuperación y regeneración del sistema bajo las relaciones de producción existentes, sino llevan hacia la destrucción completa del proceso histórico de trabajo en su totalidad, en lenguaje claro, de la propia especie humana, y/o apuntan hacia la transformación de este mismo proceso en un modo principalmente diferente de „producción“ en el sentido de la creación (forzosa) de nuevas condiciones de vida objetivas y subjetivas, a lo cual, dentro del marco de la cuarta revolución tecnológica, son sobre todo la bio- y la nanotecnología en combinación con la astronáutica, que han empezado a engendrar las bases correspondientes. A nuestro juicio, sólo una pequeña parte de la población de la tierra saldrá con vida - si es que sale en primer lugar - de una fase de transformación cataclísmica del proceso histórico de trabajo. En el marco de la introducción de esta fase fascista-global y ante una realidad, dentro de la cual sólo un 15 % de la población mundial consume entre 70 y 80 % de la producción de bienes y servicios a nivel mundial, y en la cual los restantes 85 % no tienen relevancia alguna ni para la producción ni para el consumo, se vislumbra un escenario de destrucción inmenso, el cual sólo puede tener - y en efecto ya tiene - lugar ante los ojos del así llamado público global bajo dos premisas combinadas: Ignorancia y consentimiento.

La ignorancia consiste en considerar reformable, mejorable y, con esto principalmente „bueno“ y digno de defender a un sistema, que se ha establecido mundialmente a través de los siglos y que ha engendrado de manera comprobable y mientras tanto abiertamente manifiesta una concentración de la riqueza social de proporciones perversas en literalmente pocas manos, junto a la simultánea depauperación y marginación de billones de seres humanos, mejor dicho, fuerzas de trabajo. Además, la ignorancia consiste en la ilusión, de que los inmensos „avances tecnológicos“, sobre todo en el marco de la cuarta revolución tecnológica - expresión de la progresiva dominación de la naturaleza o más bien destrucción de la misma - podrían, bajo las relaciones de producción reinantes, crear las bases para un „desarrollo sustentable“. La ignorancia consiste en la afirmación y en la justificación de una realidad que es letal para la vida planetaria en su conjunto, lo que queda expresado en las contradicciones inmanentes del sistema, que constituyen su propia amenaza y que llevan a una encadenación de crisis de sobreproducción y crisis financieras y económicas, que desembocan en una sola crisis de la economía y sociedad globalizada.

Amenazado en su funcionamiento por crisis desde ahora de dimensiones globales, el sistema demuestra, de manera forzosa, su cara abiertamente „globo-fascista“ a nivel mundial: A efecto de reactivar la economía mundial por un lado, y de „eliminar la pobreza en el mundo“ (en el sentido de la palabra) por otro lado, se requiere, con urgencia, de una guerra global, por lo que se requiere de un consentimiento internacional, y sobre todo, de una razón pertinente. El consentimiento internacional para el venidero escenario destructivo, obtenido bajo la impresión poderosa de los acontecimientos del 11 de septiembre, lleva a la abierta militarización de las relaciones sociales en todos sus niveles, y le otorga, bajo la bandera de una „causa común“, vigor y sobre todo justificación a la realidad letal ya existente:

„No son los perpetradores mismos, quienes determinan los efectos del terror, sino aquellos, quienes lo pueden utilizar para sus propios intereses, es decir, quienes tienen el acceso a las instituciones públicas del orden establecido.“

Las instituciones públicas del orden establecido, en este caso de alcanze global y representadas en primer lugar por todas las instituciones públicas de EEUU - desde el Departamento del Estado hasta los medios de comunicación de masas - y reforzado por los órganos correspondientes europeos, han sabido, en el marco de los eventos del 11 de septiembre, aprovechar el favor del momento para remediar - en un mundo extensamente entrelazado en los niveles económico, financiero, internacional-jurídico, político y, desde la caída del comunismo más o menos „uniforme“ en el plano ideológico - el problema del „antagonista ausente“ en el sentido „clásico“ de un enemigo exterior. Bajo la activación del racismo, que es un componente intrínseco, cuidadosamente cultivado del mismo proceso histórico de trabajo, se recurrió al viejo, eficáz y bien probado discurso de la amenaza por „lo ajeno“, lo „no-civilizado“, lo „bárbaro“, lo „semi-feudal“ y, en última instancia lo „inferior“: Así nació el „nuevo enemigo“, el enemigo interno del Estado global, en forma de „lo absolutamente maligno“, retratado como la conspiración contra-cultural de una barbarie atrasada-feudal en traje muslímico, en contra de la „civilización occidental“. Aquí cabe señalar, que, de una manera que llama la atención, el „nuevo enemigo“ corresponde extensamente con un „atraso“ a título comparativo, como se lo encuentra, en el marco de los aspectos iguales, desiguales y combinados del proceso de trabajo, en aquellos países y regiones de la tierra, donde todavía prevalece, económicamente, la explotación de la fuerza de trabajo física y de los recursos naturales. Aun cuando posteriormente estas declaraciones no han precisamente sido retractadas, sino más bien forzosamente diferenciadas en su conjunto, han tenido, en la vista del discurso público de una declaración de guerra global al „terrorismo internacional“, y en combinación con las medidas visadas y en gran parte ya realizadas con fines de reforzar la seguridad interna, un impacto persistente sobre la psiquis de una población traumatizada e intimidada tanto en EEUU como en Europa.

„La discusión incitada por parte de los políticos del gobierno y de la oposición después de los ataques en los EEUU en lo que concierne la agravación de la seguridad interna y el rechazo a todo lo ajeno no ha fallado en producir sus efectos. Similarmente a lo que ocurrió en EEUU y en diversos países Europeos, se han incrementado, en los últimos días, las hostilidades y los abusos de hecho contra las personas de origen arábico y también turco. ... El consejo central de los musulmanes informa sobre cuantiosas cartas amenazadoras, en las cuales se les imputa, en bloque, a los musulmanes de haber perpetrado los atentados.“

Así queda en evidencia, de que el racismo - expresión principal de la discriminación social en el proceso de trabajo y desde siempre instrumento indispensable del divide et impera en el marco de la opresión política y de la explotación económica - es inseparable de la dimensión fascista del síndrome del chivo expiatorio, sea en el ya mencionado contexto de los problemas económicos producidos por la globalización, sea en el contexto político-ideológico del „nuevo enemigo“ internacional. Tal combinación racista-fascista permite establecer en las mentes „civilizadas“ y sincronizadas por la globalización, el vínculo espontáneo y cómodo entre cualquier ciudadano con apariencia oriental y el „parásito extranjero que abusa de nuestros servicios sociales“ o al „terrorista potencial“, sobre todo si reside en EEUU o en países de Europa.

Bajo las todavía frescas impresiones del terror y del espanto de los acontecimientos del 11 de septiembre, en un ambiente del continuo „terrorismo de baja intensidad“ que se vive en EEUU, en una atmósfera en la que pesa la sospecha generalizada, la cual sustituye la presentación de pruebas, y que siembra más terror y espanto ante una ola de detenciones e interrogaciones, sobre todo en la población muslímica como también entre los opositores del curso tomado, y bajo la latente amenaza de nuevos atentados, se ha emplazado la artillería más pesada en lo que respecta no sólo a la propia intervención militar en Afganistán, sino también a las medidas tomadas tanto en lo jurídico, o sea en materia del reforzamiento de la seguridad interna, como en lo económico - medidas, que bajo cualesquiera otras circunstancias se hubieran estrellado contra los propios postulados formales de las así llamadas „democracias occidentales“ y del „libre mercado“. Caben mencionar el paquete económico-estimulador del gobierno Bush, que sobrepasa los 100 billones de dólares americanos y que ha sido calificado como un verdadero „regalo de guerra“ a la Amércia de las grandes corporaciones, la ya mencionada restricción drástica de los derechos civiles democráticos en los EEUU y también en Europa, y el cambio explícito que está en marcha para transmutar a estas „democracias“ en Estados policíacas y de vigilancia. También cabe señalar, en el marco de la militarización de las relaciones internacionales, la presión inmensa ejercida a nivel internacional, subrayada por la intervención militar en Afganistán, con fines de forzar a todos los países del mundo, bajo referencia al claramente establecido esquema amigo-enemigo, dentro de la „coalición anti-terrorista“, o, de lo contrario, segregarlos, acosarlos y en el peor de los casos atacarlos militarmente.

De tal modo el „terrorismo internacional“ en estrecha vinculación con el acreditado recurso al racismo tiene la función objetiva de ser un factor acelerador del proceso de trabajo a escala mundial hacia una étapa del „globo-fascismo“, la cual prepara el terreno para „remediar“ una situación progresivamente crítica a nivel mundial, engendrada por la dinámica del propio proceso en su etapa del capitalismo con sus revoluciones tecnológicas, y acelerada, sobre todo, por la cuarta revolución tecnológica, donde billones de seres humanos que no tienen otra cosa que ofrecer en el mercado laboral global que su fuerza de trabajo física, están cayendo fuera de la producción y del consumo a nivel mundial y constituyen el cada vez mayor contingente de personas en el mundo, que viven en pobreza. Más preciso, el terrorismo y el racismo adquieren ante este trasfondo la función objetiva de la racionalización, es decir justificación de la inminente e inexorable eliminación de billones de seres humanos en el planeta, fuerzas de trabajo superfluas.

En el marco de la proclamada guerra tenaz contra el „terrorismo internacional“, la lucha contra el „terrorismo“ anteriormente limitada a escala nacional se convierte ahora en una caza de brujas a nivel mundial de duración incierta y de insistencia inexorable, a lo cual el término terrorismo - y con él las consecuencias nefastas - puede ser extendido arbitrariamente y según lo que dicten los intereses del momento, a determinados grupos y, si fuera necesario y como anunciado desde un principio, también a países enteros:

„Esto es una guerra y no será una guerra de corta duración.“ „Esto no pasará rápidamente.“ „Tenemos un plan de guerra que resultará viable, no importa cuanto tiempo requiere.“ „Habra muchas muertes. Los militares están preparados para ello.“ „Esto no sólo es un esfuerzo para captar a bin Laden. Esto es una guerra para eradicar el terrorismo en todo el mundo.“ „No estamos pensando en términos de unos pocos ataques aéreos. Fuerzas de tierra estarán involucrados. Y algunos morirán.“ „Vamos a perseguir el terrorismo dondequiera que amenace a Estados Unidos.“ „Los norteamericanos tienen que ser preparados para más sacrificios y más bajas.“ „El sólo eliminar a bin Laden no es suficiente. Perseguiremos el terrorismo en cualesquiera de los países donde reside.“

En el orden del día de la verdadera agenda figuran, en primer lugar y en el plano inmediato, los intereses geostratégicos relacionados al aseguramiento del abastecimiento energético a corto y mediano plazo en base de los tradicionales combustibles fósiles, y también al control de la venta de estos recursos en el mercado mundial, como los hemos indicado en el marco de los problemas especiales de relevancia económica. En segundo lugar y también en el plano inmediato, figura la militarización y „fasciszación“ de las relaciones sociales a nivel mundial tanto hacia el interior de los Estados, como hacia el exterior con respecto a las relaciones internacionales mediante una guerra conducida en base de información, que comprende la accesibilidad a los datos privados tanto de los ciudadanos individuales, como de organizaciones nacionales e internacionales de cualquier índole, y hasta comprende, en última instancia, la accesibilidad a datos e informaciones confidenciales de empresas, consorcios y bancos, con lo cual quede indicado, de paso, el probable componente de una guerra económica basada en la información, que podría desatarse entre las pocas fracciones de capitales nacionales que todavía compiten en el mundo. Finalmente figura, en el orden del día, la detención de una oleada de problemas globales de larga trayectoria, los cuales constituyen una amenaza especialmente para el „mundo occidental-civilizado“ y de los cuales éste ha sido bien enterado mucho antes de que sucediera el 11 de septiembre. En forma de los acontecimientos del 11 de septiembre sin embargo, se le ha encontrado el fundamento oficial, la justificación y el consentimiento para su solución nefasta.

Ante semejante trasfondo y de manera perversa, la continuación no sólo de la amenaza de nuevos atentados terroristas, sino el que realmente ocurran, se hace indispensable por no decir vital, sobre todo para el „buque insignia“ del mundo occidental, para que se pueda conservar el consentimiento y la necesaria justificación ante un público mundial, para la globalización del fascismo y militarismo.