Cartas Filosóficas: De donde venimos
Recuerdos y Testimonios
Fluyentes sobre el Filósofo Marxista de la Esperanza: Ernst Bloch
Por: Jutta Schmitt
Fecha de publicación: 22/01/07
En
Venezuela, en nuestro Círculo Bolivariano de Estudios "El Momoy" en
Chiguará, después de que Franz había introducido algunas de sus series
metodológicas más recientes en cuanto a la multi-lógica de nuestra
ciencia revolucionaria y filosofía emancipadora, mi mente se ha
encontrado viajando “adelante y atrás” en lo que conciernen los últimos
trece años de inquietud filosófica que hemos compartido, recordando a
nuestros queridos maestros filósofos con un inmenso entusiasmo,
recordando nuestros esfuerzos ardientes, puntos de partida diversos,
las numerosas interrogantes, innumerables discusiones y debates,
nuestras primeras sesiones sistemáticas para desarrollar nuestro propio
método filosófico y lógico para poder superar las fallas que
encontrábamos en los sistemas de nuestros pensadores favoritos.
El primer paso que hicimos en esta dirección fue el desarrollo de
nuestro propio lenguaje filosófico con sus símbolos específicos -
esfuerzos que se materializaron en 1994 en un libro auto-editado de 57
páginas con una portada negra, titulado Introducción al Método del
Pensar-Hacer, el cual simplemente llamábamos nuestro “Libro Negro”.
También recuerdo todos los amigos y camaradas en el camino, quienes de
una u otra manera, durante algún tiempo o más, formaron parte de
nuestro viaje y contribuyeron a nuestro avance y aceleración
filosófica, aunque esto muchas veces significaba tener que confrontar
algunas verdades bastante amargas que nos llevaron a la desilusión
brusca y a la ruptura con algunos mitos muy bien cuidados que habíamos
llevado con nosotros durante media vida. Así que, en cuanto a nuestro
propio pensar, filosofar y también actuar, estuvimos, por diversas
circunstancias y como lo expresa nuestro querido amigo, Carl
Zimmermann, en su fórmula concisa, obligados a descubrir y construir
nuestro propio mundo desde cero, sin olvidar los fundamentos y también
las cenizas, de las cuales esos nuevos mundos comenzaron a surgir.
Pienso que por dos razones vale la pena rastrear los múltiples hilos de
nuestra propia filosofía y método hasta sus orígenes y demostrar cómo
nacieron. La primera razón tiene que ver con el propósito de facilitar
una especie de guía para todos aquellos que quieren aproximarse a
nosotros filosóficamente y seguir nuestro propio desarrollo filosófico
(Werdegang). La segunda razón tiene que ver con lo que se llama
Selbstverständigung en alemán, algo como un “auto-entendimiento”
dinámico, que vuelve a tratar los asuntos centrales filosóficos por
causa de su siempre ampliada clarificación, según lo que podríamos
llamar el “principio de la transmetamorfosis”: se puede volver a tratar
el mismo problema filosófico mil veces y nunca será lo mismo, porque ni
uno, ni el problema son lo mismo, no importa las veces que uno lo
vuelve a tratar. En este sentido, nosotros y nuestros problemas
filosóficos somos, existimos y trascendemos como algo nuevo e
innovador, como “viajeros y horizontes trans-mocionales”, esto es, en
movimiento, entendido como “reposo y movimiento”, y en trans-moción
como “ni reposo ni movimiento”.
La Pregunta del Río Meno
La chispa que inició nuestro viaje hacia lo filosóficamente desconocido
se dio en 1990, en una tarde primavera durante un paseo al lado del río
Meno en Francfort Kelsterbach, cuando pregunté a Franz, qué entonces
queda de pensar en términos de un pensar y filosofar nuevo y auténtico,
después de que nuestro profesor de filosofía alemán favorito, Ernst
Bloch, había formulado su “sistema abierto” con su “método dinámico de
la formación progresiva” (Fortbildungslehre) que operó con un arsenal
completamente nuevo de categorías fluyentes y dinámico-tendenciales,
que querían penetrar científicamente, por medio de la anticipación, el
horizonte de un futuro abierto y no determinado. ¿Qué más quedaba para
explorar, si Bloch había explorado filosóficamente el propio concepto
de lo nuevo, lo abierto, lo nunca-antes-reflexionado y lo
nunca-antes-actuado? ¿De qué otra manera se podía superar un sistema en
movimiento abierto y dinámico que no fuera a través del retroceso hacia
un sistema en reposo cerrado y estático?
Franz no podía responder mi pregunta de una vez, ni mucho menos yo
misma, pero decidimos investigar cualquier posibilidad concebible que
podría darnos una pista en la dirección de una respuesta, incluyendo
cualquier otra pregunta concebible que podría surgir en cuanto al
sistema filosófico abierto de Bloch. Y para nuestra sorpresa, mientras
insistíamos tenazmente en nuestro esfuerzo, con cada una de nuestras
visitas a la filosofía de Bloch y ciertos aspectos de la misma,
surgieron miríadas de preguntas y con ellas miríadas de respuestas
posibles-aproximativas. Así fue como nacieron, llegaron a existir y a
trascender nuestro propio método y filosofía multi-lógicos como
respuesta progresiva y continua a la “Pregunta del Río Meno” de aquél
momento.
En las siguientes cartas comenzaré a resaltar las premisas básicas de
la filosofía de Bloch, y a comentar sobre los “puntos nodales” que se
volvieron decisivos para nuestro afán de encontrar respuestas a mi
pregunta.
Cartas Filosóficas 2: Sobre Ernst Bloch
Por Jutta Schmitt
ERNST BLOCH (1885 - 1977)
Testimonio 1: Franz J. T. Lee
Yo sabía muy poco, cuando llegué a Alemania en 1962, viniendo de
Sudáfrica y asistiendo a clases en la universidad de Tubinga desde el
semestre de invierno 1962/63, estudiando filosofía, inglés y alemán en
el invierno más frío que Alemania había visto en más de 200 años. En
ese tiempo estuve muy interesado en Marx, Engels, Lenin y Trotski y
escuché de la construcción del muro de Berlín y que un famoso filósofo
marxista había decidido de no volver a la Alemania oriental y eligió
como su nueva residencia a la pequeña ciudad de Tubinga, donde el aire
y los pasillos de la universidad todavía estaban llenos de los
espíritus de Hegel, Hölderlin y Schelling. Prácticamente, sin base
filosófica alguna me atreví de conocer a esta figura escatológica que
parecía a las nubes y a la luz, inscribiéndome en sus clases y en su
seminario avanzado de filosofía, escuchando a la “Introducción a la
Filosofía de Tubinga”, “El Principio de la Esperanza” y a “Hegel:
Sujeto-Objeto”.
En las noches, después de las clases, fuimos a la taberna donde Bloch,
junto con su esposa Karola y con todos sus estudiantes, solía continuar
las discusiones. El rincón en donde estábamos sentados estuvo lleno de
gruesas nubes de humo proviniendo de la pipa siempre encendida del
filósofo de 78 años de edad, quien sabia y pacientemente escuchaba
todas esas múltiples preguntas y observaciones de nosotros, los
estudiantes.
Fue en este tiempo, que junto con una amiga, Irmgard Bolle, fundé el
Comité de Defensa Neville Alexander para ayudar a los presos políticos
de Sudáfrica. Cuando Bloch se enteró de esto a través de un periódico
local, por primera vez se dirigió a mí directamente para pedirme que le
explicara el sistema reinante del Apartheid en Sudáfrica. Desde
entonces, aunque muy raramente hice alguna contribución en clase,
existía entre nosotros esta afinidad silenciosa como de camaradas. El
día que presenté un papel sobre la aserción de Marx – que no es
suficiente que el pensar se aproxima a la realidad, sino que la
realidad misma tiene que aproximarse al pensar – teníamos una discusión
viva sobre la práxis y teoría revolucionaria. Bloch, que era el opuesto
exacto de lo que se llama un “pensador de torre de marfil” siempre
pidió información sobre los camaradas en Sudáfrica y contribuyó con
frecuencia al financiamiento de los casos jurídicos, al igual que a un
fondo cuyo propósito era mantener vivas las familias de los luchadores
por la libertad sudafricanos, que solían pasar hambre.
¡Vaya, que llenas estaban sus clases y seminarios! Si uno quería verlo
hablar, tenía que reservar su asiento dos horas antes, porque eran
miles los que atendieron sus clases principales. Yo poseía una vieja
grabadora y comencé a grabar sus clases, hecho, del cual Bloch estaba
muy agradecido. Bloch pidió a Irmgard a transcribir los textos, los
cuales más adelante, de forma revisados y corregidos se convirtieron en
la famosa “Introducción de Tubinga”; también las clases sobre
Schopenhauer.
Me hubiera gustado que Bloch fuera mi tutor para mi tesis de doctorado,
pero debido a su edad y su estado de jubilado esto no fue posible. No
había clase de Bloch a que yo no asistí, ni entrevista en la radio o
televisión que yo no grabaría. Desafortunadamente, y debido a mi propia
odisea alrededor del planeta todas mis grabaciones y notas se perdieron
en el camino, incluyendo todos los libros con sus dedicaciones
personales.
En 1966 salí de Tubinga para ir a estudiar en la Universidad de
Francfort y asistir a las clases de Horkheimer, Adorno, Habermas y
Fetscher, pero mi principal interés era seguir asistiendo a las charlas
de Bloch a través de toda Alemania al igual que leer sus publicaciones.
Cuando el gobierno alemán quería deportarme a la Sudáfrica fascista en
1972, Bloch era una de las numerosas figuras públicas en Alemania que
firmó una carta de protesta contra esa medida.
En una carta de referencia del 5 de noviembre de 1974, para ayudarme en
mi búsqueda de un cargo universitario, el profesor Ernst Bloch me dio
la siguiente constancia:
“En 1962, Franz J.T. Lee vino de Sudáfrica como becario para estudiar
ciencias políticas y filosofía en la Universidad de Tubinga. Hasta el
semestre de verano de 1965 asistió en varios de mis seminarios
principales en la materia de Filosofía, particularmente en Teoría
Política.
A pesar del hecho de que como sudafricano, primero tenía que aprender
el alemán al igual que familiarizarse con los procedimientos
universitarios alemanes, adquirió un conocimiento bien fundado en el
área de la filosofía política, la economía política y la historia
dentro de poco tiempo, elaboró trabajos de seminario muy buenos y era
un participante siempre comprometido con los debates.
Sus trabajos científicos reflejaron su apoyo decidido a los pueblos sin
privilegios de todo el mundo, especialmente del ‘Tercer Mundo’.
La circunstancia particular de que Franz Lee haya llegado de la
experiencia, es decir de la práctica a la teoría (como se puede ver en
sus publicaciones más recientes ‘Sudáfrica en Vísperas de una
Revolución Social?’ e ‘Inteligencia y Lucha de Clases’), y no al revés,
resultó ser una gran ventaja a la hora de tratar problemas a través de
las ciencias políticas y sociales. Lo que caracteriza su trabajo es que
siempre considera la transformación de la teoría en la práctica, donde
se supera la separación de ambos fenómenos.
Franz Lee es un científico crítico cuya carrera conozco desde hace una
década. Puedo constar su calificación como politólogo y sus facultades
pedagógicas para una posición de profesor universitario”.
(http://www.franz-lee.org/files/pandemonium01025.html)
Claro, que con esto me dieron un cargo en la Universidad de Guyana.
En 1977 escuché en la radio Deutsche Welle que Bloch, a la edad de 92
años, había fallecido tranquilamente en su silla, escuchando su
sinfonía favorita, Fidelio. Nunca olvidaré lo que una vez dijo en una
entrevista cuando lo preguntaron qué eran sus expectativas para el
futuro. Contestó que esperaba, que su tabaco siga con el mismo sabor y
que cuando le llegue la hora final ya era curioso de saber de lo que se
trataba la Nada o la “Nadaeidad”.
El no podía saber que uno de sus humildes y tímidos estudiantes iba a
investigar precisamente ésto – la propia Nada, la multifacética
“Nadaeidad” en el Aquí y Ahora.
Testimonio 2: Jutta
Ernst Bloch fue el transhistórico compañero de camino el cual nunca
tuve la suerte de conocer en persona. Sin embargo, en tiempos cuando
Bloch, como un relámpago de verano, estaba hechizando a sus estudiantes
en la Universidad de Tubinga con Franz escuchándolo entusiasmadamente,
en ocasiones de visitas familiares yo solía pasar cerca del lugar en mi
cochecito de bebé, en el que me estaban paseando por el Castillo de
Tubinga, el viejo centro de la ciudad y el Jardín Botánico. Jugando
nerviosamente con los dedos de mis pies percibí de alguna manera que
desafortunadamente nací tarde como para haber podido presenciar
conscientemente uno de los tiempo-espacios y espacio-tiempos más
interesantes de Alemania.
Bloch, el pionero agudo y preciso del futuro quien sacudió las
conciencias, ha hecho observaciones incisivas en las que me he
reencontrado una y otra vez:
“Nos adentramos en la belleza de los árboles, las nubes y el cielo
pintado por el atardecer al punto de sentir dolor, belleza ante la cual
nos quedamos sin palabras y con una preocupación que casi nos llevó a
la alucinación.” (1)
“Un ser humano, cuando camina, lleva consigo a sí mismo. Sin embargo,
al mismo tiempo, sale de sí mismo, y se enriquece por el campo, el
bosque, la montaña. Justamente así vuelve a aprender lo que
literalmente significa perderse, lo que significa camino, y la casa que
lo recibe al final del camino parece para nada una naturalidad sino
algo alcanzado. … Caminar mal significa no cambiar como ser humano.
Alguien así sólo cambia sus alrededores, más no a sí mismo en y con
ellos. Mientras más hambriento sea un ser humano para determinarse a
través de la experiencia, más profundamente y no sólo ampliamente será
rectificado por la experiencia externa. …Y en la medida en que el
caminante se renueva y se rectifica en cada etapa de su viaje, lo
experimentado surge como la correspondiente contra-imagen, lejana o
cercana, de su interior mediante una relación mutua entre
sujeto-objeto.” (2)
No sólo caminé y cuestioné tantas veces, llevándome a mí misma conmigo,
sino llevé a Bloch conmigo, pareciendo mi chaqueta de cuero una
chaqueta anti-balas, llena de escritos de él. Por donde sea que anduve,
estuve armado con Bloch – en el café, en la carretera, en el bosque.
Para mí, Bloch no sólo era un escudo, sino medicina también: cuando me
enfermé, Franz me leía de los escritos de Bloch y simplemente olvidé
mis dolores. Hoy por hoy, en un mundo de oscuridad intelectual,
desinformación y control mental, sigo pensando con Bloch y de Bloch
como el remedio: “El arma humana es el cerebro”.
Testimonio 3: Hombre de Letras,
Alfred Kantorowicz
“En Semana Santa pasé algunos días en la casa de los Bloch en Leipzig.
Eso fue lo que necesitaba. Después de las conversaciones con Ernst uno
siempre regresa a casa con un depósito de oxígeno, que le facilita
respirar para un tiempo. Su vitalidad – es decir ambas: tanto su
poderosa energía intelectual como su sorprendente robustez física – son
fenomenales. Cuando la hora se acercaba a las dos de la madrugada, ya
no logré seguirlo; sin embargo, Bloch siguió hasta las tres o cuatro,
para después sentarse en su escritorio durante dos horas más; pero a
las nueve de la mañana, cuando me levanté a desayunar completamente
desgastado, con mi cerebro todavía trancado, Bloch estaba allí, fresco
como una lechuga. El sucio de la vida diaria no lo afecta, él solamente
lo atraviesa, sin voltear, sin darse cuenta”. (3)

Testimonio 4: Escritor alemán,
Martin Walser
“En tiempos de menos importancia científica, donde no se hubiese
requerido una filosofía para el desarrollo y la diseminación de una
especie de esperanza tan ilimitada como esta, Bloch quizás se hubiese
convertido en el fundador de una religión, o en un profeta, un apóstol
o un revolucionario, pero en vez de esto y para impartirle a su
esperanza escatológica algo como una medida terrestre y el hoy en día
necesario carácter científico, se convirtió en marxista. Sin embargo,
siguió siendo un profeta, aunque uno que habló con las lenguas de Marx
y Engels: cantó furiosamente en contra del “gigantesco sueño de la
ignorancia y la heterogeneidad ante las aguas tan poco navegables de
nuestro mundo-en-proceso”. …Pero lo que lo lleva más allá del marxismo
es su grito por el sujeto de la naturaleza, al cual lo quiere ver
relacionado con el ser humano; hay que superar el punto de vista
burgués de querer dominar a la naturaleza y hay que encontrar una
natura naturata, hay que rescatar la materia creativa de la abstracción
de las leyes relativizadas y liberarla para la co-productividad”. (4)
En la próxima Carta Filosófica y después de esos testimonios
introductorios sobre los encuentros con Bloch, donde el observador
astuto puede haber detectado algunas huellas transhistóricas con
respecto a nuestras escrituras y manifestaciones filosóficas, comenzaré
la elaboración del pensamiento principal de la filosofía de Bloch.
(1) Ernst Bloch, Spuren; Suhrkamp Taschenbuch Wissenschaft, Frankfurt
am Main 1990, S.70, mi traducción.
(2) Ernst Bloch, Tübinger Einleitung in die Philosophie; Suhrkamp
Taschenbuch Wissenschaft, Frankfurt am Main 1990, S. 49/50; mi
traducción.
(3) De: Deutsches Tagebuch; München 1959; in: Silvia Markun, Ernst
Bloch; Rowohlts Monographien, Reinbek / Hamburg, 1985, S.133, mi
traducción.
(4) De: Süddeutsche Zeitung, 26./27. September, 1959; in: Silvia
Markun, op.cit., S. 133/134, mi traducción.
Articulo leido
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