EN LA ÉPOCA DE LA GLOBALIZACIÓN ¿ES EL MARXISMO REALMENTE OBSOLETO?

 

FRANZ J. T. LEE


 

 

Índice

 

Introducción

1. Realmente tenemos que cuidar nuestra Revolución Bolivariana, para que no la perdamos para siempre

2. En vez de interpretar a Venezuela de diferentes maneras, ¡tenemos que emanciparla!

3. ¡Dejemos que el pueblo soberano decida, si el marxismo en Venezuela es obsoleto o no!

Conclusión

 

 

Introducción

 

Carlos Marx, el Marxismo y el Socialismo

 

"Los filósofos sólo han interpretado el mundo de maneras distintas, el asunto es cambiarlo".  Carlos Marx (Undécima Tesis sobre Feuerbach).

 

"Lo único que sé es que no soy marxis­ta". Este famoso enunciado de Marx ilustra la relación entre su propio pensamiento auténtico y las interpretaciones 'marxistas' del mismo efectuadas por sus contemporá­neos. La afirmación la hizo Marx en París, a manera de respuesta a las concepciones 'marxistas' de un partido social‑demócrata francés, como una advertencia casi visiona­ria contra todo dogmatismo, toda personifi­cación y representación absoluta de los pro­cesos históricos objetivos‑reales, que existen independientemente del conocimiento y de la voluntad de los individuos sociales.

 

Estamos conscientes de las diferencias fundamentales que existen entre el socialis­mo, el marxismo, el Marxismo‑Leninismo, el Socialismo del Siglo XXI y la propia contri­bución científico‑filosófica de Carlos Marx a una nueva cosmovisión revolucionaria, esto es, el materialismo histórico‑dialéctico, que revela el carácter efímero del capitalismo y la necesidad de realizar el socialismo y comunismo como formas superiores de producción y organización humana.

 

El marxismo, entendido como materialis­mo histórico‑dialéctico, es algo muy comple­jo y presupone un estudio profundo y arduo de la historia de la filosofía occidental, de la economía política y del socialismo utópico, para llegar a comprenderlo como lo que fue en su tiempo y lo que todavía representa hoy: una nueva lógica dinámica (la dialécti­ca) y una ciencia y filosofía precisa e incisiva (la dialéctica aplicada a la naturaleza y la sociedad, esto es, a la historia).

 

Aquí en este pequeño libro sólo podemos indicar las huellas que el marxismo ha de­jado en la historia, las aproximaciones frag­mentarias de su esencia y existencia histórica y las chispas de su avance revolucionario y emancipatorio. Cabe señalar, que en otras obras del autor se encuentran ejemplos más precisos y puntuales de la aplicación práxica del socialismo científico en el mundo real.

 

(Véase:

1. Venezuela: De la Revolución Bolivariana a la Emancipación Humana, de Diciembre de 2005.

2. Venezuela: La Revolución Bolivariana pasando el Rubicán (co‑autora: Jutta Schmitt) de Diciembre de 2006.

3. Venezuela: Revolución, Éxodo y Emancipación. Ensayos para la Práxis y Teoría Socialista, de Julio de 2007.)

 

En este pequeño libro presentamos tres textos del autor que tocan la cuestión de la supuesta obsolencia del marxismo en el si­glo XXI.

 

Si preguntamos por la contribución que hicieran Carlos Marx y Federico Engels al concepto socialismo, podemos constatar que es muy sencilla: lo sacaron del ámbi­to de los sueños diurnos y de la esperanza opaca por una vida mejor para elevarlo al rango de una ciencia y filosofía, con pers­pectivas y herramientas para su materializa­ción en la realidad, esto es, aportando una práxis y teoría revolucionaria para cambiar el mundo y no permanecer en su eterna in­terpretación.

 

 

1. Realmente tenemos que cuidar nuestra Revolución Bolivariana, para que no la perdamos para siempre

 

Según fuentes de inteligencia estado­unidenses ahora Bin Laden se esconde en Pakistán. Así que, adivinen quién será el próximo candidato en la sonora lista del 'eje del mal', es decir, quién acompañará a Irán, Siria, Corea del Norte y Venezuela.

 

Definitivamente, si esta ruleta rusa inter­nacional continúa así, entonces seguramen­te todos sufriremos uno por uno el mismo destino que Afganistán e Irak.

 

La crisis mundial se profundiza y los competidores por la hegemonía mundial se desesperan cada vez más. El capitalismo e imperialismo mundiales muestran su verdadera realidad, su mueca fascista, su poder auto‑destructivo. Por otro lado, se está globalizando un vil ataque contra la verdadera negación del capitalismo, contra el socialismo. El reformismo social y el neoliberalismo compiten en sus campañas de desprestigio al socialismo científico y filosófico, es decir, en combatir el marxismo viviente y fluyente.

 

Hay que hacerse la pregunta si en Venezuela, que se encuentra en estos momentos en el centro de la feroz batalla global emancipatoria anti‑capitalista, el marxismo de verdad es obsoleto.

 

¿Por qué hay tantos bolivarianos antimarxistas? ¿Podemos ignorar todas las armas práxicas y teóricas proletarias marxistas de la emancipación?

 

Solamente una ignorancia total en cuanto al socialismo científico y filosófico puede llegar a unas aserciones tan falaces como las que dicen que es obsoleto y las cuales necesitan una corrección urgente.

 

Desde 1789, cuando la victoria política del modo de producción capitalista, desde el nacimiento del marxismo, han sido más de 666 las veces que el marxismo ha sido declarado una mosca muerta.

 

En los sueños de las giga‑ganancias de todos los capitalistas fue considerado obsoleto. Incluso en América Latina, África o Asia, donde más se necesita el marxismo para la explicación de una realidad capitalista, todo tipo de pro‑capitalistas y anticomunistas lo desprestigian como una reliquia diabólica del siglo XIX.

 

El mero hecho de que alrededor de todo el planeta grandes comerciantes, criminales de guerra e incluso presidentes a diario tienen que declarar muerto a Marx, a su práxis y a su teoría, declararlo como desecho inútil, demuestra lo vivo que sigue estando hoy por hoy y lo difícil que es matar la negación dialéctica del capitalismo.

 

Pero no es necesario preocuparse que el marxismo pueda volverse obsoleto.

 

Fueron Marx y Engels, los expertos transhistóricos de la dialéctica, quienes ya crearon el antídoto emancipatorio contra la obsolescencia política. A su vez, ellos nunca tuvieron la necesidad de declarar muerto a Platón, Jesucristo, Thomas Münzer, José Martí, los padres de la Iglesia o los funda­dores de los Estados Unidos de América de una manera irresponsable.

 

*  Si hoy Marx, Lenin, Trotsky, Rosa Luxemburgo, Ho Chi Minh o Kwame Nkrumah son obsoletos como socialis­tas, entonces, ¿cuán obsoletos tienen que ser sus predecesores?

* ¿Cuán obsoleta tiene que ser la propia acumulación de capital?

* ¿Acaso la explotación capitalista arcaica se ha vuelto obsoleta?


*  ¿Es que en la época de la globalización ya no existen las relaciones de clase o las relaciones amo‑esclavo?

*  ¿Acaso ya han desaparecido las clases antagónicas en Venezuela y ya está su­perada la lucha de clases?

* ¿Por qué Jesucristo y Simón Bolívar están de moda y Marx y Engels no?

*  ¿Se trata del factor tiempo o de un asun­to revolucionario?

 

Marx fue muy sabio ya que nunca negó su gratitud en cuanto a los principales logros burgueses en lo económico, filosófico, políti­co y social de su época.

 

El 5 de marzo de 1852 le escribió a Wedemeyer:

 

"En lo que a mí concierne, no puedo reclamar el honor de haber descubierto la existencia de las clases en la sociedad moderna, ni de la lucha entre ellas. Fueron los historiadores burgueses quienes, mucho antes que yo, establecieron el desarrollo histórico de esta lucha de clases y fueron los economistas burgueses quienes determinaron su anatomía económica". (MEW, Tomo 28, págs. 507et seq Editorial Dietz, Berlín, 1970)

 

Por lo tanto, no podemos cometer el error de atribuirle a Marx el descubrimiento de importantes realidades históricas cuando no fue él quien las descubrió. Por ejemplo, Marx no inventó la frase: "La religión es el opio del pueblo". Fue un obispo británico, Charles Kingsley, quien originó esta expre­sión mucho antes de Marx.

 

Marx mismo explicó qué fue lo que él reve­ló esencialmente y esto definitivamente vale también para la Venezuela contemporánea:

 

(1) Que la existencia de clases está vincula­da a ciertas fases históricas del desarro­llo de la producción;

(2) Que la lucha de clases lleva necesaria­mente a la dictadura del proletariado, y

(3) Que esta dictadura solamente es transi­toria dentro del proceso revolucionario de la abolición de todas las clases sociales hasta que finalmente se establece una sociedad comunista sin clases.

 

Por cierto, fue el Manifiesto Comunista el que fue condenado y bendecido, quemado y enmarcado en oro, satanizado y glorificado, criticado y analizado, ignorado y estudiado, utilizado como hoja de parra y aplicado por los tiranos, y aún así la crítica más fuerte provino de los mismos Marx y Engels.

 

Después sacaron inmediatamente las conclusiones científicas y políticas necesa­rias, por ejemplo, del colapso del Cartismo en Inglaterra, la masacre de los trabajadores en la huelga de junio de 1848 en Paris, la cobardía de la burguesía alemana, la diná­mica de la reacción francesa y alemana y la intervención brutal del zar ruso en Hungría.

 

En 1895, mucho después de la muerte de Marx en 1883 y 2 años antes de su propia muerte, Engels resumió tanto los altibajos como los laureles del famoso Manifiesto Comunista de la siguiente manera:

 

"Todos nosotros, por las concepciones de nuestras condiciones y debido al rumbo de los movimientos revolucionarios, estuvimos condicionados por la experiencia histórica previa, particularmente la de Francia. Fue de hecho esta última la que dominó la historia europea entera desde 1789, y ahora una vez más ha dado la señal para el cambio revolucionario en general. Fue por lo tanto natural e inevitable que nuestra concepción de la naturaleza y del rumbo de la revolución 'social' proclamada en febrero de 1848 en París, por la revolución del proletariado, estuviese necesaria y fuertemente matizada por los recuerdos de los prototipos de 1789 y 1830". (Friedrich Engels, Introduction to Marx's The Class Struggles in France, 1848 to 1850, MECW, Volumen 27, pp. 506‑527)

 

De ello, y esto es relevante para la actual fase de la Revolución Bolivariana, Engels concluyó que la historia "no meramente ha disipado las nociones erróneas que tuvimos entonces; sino que también ha transformado completamente las condiciones bajo las cuales tiene que luchar el proletariado. El modo de lucha de 1848 hoy es obsoleto en todos los aspectos". (Ibídem)

 

Así que no viene al caso que el marxismo sea obsoleto o que la lucha de clases se la haya llevado el viento, sino que es un asunto de que sin teoría no hay revolución (Lenin).


 

Tenemos que rejuvenecer nuestra superes­tructura, no podemos liberarnos del imperialis­mo yanqui con ideas del pleistoceno religioso.

 

Para los verdaderos marxistas no fue necesario esperar a que los 'académicos' burgueses de los siglos XX y XXI declara­sen obsoletos al Manifiesto Comunista y sus esfuerzos revolucionarios; para ellos mejor aún pues fueron los mismos Marx y Engels quienes ya hicieron este excelente trabajo; así que el grito moderno contra el 'marxis­mo' caduco es en el mejor de los casos de por si un plagio evidente y en el peor de los casos algo totalmente obsoleto.

 

Ahora veamos lo que nos puede decir una perspectiva marxista moderna en cuan­to al actual infierno global.

 

Dentro del actual contexto belicoso se nos ha informado el 20 de julio de 2007, que se vieron bombarderos rusos capaces de transportar bombas atómicas en el Mar del Norte, los cuales inmediatamente fueron perseguidos por aviones de combate britá­nicos y noruegos. Claro, esto ocurrió en espacio aéreo internacional, sin embargo, también ocurrió en plena tensión diplomáti­ca entre Gran Bretaña y Rusia.

 

Mientras tanto, la empresa Northrop Grumman está muy ocupada en equipar los bombarderos estadounidenses B‑2 con armas de penetración de 30 mil libras de ca­pacidad. Es fácil adivinar el destino de estas armas. Pilotos israelíes están siendo entre­nados para participar en ataques de largo alcance contra Irán. Además, el 'eje de la paz' conformado por los EE.UU., la India e Israel van a 'paso de vencedores'; según el Times of India, la India planea poner en órbita un satélite israelí próximamente.

 

Pero esto no es todo. Continúan las preparaciones para un periodo de guerra nuclear. El imperialismo se enreda cada vez más en su propia red y en sus contradicciones mortales; y cada adaptación nueva es un clavo más para su ataúd, y un paso más hacia la disyuntiva: socialismo o barbarie.

 

Tomando por hecho que los mísiles estadounidenses y rusos permanecen en estado de alerta de lanzamiento, un analista de la guerra espacial nos informa que la actual amenaza nuclear es peor que durante el período de la Guerra Fría, cuando dice que un miembro mayor del Instituto Hoover y co‑director del Preventive Defense Project (Proyecto de Defensa Preventiva) en la Universidad de Stanford, dijo el miércoles ante el Congreso que persiste el peligro de una guerra nuclear por accidente.

 

Esta no será tan 'accidental'. El 20 de julio RIA Novosti nos informó que la Casa Blanca prepara el escenario para un nuevo 11 de septiembre para orquestar un presunto ataque terrorista en los EE.UU., en función de transformar esta nación en una dictadura y lanzar una guerra contra Irán dentro de un año.

 

En este espíritu beligerante Avigdor Lieberman, el Primer Ministro de Israel, confirmó que a Israel le dieron luz verde para atacar a Irán y que recibió los permisos por parte de EE.UU. y Europa para bombardear supuestas instalaciones nucleares iraníes.

 

No deberíamos olvidar que Lech Walesa amenazó diciendo que 'Chávez en Venezuela pagará por lo que está haciendo'. Por cierto, Lech Walesa es el ex presidente católico y ultra conservador de Polonia, quien visitó a Perú para recibir un doctorado honoris causa de la Universidad de Lima en compañía del peruano y feroz anti‑chavista Mario Vargas Llosa.

 

Claro, de la forma como uno paga por sus acciones políticas, bien sea tratando de aliviar democráticamente la miseria de los pobres, bien sea asociándose a la CIA, ya obtuvimos una lección cuando presenciamos la brutal ejecución del ex dictador iraquí, Saddam Hussein, quien bebió de la cicuta socrática.

 

Cualquier estudiante consciente del mar­xismo, de la economía política, de las teorías sociales del imperialismo, de teóricos desde Marx a Ernest Mandel y a Alan Woods, sabe lo que significa el fenómeno anteriormente mencionado dentro del contexto de la so­breproducción, recesión y depresión global, en la época del fascismo. No es un asunto de creencia cristiana o de salvación mesiánica sino es la realidad de un capitalismo bru­tal en crisis mortal. Las leyes tendenciales del desarrollo del capital mencionadas en El Capital de Marx predijeron con precisión científica la actual composición orgánica del capital, la monopolización, la centralización y la pauperización progresiva a nivel global.

 

Repetimos: el bolivarianismo moderno tiene que enriquecerse dialécticamente dentro de la experiencia revolucionaria proletaria del marxismo y el marxismo actual tiene que aprender de los esfuerzos emancipatorios contemporáneos de la Revolución Bolivariana. El estalinismo traicionó al marxismo; durante el socialismo nacional Nazi bajo Hitler, Marx fue desvirtuado; durante la Guerra Fría Marx fue devorado por el moloch global anti‑comunista; el apartheid y el sionismo odian al marxismo; millones de personas del 'Tercer Mundo' fueron exterminados porque se atrevieron a tratar de emanciparse en nombre de Karl Marx.

 

Todo esto sólo para hacer fracasar la posibilidad de aniquilar la causa de todos nuestros problemas, es decir, el capitalismo a escala mundial.

 

Es nuestra actitud política hacia el marxismo la que determina con precisión nuestra verdadera lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

 

Tenemos el derecho de llamar nuestros esfuerzos revolucionarios como nos de la gana, pero si llamamos a nuestro objetivo "socialismo", entonces lógicamente todos nuestros caminos no nos pueden llevar a Roma ni al Vaticano, sino directo al marxismo y a la Emancipación Humana. Esto no tiene nada que ver con euro‑centrismo o con ateísmo, sino que es una verdad histórica globalizada que tenemos que aprender rápidamente. En esta hora tan altamente crítica de la humanidad, el marxismo no puede darse el lujo de calarse otra caricatu­ra más del socialismo.

 

La Revolución Bolivariana no tiene otra alternativa sino la de salir victoriosa.

 

Como siempre felicitamos a la Revolución Bolivariana , los inmensos esfuerzos y sacri­ficios del Presidente Hugo Chávez Frías de aprender de los errores del pasado, de es­tudiar la realidad mundial concreta, en sus recientes cadenas nacionales, de recordar­nos permanentemente a los revolucionarios marxistas, especialmente a Lenin, Trotsky y Rosa Luxemburgo. El marxismo no quiere realizar un comunismo de consumo o una distribución igualitaria de bienes, el marxis­mo va directo al grano del problema, tiene que ver con el comunismo productivo, es decir, con las relaciones de propiedad eco­nómica y social, y con las relaciones amo-­esclavo. Son ellas las que hay que abolir hoy y mañana.

 

No tenemos razón alguna por temer al marxismo y declararlo obsoleto. Tenemos la posibilidad y la tarea histórica de realizar el socialismo mundial científico y filosófico, es decir, el marxismo, por primera vez en la historia a escala mundial. En caso de que fracasemos ni siquiera Jesucristo nos podrá salvar de una conflagración nuclear.

 

Esta es la sentencia apocalíptica corpo­rativa que dictan todos los datos anteriormente expuestos, esta es la razón por la que tenemos que realmente cuidar nuestra Revolución Bolivariana, porque la podemos perder para siempre.

 

 

2. En vez de interpretar a Venezuela de diferentes maneras, ¡tenemos que emanciparla!

 

Aplaudimos todos los estudios socialistas serios y todas las reflexiones científicas que se están realizando a lo largo y ancho de Venezuela. Resulta sencillamente hermoso ver cómo se politiza un pueblo en medio de un océano de plena libertad de expresión.

 

Lo que es especialmente notable es el debate sobre el marxismo, el socialismo y el comunismo, sobre la futura práxis y teoría del Partido Socialista Unido (PSUV) de Venezuela. El socialismo y el marxismo originales, tal y como lo explicó Lenin, fueron el producto histórico de las tres corrientes más desarrolladas del conocimiento europeo durante la segunda mitad del siglo XIX: la filosofía, la economía nacional y la práxis y teoría políticas. Desde entonces, el socialismo y el marxismo se han enriquecido a sí mismos y se han convertido en instrumento mundial de la revolución y de la emancipación.

 

Sin embargo, como lo advirtieron Marx y el Ché, nuestra tarea histórica no es la de interpretar el mundo de diferentes maneras y utilizar a Chávez como chivo expiatorio, sino la de hacer la revolución en Venezuela.

 

Es cierto, no existen recetas ni catecismos para las revoluciones sociales o socialistas; las revoluciones no se pueden importar ni exportar. Sin embargo, existen pautas en lo referente al socialismo científico y filosófi­co en la realidad mundial. En este campo tenemos más de 150 años de experiencia socialista práxica y teórica. Por supuesto, en forma de socialismo utópico, es decir, no como modo de producción dominante, algunas mentes brillantes y algunos experi­mentos prometedores prepararon el terreno para la negación existente del capitalismo dentro del sistema mundial.

 

Camaradas, lo peor que podemos hacer es sintonizar CNN y participar en las diatribas de costumbre contra el 'castro‑comunismo' y el marxismo, repitiendo la eterna paja ideológica contra nuestra propia revolución y contra posible socialismo global. Si estudiamos con mucho cuidado todas las obras del marxismo y ,del socialismo científico y filosófico, además con el espíritu revolucionario necesario, entonces descubriremos las infinitas lecciones que podrían ser útiles para la Revolución Bolivariana aquí y ahora.

 

Nuestro archi‑enemigo no es Marx, ¡es el capitalismo!

 

El socialismo es parte intrínseca de la revolución dentro del capitalismo, un producto de las revoluciones francesa e industrial. En nuestra opinión, el socialismo no vendrá 'después' del capitalismo como modo transitorio, más bien ya está allí, como su nega­ción permanente. En su cualidad de nega­ción dialéctica, el socialismo sólo perecerá con la aniquilación del propio capitalismo, impulsándonos hacia la barbarie nuclear o hacia el comunismo galáctico, en otras pa­labras, hacia la emancipación humana crea­tiva y creadora.

 

En estos mismos momentos, contando cada segundo, se está aproximando una brutal masacre en el Medio Oriente, un ex­terminio de centenares de miles de seres humanos, mediante armas de destrucción masiva, simplemente porque el capitalismo mundial se encuentra en una crisis de vida o muerte. Tenemos que actuar y pensar con bastante rapidez, tenemos que saber qué es el socialismo y activar nuestra auto‑defensa.

 

Claro que el marxismo no está reclaman­do el copyright del socialismo, ni que su comprensión del socialismo es algo exquisi­to, ni tampoco que es la única manera para tumbar al capitalismo mundial. Sólo explica que el socialismo es el opuesto dialéctico del capitalismo, es su lado contrario, y que mientras sobreviva el capitalismo, vivirá el socialismo. Hay que superar a ambos para poder entrar al ámbito de la emancipa­ción humana, a lo que Marx, Engels, Fosa Luxemburgo, Lenin y Trotsky llamaron co­munismo. El socialismo no es propiedad pri­vada de nadie ni de ningún pueblo, sino que es un tesoro de la humanidad en su totalidad.

 

Así que este comentario simplemente quiere hacer una defensa del socialismo científico y filosófico, como marxismo viviente. Se dirige en contra del argumento de que Marx habría discriminado a propósito al 'Tercer Mundo' y por lo tanto no puede ser de interés para ningún esfuerzo liberador que queramos emprender en Venezuela o cualquier otra parte de América, Asia o África. Las cosas no son tan simples.

 

El socialismo no es un asunto personal y no tiene que ver con atacar, ad hominem, a un pensador quien fuera testigo y fiel expresión de los eventos históricos de su época con repercusión a nivel mundial. Equivocarse es humano, pero corregir errores y también los de los demás, esto es sublime. Así que, lo que está en juego a escala mundial en primer lugar no es lo que Marx escribió equivocadamente sobre Simón Bolívar, o el hecho de que llamó a Ferdinand Lasalle un 'negro judío', sino la clarificación de su cosmovisión.

 

Dentro de la actual guerra de las ideas y de la (des)información, más que un pensador serio podría cometer el error de escribir inocentemente muchas estupideces sobre el Presidente Chávez. Es un hecho que Marx en su tiempo luchó permanentemente, tal como los verdaderos marxistas estamos luchando hoy, en contra de las verdades absolutas, con disposición de rectificar cualquier error en caso de que se presentaran datos auténticos y evidencias concretas. Negarle a un marxista o a un socialista esta posibilidad es no entender de lo que se trata en el socialismo científico y filosófico.

 

Toda persona política revolucionaria y excepcional es una realidad socio‑histórica de su tiempo, no es un profeta ni posee una bola de cristal para ver el futuro. Sólo tiene información y datos limitados sobre los even­tos mundiales, especialmente en un mundo donde las ideas dominantes son las ideas de las clases dominantes. Si hoy en día la mayo­ría de los europeos no saben casi nada sobre el 'Tercer Mundo', entonces en los tiempos de Marx debe haber sido aún peor.

 

Porque son los grandes dioses, ideas, hombres y razas los que hacen la historia, y no las clases trabajadoras y los trabajadores, quienes no dictan el rumbo del proceso de producción, por eso tenemos una realidad burguesa y capitalista. Cualquier verdadero análisis científico revela que durante el siglo XIX no existió una verdadera posibilidad anti‑capitalista en África, Asia y América Latina para tumbar el capitalismo mundial y avanzar hacia el socialismo. Marx afirmó que las únicas fuerzas que hubiesen podido cambiar el rumbo de la historia por comple­to eran los trabajadores de los países metro­politanos. De hecho, con su victoria en Paris en 1848, con la Comuna de Paris, con sus 'repúblicas' de los trabajadores, pavimenta­ron el camino para tumbar el capitalismo en sus primeras fases.

 

Una cosa es para los esclavos coloniales, de facto tumbar modos decadentes de pro­ducción agrícolas feudales mediante guerras de liberación, como las libradas en contra de Portugal y España; otra cosa es luchar como esclavos asalariados contra un impe­rio británico colonial capitalista. Para esto se necesita una práxis y teoría socialista, lo que el 'Tercer Mundo' no industrializado no pudo desarrollar en su momento por razones simple y dolorosamente históricas. Hasta el día de hoy se siguen proponiendo formas obsoletas de lucha de liberación como lo son, por ejemplo, el 'socialismo cristiano', la ideología y práctica cristiana.

 

Marx, y luego los marxistas hasta después de la Primera Guerra Mundial infra‑impe­rialista, simplemente indicaron los hechos tales como eran. La cuestión colonial y sus tesis sólo fueron discutidas en la Tercera Internacional, luego de la muerte de Lenin.

 

Para nosotros, los pobres y discriminados del Tercer Mundo, hubiese resultado muy progresista si los teóricos marxistas hubieran hecho lo contrario, es decir, trasladar el sujeto de la revolución a Oceanía por razones del liberalismo competitivo o por amor cristiano, sin embargo, no hubiese sido real.

 

Sólo más tarde, en el capitalismo monopolista, las cosas cambiaron radicalmente y se introdujeron el anti‑capitalismo y el antiimperialismo fuera de Europa, especialmente en Asia.

 

En el caso de África, fueron necesarios la Conferencia de Bandung, el movimiento de los No‑Alineados y el 5to Congreso Panafricano, antes que el socialismo africano pudiera posicionarse seriamente en la política mundial. De manera contraria, esto hubiese sido un absurdo. Sería como si hoy se dijera que los pueblos indígenas del Tercer Mundo pudieran ganar una contun­dente victoria militar contra las fuerzas ma­lignas de la OTAN y establecer el socialismo del siglo XXI en la Amazonía.

 

¡Quién sabe, quizás con una nueva lógi­ca, ciencia y filosofía realmente lo lograrían! Shakespeare advirtió: "Hay más cosas en el cielo y en la tierra, Horacio, que las que tu sueñas en tu filosofía".

 

Para Marx el socialismo no era pobreza comunista cristiana, es decir, no era ven­der todo lo que uno posee para dárselo a los pobres y después vivir como un men­digo medieval en medio de una producción explotadora de los demás. No se trata del socialismo caritativo, de la distribución igualitaria del vino y del pan que produje­ron el trabajo explotado de los esclavos. No se trata de la distribución equitativa de la 'riqueza' obtenida por el trabajo explotado. Marx consideraba el socialismo un modo de abundancia, un modo para resolver los pro­blemas básicos de la humanidad, causados por la producción laboral capitalista.

 

Además, al capitalismo liberal se le consi­deró simplemente como modo de produc­ción transitorio. Marx y Engels pensaron que la evolución socialista llegaría durante sus vidas. Incluso vieron la revolución socialis­ta en los países metropolitanos revelándose como un acto histórico pacífico. Por eso no podemos reprocharles a estos pensadores el no haber considerado la revolución socia­lista en el 'Tercer Mundo' en el siglo XIX (ni mucho menos en el siglo XXI).

 

Durante la segunda mitad del siglo XIX, en el mundo colonial, que hasta el día de hoy sigue siendo explotado, dominado y discriminado sin piedad, no existió el nivel necesario de una producción tecnológica y capitalista. En América Latina existieron algunas posibilidades, pero el capitalismo mundial las echó a perder. Incluso si hubie­ran habido rebeliones masivas como más tarde en Vietnam o China, nunca existió realmente la verdadera base económica para el socialismo o el comunismo producti­vo global, para una dictadura poderosa del proletariado mundial contra el horroroso imperialismo. La Unión Soviética de Stalin sólo era una caricatura de lo que debía ser una fuerza socialista poderosa. Donde sí existieron condiciones más que maduras, como lo predijo Marx, fue en los países metropolitanos. Mientras tanto, la posibilidad para una revolución socialista a nivel global sí es real y final.

 

Sí, como nunca antes existen condiciones para realizar el socialismo a escala mundial: la totalidad de las condiciones existentes que niegan el orden mundial capitalista, tanto objetivas como subjetivas y 'transjetivas'.

 

Nuestro argumento es dialéctico. Tenemos que interpretar y cambiar el mundo. Nuestra afirmación actual es el capital, es un modo de producción, es el capitalismo que evolucionó desde la esclavitud hasta la autodestrucción, desde las formas primitivas de acumulación hasta el liberalismo competitivo, el imperialismo mono y oligopólico, el corporativismo, la militarización y ocupación espacial, que ya están destruyendo los mundos macro, meso y micro‑cósmico, creando monstruos naturales a la Frankenstein y zombis sociales.

 

Esta es nuestra realidad mundial contemporánea tal como evolucionó a través de los últimos dos siglos. La negación de todo esto, de la acumulación perversa, de las giga‑ganancias y del infinito poder militar, según Marx, es el Trabajo, que para nosotros es la relación unilateral y perversa entre la naturaleza y la sociedad.

 

Marx explicó cómo la energía vital huma­na, el eros y el orgón, fueron transformados en fuerza de trabajo barata para su venta en el mercado mundial capitalista. La resisten­cia contra esta enfermedad que enajena y deshumaniza la humanidad se llama eman­cipación. Esta se dirige contra la conversión de los seres humanos en esclavos asalaria­dos y en trabajadores físicos y mentales.

 

Fue Adorno el que acertó quizás en un sentido normativo, cuando afirmó que den­tro del sistema mundial nos encontramos con una dialéctica negativa. Cum grano salis, con todo el respeto necesario, casi todas las revoluciones 'socialistas' y es­fuerzos revolucionarios, todos los intentos revolucionarios del trabajo, especialmente en el Tercer Mundo, fracasaron en tumbar al imperialismo mundial y no alcanzaron su objetivo emancipatorio. De manera similar, el trabajo también fracasó en los países metropolitanos, peor aún, en el Norte se está madurando cada vez más el globofascismo y esto es de lo que se trata realmente.

 

Marx y los marxistas cometieron el error de basar su apuesta revolucionaria solamente en el socialismo del Norte, de donde ahora provienen las Actas Patrióticas de la barbarie. Esto no es un asunto de obsolescencia, de la victoria del capitalismo fascista, más bien el descubrimiento de Marx fue una posible manera de salvar la humanidad de sí misma y de la auto‑aniquilación.

 

El capitalismo es un problema de la especie humana, y en este caso es de relevancia que Jesucristo NO murió en 1789 en Francia bajo la guillotina, que Marx NO nació en Nazaret y que Napoleón NO luchó en la Guerra del Peloponeso. El Capitalismo es demencial y caótico pero no es estúpido e ignorante, sigue unas leyes tendenciales de desarrollo, y fue precisamente Marx quien las descubrió.

 

El capitalismo nació en el Mediterráneo, se desarrolló a través de Italia, Bélgica y Holanda hacia Gran Bretaña, luego invadió a Alemania, mientras España y Portugal, como imperios mundiales, estaban muriendo en agonía feudal y religiosa. El capitalismo y su otro lado, su negación, el socialismo, no nacieron en el Monte Kilimanjaro para después emigrar al Monte Everest y finalmente establecerse en el Pico Bolívar. En este caso, Marx nos hubiese mostrado el futuro de Europa en el espejo natural del Pico Espejo.

 

El hecho de que Marx y Engels celebraron la invasión de México por los EE.UU. y la de la India por los británicos tiene que ver con las barreras de su tiempo, con el impac­to de la Revolución Francesa, que también captó a los ilustres próceres como Miranda y el propio Bolívar. Sin saberlo estaban ce­lebrando las venideras bombas capitalistas arrojadas sobre Hiroshima y Nagasaki, las invasiones militares del Norte en el Sur. En aquél entonces, cuando se encontraron de­masiado cerca del momento fluyente de la historia, no podían ver las consecuencias que la libertad, la igualdad y la fraternidad iban a tener para el mundo entero. Todo esto, sin embargo, no los vuelve obsoletos.

 

Los pensadores burgueses de la Ilustración como Montesquieu y Voltaire eran racistas reaccionarios, algunos de ellos incluso estaban vinculados con el comercio africano de esclavos, y no obstante Marx y Bolívar estuvieron fascinados de sus ideas capitalistas. La África revolucionaria ciertamente no está tan fascinada de las ideas fascistas de Montesquieu y ni siquiera de su filosofía política capitalista.

 

Sabemos esto y no hay razón alguna para condenar a cualquier bolivariano o marxista de esa época. Ellos simplemente no podían saltar sobre sus propias sombras revolucionarias francesas. Pero en el campo de la emancipación humana ambos revoluciona­rios, Marx y Bolívar, trascendieron sus pro­pias debilidades y son millones las personas que los aman y admiran. Esto vale para nuestras generaciones, para el Presidente Hugo Chávez Frías y también para las gene­raciones futuras.

 

Finalmente, no es un asunto de quién va primero, de último o si nunca va al socialis­mo. Marx, Engels, Lenin y Trotsky afirma­ron categóricamente que el socialismo o el comunismo es un modo global de creativi­dad, creación y emancipación humana.

 

Ellos nunca dijeron que el 'Tercer Mundo' no tiene nada que ver en absoluto con la li­beración y con la lucha de clases: Por lo tanto, toda historia es la historia de la lucha de clases. Esto lo describieron los pensadores burgueses mucho antes de Marx. El colonialismo del 'Tercer Mundo' es capitalismo, es lucha de clases.

 

De hecho, en El Capital, Marx estaba describiendo el cruel nacimiento del mercado mundial capitalista, "chorreando de sangre desde la cabeza hasta los pies". Este triángulo, como lo describió Walter Rodney, originalmente consistía y sigue consistiendo de tres partes principales: Europa‑África (Asia) ‑América ‑Europa. Ha cambiado mucho a través de los siglos, pero Marx sí explicó la contribución brutal del África esclavizada, el Asia saqueada y violada, y la América subyugada a la acumulación perversa de la riqueza y el poder europeos. Luego fueron marxistas como Ernest Mandel, pero también científicos serios no‑marxistas quienes, utilizando categorías socialistas, nos facilitaron datos y cuentas precisas sobre las dimensiones genocidas de este holocausto mental y físico.

 

Así que, para África o Asia no se trataba de 'esperar' el día del juicio final. Especialmente en el mundo colonial, como lo explicó Frantz Fanon, todas las condiciones subjetivas para la revolución mundial fueron destruidas sistemáticamente por la Europa capitalista. Todas las relaciones coloniales de tipo amo‑esclavo, todos los procesos educativos y religiosos fueron dirigidos contra el marxismo, contra toda forma de anti‑capitalismo y anti‑imperialismo. Hasta hoy día sufrimos de alienación crónica y somos devorados por este holocausto mental que llaman la 'civilización cristiana occidental'.

 

Luego de 500 años de ultra‑colonialismo portugués y de catolicismo romano en Angola, Mozambique y Guinea‑Bissau, fueron Agostinho Neto, Samora Machel y Amilcar Cabral quienes tuvieron que decirnos que no había ni una sola universidad en sus colonias liberadas y que no había ningún niño africano capaz de dibujar a su propia y querida madre, salvo con ojos azules, piel blanca y cabello rubio. Además, pintaron en blanco a todos los ángeles y negro a Chaka y Dingaan, como monstruos salvajes. Esto es el colmo de la alienación. Con una 'conciencia' de clase como esta, es imposible entender el marxismo o hacer la revolución mundial en cualquier parte del globo terráqueo.

 

 

3. ¡Dejemos que el pueblo soberano decida, si el marxismo en Venezuela es obsoleto o no!

 

Antes de reflexionar políticamente sobre la relevancia histórica del marxismo en el siglo XXI especialmente para la Revolución Bolivariana, primero hay que preguntar­se: ¿Quién es el hombre? ¿De verdad es el 'parangón de los animales', como dijo Shakespeare, o es simplemente el 'hombre lobo' de Hobbes?

 

Antes de culpar a Marx por discriminar a los mexicanos, los judíos, los indios y los chinos, recojamos algunos puntos de vista típicos de tinte ideológico y racista en cuan­to a la humanidad explotada y dominada.

 

Amamos a Marx, amamos a Simón Bolívar y amamos a Chávez, pero a la ver­dad la amamos todavía más.

 

Ya en tiempos prehistóricos, en el viejo testamento, en las escrituras sagradas, es decir, en Josué, capítulo 9, aprendimos que el 'pueblo escogido', o sea los israelíes, es­clavizaron oficialmente a los gedeones y los convirtieron en 'leñadores y aguadores para la congregación':

 

Josué 9:21, Y los príncipes les dijeron: Vivan; mas sean leñadores y aguadores para toda la congregación, como los príncipes les han dicho.

 

9:23, Vosotros pues ahora sois malditos, y no faltará de vosotros siervo, y quien corte la leña y saque el agua para la casa de mi Dios.

 

En tiempos modernos, durante las eras eu­ropeas eufemísticamente llamadas Ilustración y Razón, maduraron la discriminación so­cial, el prejuicio racial y el racismo crudo, como reflexión ideológica del mercado mun­dial capitalista emergente, que tenía un ca­rácter discriminatorio y explotador a raíz de su 'cambio desigual'.

 

Prácticamente nadie fue inmune al racis­mo omnipresente, ni pudo escapar de los tentáculos ideológicos letales de la arro­gancia social y religiosa inhumana euro­peas. Durante los últimos siglos, dentro de la cultura occidental cristiana, en todos los ámbitos de la vida, la situación empeoró y se declaró como 'corona de la creación', el macho blanco de cabello rubio y ojos azu­les. Gracias a una maravillosa educación y socialización religiosa europea, el racismo penetró todas las fibras, venas y cromoso­mas de la sociedad capitalista.

 

Hitler tuvo razón cuando dijo: que si se quiere controlar a un pueblo, entonces hay que controlar su educación. De hecho, sólo hay que añadir aquí y también su religión.

 

Los grandes revolucionarios fueron incluso víctimas de la carnicería masiva de las nuevas relaciones amo‑esclavo y del adoctrinamiento racista que segregó mujeres y niños de todos los colores, y que degradó a los nativos de Asia, África, América, el Caribe y Oceanía a mulas primitivas, o simple carne de cañón, a 'leñadores y aguadores' bíblicos, a hijos de Ham, a criaturas, las cuales exhibieron en zoológicos europeos como monos exóticos para que los turistas de la clase media se burlaran de ellos.

 

En 1848, simultáneamente a la publicación del Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el aristócrata y escritor francés, el Conde Joseph‑Arthur de Gobineau (1816‑82) publicó su manifiesto racial, su teoría racista, en un ensayo llamado Essai sur Pinegalite des roces (Ensayo sobre la Desigualdad de las Razas), que probablemente también afectó a pensadores tan eminentes como lo fueron Marx y Engels.

 

Todos somos víctimas de los límites y de las barreras de nuestro tiempo específico en que vivimos, pero ello no es una excusa válida para no rectificar errores racistas. Hoy por hoy todavía existen racistas en Venezuela, que incluso quieren ser presidente.

 

En aquella época, a mediados del siglo XIX, cualquiera que afirmara dialécticamente cualquier aspecto o fragmento del nuevo capitalismo victorioso de carácter explotador y dominante, lógicamente apoyaba el racismo crudo. Por otro lado, el que negara dialécticamente el racismo explotador y discriminatorio como lo hizo por ejemplo, la resistencia indígena contra el colonialismo, ya estaba defendiendo a priori las ideas humanas del socialismo emergente.

 

Más tarde, después de haber escrito los Grundrisse, estudiando el fenómeno de la alienación, cuando publicó El Capital, Marx debe haberse dado cuenta de qué manera sus ideas racistas heredadas llegaron a entrar en conflicto con la emancipación humana socialista. Luego desaparecieron los comentarios racistas de sus cartas y publicaciones. Otros, como el joven Mussolini, comenzaron como 'socialistas' y finalmente terminaron como fascistas y racistas radicales.

 

Sin embargo, como lo dijimos antes, el ra­cismo no fue un 'pecado juvenil' solamente de Marx; después de un estudio profun­do de todos nuestros fundadores en Asia, África o América Latina nos sorprendería la cantidad de personajes que fueron víctimas de esta plaga del apartheid y del sionismo, y que fueron capturados en las garras del racismo capitalista.

 

Es importante saber a quién y a qué trataba y trata de emancipar el socialismo científico y filosófico, es decir, el marxismo a escala mundial. Marx no quería emancipar a la burguesía o a cualquier clase media, al contrario, su praxis y teoría son armas en las manos y en los cerebros de los trabajadores explotados, dominados y discriminados.

 

El eslogan revolucionario es: ¡Trabajadores del mundo, uníos! Si esto es obsoleto hoy, bueno, entonces no estamos hablando del marxismo.

 

Además, ¿quién realmente es un ser humano, un hombre? ¿Quién tiene 'derechos' humanos? ¿A quiénes se supone que se liberarán en este planeta?

 

Como nosotros los venezolanos ya nos dimos cuenta, desde el punto de vista del racismo metropolitano del norte, todos los 'negros', 'esclavos', 'recogelatas' y 'latinos', o sea, más del 95% de la 'humanidad', es decir, más de siete mil millones de personas, nunca pertenecieron (y todavía no pertenecen) realmente a este epíteto sonoro: la humanidad civilizada y cristiana. Aunque nosotros los del 'Tercer Mundo' y del sur no lo queremos, no lo creemos y no lo sabemos, pero lo que está citado aquí es simplemente la 'verdad verdadera' de nuestro mundo ra­cista, capitalista, imperialista y globalizado, de nuestra realidad terrenal, corporativa y militarizada.

 

A través de los siglos fueron muchos los ideólogos eruditos quienes escribieron 'clá­sicos' sobre este tema, quienes confirmaron el carácter social discriminatorio de nuestras relaciones amo‑esclavo y de nuestro infier­no laboral. Enseguida unos ejemplos de este racismo capitalista.

 

El marxismo viviente ha descrito en to­neladas de obras que los esclavos de la Antigua Grecia que trabajaban duro en las minas de plata de Atenas, o que estaban remando en los barcos comerciales en el Mar Mediterráneo, estaban sirviéndole de esta manera a la acumulación originaria del capital y no fueron catalogados como zoon politikon. Hasta para Aristóteles sólo eran 'herramientas que hablan', bárbaros y brutos.

 

Y para Bush y compañía, para Ratzinger y compañía ¿qué más son los millones de 'lumpen' en los cerros de Caracas y en las favelas de Río de Janeiro? ¿Esto es diferente, o más civilizado, o más cristiano hoy en día?

 

Esta tradición de deshumanizar las fuerzas laborales explotadas y empobrecidas históricamente la encontramos en los puntos de vista de la clase dominante de los grandes pensadores de la Ilustración, de los funda­dores de la Iglesia y de la sociedad burgués-­democrático‑capitalista en general. Más que nunca se hace evidente su perversión en las relaciones internacionales actuales y en la globalización.

 

En el Medio Oriente esto culmina actual­mente en una carnicería genocida de millo­nes de árabes y palestinos, que por capricho son segregados como 'infieles fundamen­talistas hediondos a petróleo', y como 'te­rroristas internacionales' que viven dentro del 'eje del mal' en Irak e Irán. Cualquier cosa apocalíptica puede pasar, ante los ojos hipnotizados y miopes de la fuerza laboral industrializada y de los periodistas oficiales, que ya están eternamente engañados por las ráfagas ideológicas del señor Murdoch y por una maquinaria fascista altamente sofis­ticada, para después echarle la culpa a Bin Laden o a Hugo Chávez Frías.

 

Este último ha afirmado una y otra vez que no estudió al marxismo y que no es marxista. No hay problema en absoluto con esto. Ninguno de nosotros nació como marxista. Sin embargo, si a las masas labo­rales venezolanas, si a las actuales 'herra­mientas que hablan', si a nuestros 'parási­tos' (Manuel Rosales) se les ocurriese hablar de marxismo, entonces más vale seguir sus huellas socialistas en la arena galáctica, para no volvernos obsoletos como los adecos y copeyanos de ayer.

 

Tres años antes de la publicación del Manifiesto Comunista, en 1845 en la Ideología Alemana, Marx explicó el papel de los think tank de la clase dominante que formulan la ideología de una época especí­fica, por ejemplo las ideas dominantes del respectivo Weltgeist (espíritu del mundo):

 

"Las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante".

 

Hoy vale más que nunca esta afirmación, que niega la discriminación social y el ra­cismo, y que viene de la formulación de un nuevo método, una nueva ciencia y filosofía para el proletariado mundial. Los trabaja­dores físicos e intelectuales abandonados apenas han descubierto e introducido su formidable arma contra el capitalismo glo­bal. Así que ¿cómo puede ser obsoleto el marxismo?

 

En 1937, en el advenimiento del nazis­mo en Europa y dentro de los principios revolucionarios de la filosofía marxista, en su bien conocido escrito Los Principios Fundamentales del Marxismo, Karl Korsch ya nos explicó de qué tiene que ser capaz nacional e internacionalmente un proleta­riado con una conciencia de clase en la lu­cha contra el capitalismo mundial. Por aho­ra, apenas hemos comenzado con esta tarea teórico‑práxica de la revolución mundial contra el globofascismo. Los trabajadores todavía no han lanzado su verdadero NO global, su verdadera negación revoluciona­ria del capitalismo, es decir, el Socialismo Mundial.

 

El pueblo venezolano, las masas labora­les, no tienen experiencia en el marxismo, nunca les fue enseñado nada sobre el mar­xismo. No nos perdonarán por esta negli­gencia educativa.

 

¡Deberíamos informar a las masas sobre el marxismo mediante una Misión Marx y dejar que el pueblo soberano decida si el marxismo en Venezuela es obsoleto o no! Aplaudimos los primeros pasos que se es­tán dando en esta dirección en la discu­sión dentro de los batallones de aspirantes al PSUV ¡Ojo, aspirantes, lo que tenemos que aprender y entender es precisamente el marxismo!

 

Desde Moscú llegaron directivas y decretos que causaron estragos al marxismo y al internacionalismo proletario. Esto nunca debe ocurrir aquí. Tampoco la Revolución Bolivariana puede tolerar ningunos 'chavistas sin Chávez' de carácter autoritario y totalitario.

 

El marxista del siglo XX, Karl Korsch, explicó muy bien todo esto:

 

"La clase proletaria guiada por la teoría marxista, por lo tanto, no es sólo como lo expuso Friedrich Engels, 'la heredera de la filosofía clásica alemana', sino también de, la economía política clásica y de la investi­gación social. Como tal ha transformado la teoría clásica tradicional según los cambios dentro de las condiciones históricas". (Karl Korsch, Leading Principles of Marxism: A Restatement, Marxist Quarterly, 1937)

 

Es precisamente esto lo que hay que hacer, pensar y superar en Venezuela y a escala mundial, es decir, en cualquier parte del mundo donde un proletario trabajador físico y/o intelectual está trabajando por una miseria o un salario mínimo.

 

Como parte importante del proletariado mundial globalizado, en la época de la ingeniería genética, de la clonación, de la nano‑tecnología y la militarización espacial, mientras negamos el neoliberalismo y el reformismo, tenemos que heredar la dialéctica, la ciencia materialista y el materialismo filosófico marxista moderno y modernizado, que explican la quintaesencia del capitalismo contemporáneo, de la globalización, de la revolución, del socialismo y de la emancipación, es decir, que explican el actual mundo, de, por y para sí mismo, o sea, para nosotros.

 

Así que, nuestra tarea emancipatoria no es declarar el marxismo 'obsoleto', 'determinista' o incluso 'economicista', al contrario, tenemos que transformar la teoría marxista clásica tradicional según los cambios dentro de las existentes condiciones históricas de la globalización, como dice Karl Korsch. Cualquier otra cosa que no sea esta, se la dejamos a los capitalistas e imperialistas corporativos, que tienen un serio problema con el 'castro‑comunismo'.

 

Mientras existan principios marxistas que reflejan la verdadera negación activa del ca­pitalismo en su totalidad, no será necesario renovar sus conceptos básicos cada año. En este sentido el marxismo sólo se volverá ob­soleto cuando el capitalismo mismo se des­vanezca en el olvido.

 

Desde hace una década atrás o un poqui­to más, se ha estado desarrollando práctica­mente de manera inadvertida un presente orwelliano a punto de brincos y saltos. Con la bendición eterna del Vaticano y con la fiel ayuda militar de Israel, en su afán global por capturar los campos petroleros, y por ase­gurar y extender su hegemonía geopolítica estratégica, las fuerzas militares de la OTAN simplemente masacran a diestra y siniestra hombres, mujeres y niños árabes inocentes como si fueran 'vacas locas' o perros perdi­dos infectados con rabia mortal. Ahora ¿qué fue lo que los fundadores del actual 'imperio' de Bush tuvieron que decir en cuanto a los inalienables 'derechos hu­manos' y la 'búsqueda de la felicidad' en el Medio Oriente? ¿Fue esto?:

 

"Sostenemos como evidentes estas verda­des: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre és­tos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad". (Declaración de Independencia de los EE.UU., 1776)

 

Y ¿qué fue lo que el filósofo del Estado y maestro de la dialéctica idealista y objetivista, G.W.F Hegel nos dijo sobre su Weltgeist racista en sus Lecciones sobre la Filosofía de la Historia? En lo siguiente citaremos a Hegel y los demás filósofos de manera extensiva, para demostrar lo que se nos enseña sobre ellos en las universidades occidentales. Dice Hegel:

 

"Lo característico del Negro (de África) es que hasta ahora su cosmovisión no alcanzó ninguna objetividad definida, por ejemplo Dios, o la Ley, que reflejara una voluntad humana y en la cual podría experimentar su esencia... El Negro representa al ser humano natural que todavía se encuentra en un estado de salvajismo y rusticidad... El Negro exhibe un total irrespeto, un desprecio hacia la humanidad... Para él, la humanidad no tiene valor, esto toma formas increíbles; para él, la tiranía no es injusticia, y una costumbre generalmente aceptada y sancionada es la de devorar la carne humana... Otra característica de los Negros es la esclavitud... En su propio continente los Negros experimentan una esclavitud peor que la europea... La expresión fundamental de la esclavitud es precisamente que el hombre todavía no es consciente de su libertad, así que degenera en una cosa, en algo sin valor humano alguno... Dejemos a África y no la mencionemos más, porque no es un continente histórico, porque le falta movimiento y desarrollo... apenas aparece vagamente en el umbral oscuro de la historia mundial". (Fragmento de: G.W.F Hegel, Lecciones sobre la Filosofía de la Historia, mi libre traducción para resaltar la arrogancia 'racista' de filósofos europeos titánicos como lo fue Hegel)

 

Otros filósofos políticos famosos de la Ilustración, como Montesquieu o Voltaire, quienes incluso fascinaron a libertadores y revolucionarios como Simón Bolívar, Karl Marx y Friedrich Engels, no sólo participaron en el comercio de esclavos africanos, sino también fueron racistas hasta la médula; discriminaron a los pueblos africanos, de Asia y de las Américas en todas las oportunidades que tuvieron.

 

El gran Montesquieu dijo sobre los africanos:

 

"Casi es inconcebible que a Dios, que es la bondad misma, se le haya ocurrido colocar un alma ‑ sin mencionar un alma buena dentro de un cuerpo tan negro y repugnante como el de un Negro". (Montesquieu, Esprit des Lois, Libro XV, Capítulo 5. Nuestra libre traducción. Este libro también lo leyeron Simón Bolívar y Karl Marx, pero hasta donde sabemos ninguno de los dos jamás comentó algo sobre esas afirmaciones tan racistas en cuanto a los pueblos subyugados del mundo 'colonial'.)

 

¿Y qué fue lo que nos dijo Voltaire?

 

"La raza negra es una especie del hombre tan diferente a la nuestra, como la es la raza de los spaniel a aquella de los greyhound. ... si su inteligencia no es diferente a la nuestra, por lo menos es bastante inferior. No son capaces de ninguna aplicación o asociación relevante de ideas, y parece ser que no sirven ni para el uso ni el abuso de la filosofía". (Nuestra libre traducción, citado en: The Works of Voltaire, A contemporary version, with Notes by Tobias Smolet, Ed. W.F. Fleming, New York, 1901, Chapter 39, págs. 240‑241)

 

Finalmente ¿qué fue lo que declaró la Revolución Francesa, la clase burguesa victoriosa, como los 'derechos del hombre' en 1789?

 

"Cada asociación política tiene como su meta la preservación de los derechos na­turales e imprescriptibles de los hombres. Esos derechos son la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión". (Artículo 11, Declaración de los Derechos del Hombre y de los Ciudadanos, 1789).

 

Dentro de este contexto histórico fueron incluso Karl Marx y Friedrich Engels quie­nes, como hijos de su época y como fun­dadores del socialismo científico y filosófico, hablaron sobre los países del Tercer Mundo bárbaros y semi‑bárbaros dependiendo de los países civilizados.

 

También sabemos que el propio Marx en­contró en las características 'negroides' de Ferdinand Lasalle un objeto de burla, cuan­do lo llamó un 'Negro judío', quien siempre "tapa su cabello lanoso con todo tipo de aceites y maquillaje", y que "es perfectamente obvio, por la forma de su cabeza y el tipo de cabello, que es descendiente de Negros". (Citado en Carlos Moore, Were Marx and Engels White Racists?, IPE Publications, Chicago 1972)

 

Bueno, esto son nuestros queridos revolucionarios, ¡hagámoslo mejor! La mejor defensa del marxismo es la auto‑crítica, es decir la verdad, es la construcción de un socialismo veraz a escala mundial. Es sólo conociendo la verdad que nos emanciparemos.

 

El hecho que pintemos a nuestros sagrados revolucionarios de blanco no es remedio contra ninguna mentira blanca, ni iluminará nuestro oscuro futuro. Ellos no fueron ni son dioses y esta es la razón por qué los amamos exactamente tal como fueron y como son, como víctimas del racismo y del capitalismo, quienes quisieron dejarnos un planeta socialista mejor.

 

A través del siglo XIX y gran parte del siglo XX podemos encontrar todo tipo de comentarios racistas provenientes de las plumas de grandes héroes revolucionarios. El marxismo siempre verde nos enseña que el capitalismo engendra el racismo y que el racismo alimenta el capitalismo. El que no niega totalmente el capitalismo, no puede liberarse de todas las formas del racismo.

 

La Iglesia Católica no niega el capitalis­mo en Venezuela, por eso, "rechazaría un socialismo marxista". (Cambio de Siglo, 3 de agosto de 2007)

 

El valor revolucionario del Manifiesto Comunista no está en los comentarios racis­tas de Marx y Engels, sino en la formulación de la primera teoría de la globalización del capitalismo y de la teoría revolucionaria del proletariado mundial para tumbar la explo­tación económica, la dominación política, y claro está, la discriminación social, que ge­neran las relaciones amo‑esclavo en todas las fábricas del mundo, incluyendo aquellas de América Latina y Venezuela.

 

 

Conclusión

 

En fin, y ante todo esto, ¿qué significa hoy un nuevo socialismo, adecuado al siglo XXI? ¿Podemos realmente pensarlo sin Marx? ¿Tenemos que regresar al Marx auténtico, o no será más bien avanzar hacia el Marx auténtico, considerando que Marx es el pensador de nuestro presente y nuestro futuro, del capitalismo y del socialismo? Y, ¿qué significa avanzar hacia el Marx auténtico? Considerando que el pensamiento de Marx es sumamente complejo y dialécticamente contradictorio, avanzar hacia el pensamiento de Marx no puede significar otra cosa sino actuar, pensar y trascender con Marx más allá de Marx, basándonos en sus ideas radicalmente humanísticas y humanamente radicales para acabar con los pilares del capitalismo como lo son la explotación económica, dominación política, discriminación social, militarización universal y alienación humana, como conditio sine qua non de un futuro socialista verdadero, sin importar cómo lo llamemos.

 

¿Estamos nosotros, los venezolanos, lati­noamericanos, los asiáticos, los africanos, bolivarianos, marxistas y socialistas, aquí y ahora, preparados para realizar esta tarea transhistórica? Y dada la actitud despec­tiva que tuviera en su tiempo Carlos Marx hacia Simón Bolívar, ¿son compatibles hoy las ideas de Marx y Bolívar, independiente­mente de lo que Marx pensara sobre este último? ¿Contiene el árbol de las tres raíces elementos relevantes para un posible futuro socialista? ¿Hay puntos de conexión entre el bolivarianismo y el marxismo?

 

El marxista peruano José Carlos Mariátegui nos ha brindado un elemento vinculante entre Bolívar y Marx, recono­ciendo primero que el pensamiento de Marx sigue y seguirá vigente hasta tanto no haya desaparecido el capitalismo. En segundo lugar, veía en el marxismo un método de acción e interpretación revolucionaria de nuestra realidad multi‑dimensional, que po­dría y debería nutrirse de otras corrientes de pensamiento que no fueran necesariamente europeas. Es ahí por, ejemplo, donde entra Bolívar, y el mismo Mariátegui recordó el contenido revolucionario‑progresista de las ideas de Bolívar e hizo un llamado por re­tomarlas como bandera de lucha en el siglo XX, y como efectivamente ha sucedido en el marco de la Revolución Bolivariana en vísperas del siglo XXI. Específicamente, el antiimperialismo de Simón Bolívar cons­tituye un punto de referencia crucial para bolivarianos, marxistas y socialistas del si­glo XXI en general, expresado en su famoso enunciado: "Los Estados Unidos parecen destinados por la providencia a plagar a la América de hambre y de miseria en nom­bre de la libertad", vinculado estrechamente con su llamado a la unión latinoamericana y citado una y otra vez por el presidente y líder de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez Frías.

 

El Presidente Chávez considera de extraor­dinaria importancia el que los venezolanos tengan conciencia del tema del imperialismo e inclusive lo ha llegado a llamar fase superior del capitalismo, el mismo término que Lenin utilizó en su conocido escrito. Aquí parecen tocarse entonces un elemento bolivariano y uno marxista, aún cuando la concepción del antiimperialismo de Bolívar por supuesto no fue (y no pudo ser) la misma que tuviera Lenin, quien escribiera su famosa obra décadas más tarde en la época del propio imperialismo clásico.

 

Las ideas del "bolivarianismo" o "chavismo" que se entienden como humanistas y revolucionarias, y como han venido tomando forma en la Revolución Bolivariana, se conectan con las ideas del marxismo en cuanto que comprenden al ser humano como fin‑en‑sí‑mismo y por ende como centro y raíz de la sociedad, abogando por su desarrollo integral y su realización como individuo y colectivo al mismo tiempo. En su cualidad revolucionaria conectan con las ideas del marxismo en cuanto que conciben la revolución como el primer paso hacia un cambio "estructural" de la sociedad, que no puede ser otro que un cambio radical, pues tendrá que tocar, aparte de las formas existentes de la toma de decisiones políticas, la esfera económica con su propiedad privada de los medios de producción.

 

Lo propiamente "bolivariano", esto es, el clamor por la autodeterminación de los pueblos y la soberanía nacional, la integración latinoamericana bajo los principios de solidaridad y complementariedad, y la reivindicación de la justicia social basada en la educación de los pueblos, conecta con las ideas del marxismo en cuanto que in­cide favorablemente en la construcción, de unas condiciones objetivas y subjetivas que se alejan del sistema capitalista explotador y opresor, aún cuando acarrean el peligro de permanecer en el reformismo, en detrimen­to de la propia revolución. Un antídoto con­tra el reformismo lo podrían constituir una posible radicalización de Ezequiel Zamora ‑ "expresión del pueblo armado en búsqueda de su liberación de la explotación del hom­bre por el hombre y su derecho al acceso a la propiedad" ‑ y de Simón Rodríguez, como invocador de los "poderes creadores del pueblo".

 

En fin, el bolivarianismo no es necesariamente incompatible con el marxismo si se vinculan sus elementos verdaderamente revolucionarios y progresistas con los conceptos claves de este último, como por ejemplo con la lucha de clases, motor de la historia e inocultable hecho aquí mismo en Venezuela, donde la oposición a la Revolución Bolivariana la forman en primer lugar los miembros adinerados de las clases media y alta, de color de piel claro, con estilo de vida y orientación consumista americanizada y europeizada.

 

La lucha por el Socialismo del Siglo XXI tiene que integrar lo mejor de todas aquellas corrientes trans‑históricas que se han levantado, a lo largo de los siglos, en contra de la explotación económica, dominación política, discriminación social y alienación humana ‑ los pilares fundamentales del capitalismo en su proceso de globalización desde finales del siglo XV Sólo si reunimos lo mejor de nuestras experiencias y lecciones revolucionarias ‑aún de nuestras grandes derrotas históricas‑ y sólo si retomamos aquella actitud recta, combativa y heroica de la cual hablaba Ché Guevara, que debe caracterizar al revolucionario y que tiene que salir del campo de lo excepcional para formar parte intrínseca de nuestra cotidianeidad, podemos finalmente dar luz al tan necesario hombre nuevo, indispensable para el futuro socialista y emancipador, y conditio sine qua non para la supervivencia de la especie humana misma. Así que, en este último y único siglo que nos queda para acabar con todas las condiciones que han reducido al hombre a un ser deshonrado, esclavizado, abandonado y despreciable, tengamos presentes en cada uno de sus preciosos momentos las palabras del Che:

 

"El camino es largo y desconocido en parte; conocemos nuestras limitaciones. Hagamos el hombre del siglo XXI: nosotros mismos."

 

_______________________________________

 

En la época de la Globalización ¿Es el Marxismo obsoleto?

 

© Franz Lee

© Imprenta de Mérida, C.A.

Todos los derechos reservados.

Este libro no podrá ser reproducido ni total ni parcialmente sin el previo permiso del autor.

 

Primera Edición

 

"HECHO EL DEPÓSITO DE LEY"

Depósito Legal:

 

Concepto Gráfico: Lic. Dionigma Peña

Diseño de Portada: Yolfred Graterol

Diagramación: Yolfred Graterol

Corrección: Lic. Néstor Guerrero

 

Hecho en la República Bolivariana de Venezuela

Impresión: Imprenta de Mérida, C.A. (IMMECA)

Editorial: IMMECA

 

 

 

ESTE LIBRO SE TERMINÓ DE IMPRIMIR

EN LOS TALLERES GRÁFICOS

DE LA IMPRENTA DE MÉRIDA. C.A.

 

EN AGOSTO DE 2007

Teléf. 0274‑4165625 / 2510321

Calle 20 entre Avenidas 6 y 7

imprentamerida@yahoo.es

Mérida ‑ Venezuela

1000 Ejemplares

Papel: Creamy & Portada Glasé 250